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Cultural El bagaje cultural y filosófico que China ofrece al mundo. Sinólogo Guillermo Dañino orienta.

Lección Oriental

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Emperador honorario, Dañino enseñará en el ciclo 2007-1 del Centro de Estudios Orientales de la PUCP (www.pucp.ceo.pe/ceo)

Guillermo Dañino es trujillano desde 1929. Como tal llegó a China hace 27 años a trabajar de profesor de lengua y literatura de la Universidad de Nankín, sucediéndole varios milagros. Uno de ellos es que además de norteño se volvió jesuita italiano, misionero francés, espía inglés y embajador norteamericano, además de narcotraficante, médico y policía de nacionalidades indeterminadas. Fue en los días que trabajó en el cine chino haciendo todo papel que sus redondos ojos le permitieran.

Pero el mayor de sus prodigios fue el del descubrimiento: la cultura china se develó ante él como un tesoro de tesoros, llegando a recorrer todas sus provincias excepto una. Lleva escritos diecisiete libros sobre China. Y prepara el próximo, una enciclopedia. Quién más oportuno que él para fungir de guía sobre lo que ofrece oriente, además de negocios y millones de consumidores, para occidente. Porque el más admirable de los portentos es que Guillermo Dañino, espiritualmente, ya es chino.

–Además de la inmensa oportunidad mercantil, ¿qué valores humanistas ofrece China al mundo?
–Un país está hecho de tradiciones. Y entre las decenas de tradiciones chinas que podrían rescatarse habría que ver cuáles son las que valen más para nosotros. Precisamente estoy preparando mi décimo octavo libro sobre China, una enciclopedia sobre su cultura. Este trabajo empieza con los siguientes epígrafes:

La naturaleza nos hizo iguales, las costumbres nos separan (Confucio).

No me preocupa que no me conozcan, busco que valga la pena conocerme (Confucio).

Un hombre de gran corazón toma al mundo como hogar (Proverbio popular).

La cuestión no es saber si somos capaces de conservar nuestro patrimonio nacional, sino más bien si nuestro patrimonio nacional es capaz de conservarnos a nosotros. Conservarnos a nosotros mismos es lo que cuenta. Saber si el patrimonio puede servir o no importa más si el patrimonio es nacional o no (Lu Xun).

En esas citas están contenidos varios valores culturales chinos que podrían rescatarse.

–¿Hay una caracterización especial de la cultura china?
–Su gran capacidad de pragmatismo. El acomodar las ideas propias o extrañas a las necesidades del momento. Los chinos adecúan su práctica a la realidad más que a las ideas. Esta capacidad de adaptación se ve por ejemplo en el budismo. Llega el budismo en el siglo primero, los chinos lo reciben y al cabo de dos, tres siglos, es casi una religión nacional. Pero gradualmente el budismo se va adaptando a la realidad del mundo chino, hasta tal punto que formalmente las imágenes budistas se convierten en el buda gordo, sonriente y acogedor. Ese es el pragmatismo inteligente.

Así ha sucedido con otras corrientes del pensamiento, exóticas al inicio, como el marxismo. Asimismo, no hay ningún problema que en Hong Kong haya un sistema capitalista 50 años. Un país, dos sistemas: eso es único en el mundo. Esta interrelación de lo que se llamaría socialismo chino y el capitalismo occidental es justamente una forma de actuar que significa una adaptación.

–Pero no se trata de un pragmatismo oportunista, sino sabio…
–Hay un concepto fundamental en la cultura china. La palabra griega holos quiere decir todo. De ahí viene holismo: filosofía o visión del mundo como una totalidad en la cual todo tiene relación con todo. De tal manera que la felicidad, por decirlo de alguna manera, reside en armonizar con la totalidad del universo. Nuestra realidad está condicionada por todas las otras realidades. Ese el holismo, y así ve China el mundo.

