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Local Trujillo entre los tres departamentos con mayor producción de huevos. Comensales y gallinas de plácemes.

Un Huevo de Huevos

Jaime Kong Gonzales en sus dominios. Primero ellos, después la gallina.

Todo empezó como jugando. Alberto González se mudó de Contumazá (Cajamarca) a Trujillo allá por la década del sesenta. Antes, en su tierra, se había entrenado en la crianza de animales para la venta, y con ese empirismo empezó a batir claras y yemas que a posteriori formarían una importante tortilla de producción avícola. Miguel Kong, un inmigrante chino portador de una visión empresarial característica de su raza, siguió los pasos de Alberto y también se inició en la crianza de gallinas ponedoras. Una caja de madera con unos focos improvisaba una incubadora artesanal por esos días. Esa parte de la historia no fue vivida por Manuel y Jaime –hijos de Alberto González y Miguel Kong, respectivamente. Para cuando tomaron la posta de sus padres, en los años ochenta, ya no tenían que discutir si fue primero el huevo o la gallina, sino temas de fondo como maximizar la producción y contrarrestar el bajo consumo per cápita de huevos, o la manera de erradicar una versión setentera proveniente de EE.UU., que signaba al huevo, entre otras cosas, como portador del colesterol.

A inicios de los noventa, muchos más incursionaron en la avicultura abriendo granjas en los suburbios de Trujillo y llenando jabas todos los días. Era la oportunidad para formar una cofradía avícola e introducir mejoras tecnológicas. Esta idea se fue cocinando lentamente, mientras algunos granjeros se consolidaban y otros alzaban vuelo. Con todo ello, en el 2001, y con sólo 15 socios, Alberto González se erigió como primer presidente fundador de la Asociación de Productores de Huevos del Norte (Aprohnor).


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