Humor Doctora Tudela Loveday ausculta impulsos, actos fallidos y chismes de las políticas.
La China Tudela Dixit
No fue fácil encontrarla. Las pistas acerca de su paradero oscilaban entre un instituto de limpieza colónica extrema en San Francisco y el proverbial templo del gurú Cachaparada en Bombay, India. Fue en este último lugar, sometida a la silente penitencia del bambú, que la doctora Tudela Loveday fue encontrada por CARETAS. Haciendo un paréntesis en su higiene espiritual, la doctora Tudela accedió a un breve pero sustancioso intercambio electrónico en torno a su especialidad, la sicología, para someter a análisis a las mujeres protagonistas de la política contemporánea. Si bien su rango analítico abarca temas más allá de los estrictamente académicos –jaladas de cara, pintas cuestionables y linajes encubiertos, por ejemplo– su testimonio constituye un aporte infaltable en los estudios de género. Estando las feministas, por supuesto, en su derecho a discrepar sobre esto.¿En dónde residía el secreto de Pilar Mazzetti para transpirar honradez a prueba de balas? ¿Eran los conjuntos de polyester con aplicaciones, hombreras y manga corta? ¿El peinado pre píldora del dia siguiente?
–Ay no sé, cholito, pero estoy absolutamente segura de que, pucha, todo ese follón que le armaron a la pobre, no puede sino venir del core gay del APRA para agarrarse el ministerio. O sea, ¿tú te imaginas que pueda ser corrupta una mujer que ha elegido vestirse como ventanillera de agencia de SEDAPAL de Huaycán? En la vida, pues: Pilar, como la esposa del César (pobre César), no solo es honrada sino que parece honrada. Es más, yo obligaría a todas las funcionarias del Estado a usar esos sastres entallados de manga corta y hombrera porque son el ícono de la probidad, sobre todo si vienen en percalita melón. Con los aretes sí estoy en duda pero caracho, o sea, si es neuróloga, divorciada, leída y escribida, no le pidas que encima sepa distinguir un árbol de navidad de su esquema corporal, yo sé que tú me entiendes.
¿Cómo tolera Cecilia Blume codearse en un almuerzo de anchoveta y palta con la crema y nata de Alfonso Ugarte, rodeada de tintes capilares y mocasines Calimod?
–Ah, es que ese es el lado Cillóniz de mi amiga Sissi. No saaaabes cómo son los Cillóniz de choleros, creo que en su árbol genealógico hay una rama de chachacomo, qué quieres que te diga. Pucha, cuando yo la veo en los noticieros sentada al costado de alguno de esos caballeros apristas que más parecen animadores de picantería, o sea, ahí es que introyecto la noción de sacrificio que ni las monjas del colegio me pudieron inocular contándome los padecimientos de santa María Goretti.