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Fronteras Por qué el Tribunal Constitucional chileno dio la razón al Perú.

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Presidenta Bachelet y presidente del Tribunal Constitucional de Chile, José Luis Cea, antes de la decisión que anuló el inciso conflictivo.

El martes 30 de enero, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile emitió un comunicado que declaraba “definitivamente superada esta situación”.

El problema había surgido porque la Cámara de Diputados de Chile, con la aprobación ulterior del Senado presidido por el ex Presidente de Chile Eduardo Frei Ruiz-Tagle, había aprobado el 18 de diciembre la creación de una nueva Región Territorial, la de Arica-Parinacota, fijándole unos límites que abarcaban no sólo mar peruano, sino incluso un trecho de Tacna.

La decisión creó un conflicto grave con el Perú. Hasta el punto de que el presidente Alan García decidiera no compartir el vuelo hacia Quito que tenía planeado con la presidenta Michelle Bachelet. El viaje conjunto tenía como meta acudir a la asunción de la presidencia de Ecuador por Rafael Correa, el 15 de enero (CARETAS 1960).

La ley de creación de la Región Arica-Parinacota establecía como límite norte de ésta la frontera con el Perú, “desde el paralelo del Hito Nº 1 en el Mar Chileno hasta el Hito Nº 80 tripartito en la frontera con Bolivia”.

Esa referencia al Hito 1 es una argucia cartográfica que aparece en las cartas de navegación chilenas desde 1998, e incluso antes, en la Ley de Pesca de 1991.

Significaría, si se acatase, que el límite marítimo de Chile empieza tierra adentro. Y en territorio peruano.

Chile pretende que el Hito 1 es un referente para el límite terrestre y marítimo, “aspiración marítima” que Chile formalizó al tender sus Líneas de Base del mar territorial en 1998 desde la altura del Hito 1.

Con esto, Chile mezcla el límite terrestre con el marítimo, cuando son dos historias y dos realidades diferentes.


Las Dos Fronteras

La frontera terrestre entre el Perú y Chile está oleada y sacramentada por el Tratado de Lima de 1929, que definió el trazo de la llamada Línea de la Concordia, de 163 kilómetros, hasta Bolivia.

Hay allí una frontera precisa. No existe, en cambio un tratado de delimitación marítima entre el Perú y Chile. Lo que hay son los instrumentos diplomáticos siguientes:

- El acuerdo entre Chile, Ecuador, Perú y Colombia suscrito en Santiago el 18 de agosto de 1952. Allí se proclama como principio colectivo la soberanía y jurisdicción de cada uno de esos países en una zona mínima de 200 millas (Ilo tiene ahora 10 millas, Tacna cero millas, según Chile).

- El Convenio sobre zona pesquera firmado por Chile, Perú y Ecuador el 4 de diciembre de 1954.

- El acuerdo sobre enfilamiento de faros, de 1968, que procura una ayuda de navegación para embarcaciones pesqueras.

Ninguno de esos documentos es un tratado de límites marítimos.

Para la cancillería peruana, la mención del Hito 1 no es correcta, porque permite que Chile fije su límite marítimo en contra de los derechos peruanos. El Perú ha establecido su línea de base partiendo 265 metros al sur del Hito 1.

“Chile está mezclando papas con camotes”, explicó una fuente de Torre Tagle. “Una cosa es la frontera terrestre y otra la marítima, y cada una responde a sus propios protocolos”.

Inicio de la Protesta

El 10 de enero, el Perú presentó una primera nota de protesta, que denunciaba en la Ley Arica-Parinacota la violación del Tratado de 1929.

El 23 de enero, la cancillería emitió una segunda nota, en la cual planteaba al Ejecutivo chileno que hiciera conocer la posición peruana ante el Tribunal Constitucional de Chile.

El miércoles 24, para reforzar su posición, llamó al embajador en Chile, Hugo Otero, “para consultas”. Otero informó a la cancillería chilena sobre esa decisión. Ante eso, Alejandro Foxley, el ministro de Relaciones Exteriores de Chile, le pidió que postergara el viaje y se comprometió a aguijonear el interés del Tribunal Constitucional de su país.

La Constitución de Chile, en su Artículo 93, establece que es atribución de dicho Tribunal ejercer el control de la constitucionalidad de las leyes orgánicas constitucionales antes de que sean promulgadas.

Al día siguiente de su diálogo con Otero, Foxley se comunicó con el Tribunal Constitucional de Chile. El viernes 26, el Tribunal señaló, por unanimidad, la inconstitucionalidad del inciso segundo del artículo primero del proyecto de ley (el que señala límites). El texto ha sido devuelto a la Cámara de Diputados.

Poco Margen de Maniobra

La presidenta Bachelet tenía escaso margen de maniobra para salir del atolladero. En primer lugar, porque, según lo recordó el Tribunal Constitucional, fue ella quien agregó al proyecto inicial –que data de la época del presidente Ricardo Lagos– el inciso litigioso que ahora ha sido desestimado.

