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Cultural Centro Pompidou cumple 30 años. Y Lima sigue sin museo contemporáneo.

Museo al Tubo

Inaugurado el 31 de enero del 77, el museo ha marcado el perfil del carácter parisino.

La adjudicación, en 1970, a los arquitectos Renzo Piano y Richard Rogers, del concurso público convocado por el gobierno francés para levantar un nuevo Museo de Arte Contemporáneo en el corazón de París, no sólo representó un trascendente espaldarazo al nuevo pensamiento arquitectónico que bullía por sacudirse de la formalidad estilística heredada del Movimiento Moderno. Significaba igualmente el pleno reconocimiento, en la ciudad que al fin y al cabo había promovido a la cultura contemporánea desde sus orígenes, de la necesidad de dotarla de un espacio propio desde el cual los protagonistas de la modernidad pudieran seguir prodigando la incesante vitalidad de su inquietud artística. Imbuidos por la vitalidad creativa y el espíritu disconforme de una generación que se sentía urgida de innovar la cacofonía estética generada por la estilización de la modernidad prebélica, Piano y Rogers urdieron una obra maestra urbanística y tecnológica, una desenfadada estructura que en el corazón mismo de Francia, la propia nación gestora del encumbramiento científico y constructivo de la moderna ingeniería, proclamaría la reivindicación de la indisolubilidad de su vínculo con la arquitectura.

Como en tantas otras cosas, este aniversario evoca inevitablemente nuestro anacronismo cultural y atraso intelectual y artístico. Cuando se construyó el Pompidou, hacia ya bastante mas de medio siglo que París contaba con un sistema público de transporte masivo; este año, a los treinta años de inaugurado el Museo, Lima aún no cuenta con un metro, y tanto el Estado como su clase dirigente permiten languidecer penosamente al edificio inconcluso del Museo de Arte Contemporáneo, un ámbito cultural sin el cual ninguna sociedad puede aspirar a competir civilizadamente en una humanidad hoy día más que nunca urgida de educarse visualmente, y de poder cotejar la actualidad de su vigencia artística con su propia producción y con la foránea. (Frederick Cooper Llosa*)
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* Arquitecto, director de Arkimka)


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