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Cine Encarnación de Forest Whitaker en la piel del dictador africano Idi Amin permitió su consagración. Habla el ganador del Oscar a Mejor Actor.

A Imagen y Semejanza

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La figura de Amin poseyó literalmente a Whitaker: “Hasta cuando no filmaba, buscaba continuamente algo nuevo sobre el personaje y su cultura”.

Que lo diga Perú: los dictadores tienen su parcela en el imaginario popular. Y en todo derredor sanguinario hay una película. El último en ofrecer insumos para el espectáculo macabro ha sido Idi Amín, nacido en 1924 y que gobernó Uganda entre 1971 y 1979. Bajo su mandato murieron asesinadas cerca de medio millón de personas. Esta vez el show se llama “El Último Rey de Escocia”, y con él Forest Whitaker, quien encarna a Amín, se alzó con la distinción a Mejor Actor en los recientes premios Oscar.

Para los miembros de la Academia nada debe estar reservado al misterio. Y la conducta ególatra y vociferante de Amín es clara como un vaso de agua. O más bien aguas turbulentas: ex boxeador con formación militar y propenso a berrinches infantiles, rondaba los 2 metros, sobrepasaba los 100 kilos, tuvo 5 esposas, utilizaba los cadáveres de sus enemigos para alimentar cocodrilos, dio golpe militar al presidente Milton Obote cuando era Jefe del Ejército y sentía fascinación por el Reino Unido, la antigua metrópoli colonial de Uganda. Combinó los principios del Corán con una visión izquierdista y antioccidental, aunque Inglaterra quiso aprovecharse de sus brutalidades para justificar sus ansias imperiales. Pero Amín, uno de los peores dictadores del siglo XX, nunca pagó sus fechorías. Cuando fue derrocado, se exilió en Arabia Saudí y murió el 16 de agosto del 2003 por una claudicación renal.


 


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