Chica Caretas Gabriela Márquez: el regalo que dejó la marea alta.
Sirena Varada
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Sus playas favoritas: Costa del Sol, Sol y Mar y Playa Bonita. Tres atajos para que el lector se tope casualmente con ella. |
Gabriela Márquez, lectora voraz de Gabriel García Márquez, asegura tener un loro en las cuerdas vocales. “Hablo mucho” –confiesa con pudor. “Hasta con las piedras”. Sociable hasta la pared de enfrente, Gabriela ha capitalizado su desenfado tanto en su carrera de marketing como en el modelaje. Sea en Máncora o en Órganos, su labor de anfitriona destaca por su alto índice de efectividad. Con un estilo que define como propio de una ‘achorada atractiva’, convence a los incautos veraneantes de que lo que ella ofrece es la panacea. Desde bebidas hasta seguros de vida.
Cuando no trabaja, marmotea. Se revuelca en la arena libre de responsabilidades. Sin novio ni familia cercana, su única compañía es su hermana menor. “Yo la cuido mucho. Soy como una hermana mayor para ella”, cuenta Gabriela Márquez. Una sonrisa se dibuja del otro lado del auricular. Convenció al oyente.