–¿Cómo vemos los peruanos a los chinos?
–Los peruanos tuvieron una visión inicial penosa de los chinos. Los primeros chinos que llegaron estaban en la miseria, no solo por las guerras que pasaron durante siglos, sino porque en varios casos no tenían ninguna profesión. Algunas veces inclusive huían de la justicia. Entonces la imagen del chino de las primeras oleadas migratorias era bastante triste. Se creó la imagen que el chino era cerrado, no conversaba, ni siquiera sonreía. La razón podría ser que venían asustados a un país que no conocían. No entendían la lengua ni la forma de vivir. Además los habían engañado porque les habían prometido, como dice Fernando de Trazegnies, el oro de la montaña y solo había arena. Los chinos en el Perú han sido esclavos durante dos generaciones. Hasta que gradualmente han logrado un status diferente y han podido darles nuevas oportunidades a su hijos. Ahora la imagen es inmensamente superior a lo que era hace un siglo. El caso de la familia Wong por ejemplo, comenzando por ahí.

–¿Cuáles son la diferencias entre un chino y un japonés?
–El 90% de las tradiciones culturales japonesas son chinas de origen. Desde el ikebana y el bonsai hasta el plano de ciudades como Kyoto o Nara. La escritura japonesa es china, y el budismo zen japonés es originario de China. Hay una relación cultural de padre a hijo. Eso muchos chinos lo ven como una relación positiva. La gran diferencia está en su calidez. Un chino te invita a su casa. El japonés a un restaurante.

–¿Hay puntos de encuentro con la cultura peruana?
–China y Perú provienen de culturas antiguas, eso es algo en común que no tienen otros países, Chile por ejemplo. Tienen ambas una tradición culinaria propia. Y la gente peruana es también muy cálida, muy acogedora.

Hay paisajes al sur como Yunnan que son como los de la sierra peruana. En ellos da la impresión, por los rasgos de la gente y el clima, que fuera la sierra peruana. Me hubiera gustado estudiar quechua para ver las coincidencias en el idioma.

–¿China va a cambiar al mundo o el mundo va a cambiar a China?
–Va a haber una influencia mutua. Y mi deseo es que esta influencia sea al mismo tiempo un enriquecimiento compartido. Que todos aprendamos de todos.

–¿Tiene una cita de Confucio para terminar esta conversación?
–Busquemos la primera que salga, abriendo sus Analectas al azar:

Lo que no desees para ti no lo impongas a los demás.

–¿Sirve?
–Siempre. (J. B.)

Costumbres Chinescas

Usos singulares de la cultura oriental.

Al mandar una carta los chinos escriben en el sobre los datos en este orden: el nombre del país, de la ciudad, de la institución, la calle y el número, el nombre del destinatario y su función si la tiene e interesa consignarla.

Si un chino recibe algún objeto como obsequio, metido en una caja o envuelto en un papel, no abre el envoltorio o la caja, ni mira el regalo. Agradece como diciendo que el gesto de afecto es más importante que el obsequio mismo.

Al nombrarse, o al nombrar a una persona, dicen o escriben primero el apellido y luego el nombre propio. Mao Zedong, Deng Xiaoping y Jiang Zeming, Mao, Deng y Jiang son los apellidos.

Los niños no usan chupón nunca. Sus pantaloncitos, más o menos hasta los dos años, están abiertos en la zona de la entrepierna para facilitar sus actos de liberación, como se dice en China.

En la medicina tradicional china un médico no ausculta con estetoscopio, pantalla de rayos x o instrumentos sofisticados para diagnosticar. Con tomar el pulso, observar las orejas, los ojos y la lengua, puede lograr información suficiente para descubrir el mal, recetar y curar.

En una secuencia de nombres propios, si se incluye el que habla, éste se nombra a sí mismo en primer lugar y cita al final al más importante.

El pico de la tetera no debe apuntar a ningún comensal, pues se considera un signo agresivo o de mal gusto.

El idioma chino no tiene género, ni masculino ni femenino. Excepto en unas cinco palabras, tampoco hay número singular o plural. El verbo no se conjuga.

No se asombre nadie al ver fumar a los chinos mientras comen. Cinco o seis cigarrillos en una sola comida. Dice un proverbio que fumar después de comer es un placer que no disfrutan los dioses.

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(Extraído de “¿Y ahora quién soy yo?”, Universidad de San Martín de Porres, Lima, 2005)


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