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Actualidad Hasta dónde puede llegar el golpe de timón del Presidente.

Viraje a la Derecha

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Aunque sea ministro de Producción, Rey ya llevó agua para su molino en este debate.

Una pregunta subterránea recorre el aprismo estos días: ¿cuánto más a la derecha se irá Alan? Tanto viejos militantes como jóvenes llegados este milenio comparten la inquietud por el viraje acelerado que parece no detenerse en el corto plazo.

El asunto va en serio porque en esta oportunidad la “desviación de derecha” se hace desde el gobierno y con un Presidente que impone la agenda política, pero dentro de parámetros que no fueron los definidos por él mismo desde su vuelta al país en el 2001 hasta la elección del 2006. Más grave aún, ocurre sin que exista una izquierda organizada que abra la posibilidad de desplazarse al centro para neutralizar el corsé derechista.

En realidad, García había mantenido consistentemente una posición antineoliberal en ciertos temas como tarifas de servicios, marco constitucional o derechos laborales y, a diferencia de varios de sus compañeros, no se había incorporado a los espacios fujimoristas y neoliberales de oposición a Toledo. Por el contrario, invitó a la plana docente del Instituto de Gobernabilidad que presidía a varios académicos de izquierda que luego se sumaron a la candidatura de Ollanta Humala.

En su libro Modernidad y Política en el siglo XXI. Globalización con Justicia Social, publicado el 2003, García critica al neoliberalismo, llama dictadura al período fujimorista y celebra lo que consideraba la “globalización jurídica” a través de la constitución del Tribunal Penal Internacional, “un paso esencial”, y añade que: “La justicia social y los derechos que los países avanzados han logrado deben globalizarse, alcanzando las zonas deprimidas y los países periféricos. Esta es una lucha a librar en todos los foros y circunstancias” (p. 54).

Pasando a la acción, Alan García propuso, además, la creación de un Frente Social definido en su primer punto como “un espacio de diálogo entre el aprismo organizado y las instituciones nacionales, regionales y populares de la Sociedad Civil”, y buscó un acercamiento con parte de la izquierda (o lo que quedaba de ella), visitando a Alberto Moreno, líder de Patria Roja, defendiendo al SUTEP o invitándolos a mítines por el Día de la Fraternidad.

El punto culminante de ese avance hacia la izquierda fue el apoyo decidido al Paro nacional del 14 de julio de 2004, para el que se llegó a relanzar La Tribuna en su X etapa de publicación con un titular inequívoco: “Todos con el paro. ¡Llegó la hora del pueblo!”. Como en los viejos tiempos, los militantes apristas se movilizaron en piquetes, quemaron llantas y marcharon tras su líder quien, en gesto a lo Fernando Belaunde, recorrió Alfonso Ugarte enarbolando la bandera peruana. Todo ello, además, al mismo tiempo que la izquierda se concentraba en la Plaza Dos de Mayo.

El paro no fue un éxito y la gran víctima no fue el agónico Toledo sino Alan García, quien fue zarandeado a discreción en los medios por golpear en el trasero a Jesús Lora, un inoportuno manifestante que le cerró el paso mientras marchaba. La plataforma del paro desapareció de los titulares tras los comentarios sobre el exabrupto de García (con psicoanálisis incluido).

Para la lista de acusaciones que ha recibido García, lo del golpe a Lora era bien menor pero muy revelador en otro sentido: el espacio y tiempo del Perú de estos años no permitía fácil la política de izquierdas como en casi toda Sudamérica. Muy difícil pelearse con los medios, en su mayoría alineados tras el modelo económico vigente, y casi imposible lanzar un frente social sin organizaciones sólidas.


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