Podía, en todo caso, vetar la Ley, que el propio Ejecutivo había presentado al Congreso, arriesgándose a una reacción contraria en Arica.

Lo único que le quedaba era remitir el caso al Tribunal. En esto, Torre Tagle le dio una manito.

En realidad, la batalla fue por el respeto al Tratado de 1929. Todavía queda un mar por delimitar.

La Línea Base

La Línea Base es una técnica para medir el ancho del mar que corresponde a un país. Para trazarla, se proyecta una línea recta desde puntos sobresalientes del litoral, hasta alcanzar las 200 millas náuticas.

En noviembre de 2005, el Perú ejecutó su Línea Base, a partir de 266 puntos en la costa. El último, el 266, fue el Punto de la Concordia: “punto de intersección del arco trazado con la orilla del mar, será el inicial de la línea divisoria entre Perú y Chile”, según el Acuerdo de Demarcación de 1930 correspondiente al Tratado de 1929.

Lagos Piteador

Chile pegó el grito en el cielo. Su cancillería hizo “reserva del acto unilateral”. Y el presidente Lagos se enojó mucho. En la Cumbre de APEC, en Pusán (2005) tuvo una tensa discusión con Toledo. “¿Por qué no me avisaron?”, protestó. Pareció no percatarse de que se trataba de una decisión interna y soberana.

Fuera de Contexto

El proyecto ahora en salmuera provenía, como ya hemos señalado, de la época de Lagos. Correspondía a la difícil relación con el Perú bajo el gobierno de Alejandro Toledo.

La etapa Toledo-Lagos está cargada de incidentes enojosos, y de sobrerreacciones de Laos. El rechazo airado a la propuesta de delimitación marítima planteada por el Perú tuvo tales repercusiones que Suiza decidió anular la venta a Chile de 93 tanques Leopard II.

En ese momento, el general (r) del Ejército chileno Ernesto Videla escribió en un boletín que edita: “El presidente Lagos no sólo asumió un rol protagónico, sino que, además, hizo declaraciones y tomó decisiones que tensionaron las relaciones llegando a generar una sicosis de guerra”.

Hubo también el intento de Lagos de dar por cerrado y sin disculpas el caso de la venta de armas a Ecuador durante la guerra del Cenepa.

Casi risible fue, por otro lado, su reacción respecto a los jóvenes chilenos que pintarrajearon un muro incaico en Cusco. “Para ellos”, declaró, “era simplemente una pared muy bonita que se podía pintar”.

Sin embargo, resulta curioso que el proyecto de creación de la Región Arica-Parinacota formulado por él no tuviera aristas tan enojosas. Al parecer, hay autoridades chilenas que no han sopesado el cambio de escenario político ocurrido en el Perú. Alan García ha realizado desde la presidencia gestos de acercamiento a Chile, antes y después del tropezón reciente. En agosto de 2006, apenas llegado al poder, firmó el Tratado de Libre Comercio con nuestro vecino del sur. Rodríguez Elizondo declaró, antes del incidente último: “En la parte doctrinaria hay que entender que Alan García es aprista y tiene una doctrina latinoamericana integracionista. El fundador del Apra, Víctor Raúl Haya de la Torre, fue calificado como chilenófilo en su época, porque no tenía complejos para valorar la amistad con nuestro país”.

El impasse ha sido, felizmente, superado. Los gobernantes de ambos países tienen ahora que examinar los vericuetos del problema y sacar lecciones para una marcha de paz y cooperación.


Dos Personalidades


Según la lúcida interpretación que alguna vez ha hecho José Rodríguez Elizondo, Chile tiene dos personalidades: una es la de Bernardo O’Higgins Riquelme, prócer principal de la independencia de su país y su primer jefe de Estado, héroe en la lucha por la independencia del Perú, líder tolerante y generoso, y visionario de la integración regional, quien en 1823 emigró al Perú para evitar una guerra civil, vivió aquí con cierta modestia económica en la hacienda Montalbán, que le fue entregada por el Estado peruano, y murió en Lima 19 años después, en circunstancias en que se aprestaba a volver a su patria.

La otra personalidad de Chile corresponde a la de Diego Portales, comerciante, ministro de Estado y político que detentó el poder real aunque nunca llegó a la presidencia. Es admirado por quienes lo consideran el Organizador de la República y repudiado por los que lo conciben como un dictador. Murió en 1837. Recordada frase de Portales es ésta: “La Democracia, que tanto pregonan los ilusos, es un absurdo en los países como los americanos, llenos de vicios y donde los ciudadanos carecen de toda virtud, como es necesario para establecer una verdadera República”.

Su influencia dio sin duda estabilidad a Chile hasta finales del siglo XIX y entre sus más recientes admiradores se cuentan Augusto Pinochet y quienes lloraron la muerte de éste.

El reciente desencuentro con Chile ha sido superado, pero siempre queda aquí el fantasma portaliano que estuvo presente en la Guerra del Pacífico.



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