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Cultural El preciado tejido vial incaico en publicación de excelente factura.

El Espejo del Inca

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Laguna de Collequilca, al pie del legendario “camino del pescado”, Ayacucho.

Todos los caminos llevan a Roma, y también al Cusco. Ricardo Espinosa, El Caminante, puede dar fe de ello y lo hace, en ese libro indispensable titulado La Gran Ruta Inca que acaba de ser reeditado por Petroperú.

Durante ciento cincuenta días, Espinosa recorrió a pie los 4,000 kilómetros del Capaq Ñan o Gran Camino Inca que va de Quito a La Paz pasando por Cusco. La travesía, realizada entre mayo y diciembre de 1999, constituyó un recorrido por el eje troncal del antiguo sistema vial incaico, la mayor ruta de integración del Perú antiguo.

A lo largo de esa caminata inmensa, Espinosa, quien en 1995 ya había hecho a pie todo el camino de la costa peruana, registró mediante cientos de fotografías las bondades de esta ruta construida bajo los mandatos de Túpac Yupanqui y Huayna Cápac.

Dividido en doce capítulos o “zonas”, el libro cuenta con mapas de excelente factura que indican la ruta seguida por los expedicionarios, hermosas estampas de los paisajes y caminos altoandinos y sus usuarios habituales, así como los principales monumentos prehispánicos y coloniales del trayecto.

Junto a los extensos caminos del Imperio romano, el Capaq Ñan constituye una de las obras de ingeniería vial más impresionantes de la historia, un camino de proporciones descomunales cuyas demarcaciones, en algunas zonas, se han ido desdibujando con el tiempo y que es justo y necesario rescatar y preservar.


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