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Cultural Esfuerzos veraniegos de Promolibro en fomento de la lectura. Acercando el libro al lector.

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Doctor Ernesto Yepes, Secretario Ejecutivo de Promolibro, supervisando un examen en plena aula. Al mando desde la segunda mitad del 2005.

El problema de la educación –papa caliente si las hay– tiene en la lectura quizás su arista más aguda y significativa. Si nadie lee, cualquier otro fomento cultural prácticamente cae en saco roto. La reciente lista de actividades del Consejo Nacional de Democratización del Libro y de Fomento de la Lectura (Promolibro) es un empujón cuesta arriba a esa constante piedra de Sísifo que ha sido la educación peruana reciente. Aquí un breve repaso:

–El programa ‘Lecturas de Verano’, impulsado al alimón con el Parlamento. En la inauguración estuvo la presencia siempre libresca de Luis Jaime Cisneros. Este programa, entre otros detalles, consiste básicamente en sembrar libros en los patios y jardines del Congreso. Estos beneficiarían el nivel de los niños y –con algo de suerte– el de los parlamentarios. Tienen hasta el 25 de febrero, en las plazas Simón Bolívar y Faustino Sánchez Carrión.

El llamado Mundo de la Lectura III –que se prolonga hasta marzo– incluye algunos talleres de cierto interés. Por ejemplo, el de música-lectura, en el que mediante instrumentos de percusión (maracas, tablitas de madera, tambores) le ponen música a la lectura en aras de amenizarla y hacerla más digerible. El origami-lectura, que fomenta el juego manual sobre la base de argumentos escritos. O la pintura-lectura, donde a partir de un poema declamado por un profesor el niño crea un dibujo que luego pinta con témpera.

–“Lectura sin muros”, o los libros tomando por asalto las calles y centros de esparcimiento, y su variante “Lectura en parques” (un convenio con 21 municipalidades de la capital para llevar la lectura a las áreas verdes). Ambos juegan en pared con “Bibliotecas Comunales”, el programa que ha instalado –según versión oficial– cerca de 271 bibliotecas en lugares empobrecidos. Aunque es poco (cincuenta libros descansando sobre tres hileras de estantes), es más de lo que muchos niños del lugar han tenido. Hay bibliotecas en Carabayllo (28), Ate (44), Villa María del Triunfo (26), Villa El Salvador (42) y Chorrillos (35). Y por ahí algunas ciudades provincianas, porque hacen delivery: quien quiera instalar una biblioteca comunal debe escribirle a libro@minedu.gob.pe. También aceptan voluntarios para postular a lectores y guías.

Si el lector no se acerca, se le acerca el libro. Esa parece ser la consigna. Y sin embargo, la Ley del Libro aún es letra muerta, y ningún político retoma esas banderas en sus proclamas. El Estado no ha donado los recursos que indica la ley, y sólo se trabaja con un óbolo del Ministerio de Educación. Estas bibliotecas comunales y demás proyectos son apenas unas luces titilantes en medio del callejón oscuro –con todo y apanado– que es la Lima iletrada actual.


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