Música Roger Waters, 50% de Pink Floyd, en Lima.
El Lado Culto de la Luna
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El músico subió a veinte escolares del Cambridge. Ellos lo acompañaron durante “Another Brick in the Wall (part 2)”. |
Desde lo alto del cielo, un lechón nos ve como un mar negro de puntos uniformes. ‘Todos los peruanos somos iguales’, concluye su vientre con sabiduría. Pero el gorila que protege la zona supervip central discrepa y amenaza. ‘El miedo construye murallas’, se lee también en su panza. La cerda tiene razón. Cerda, porque ‘Algie’ es una puerquita de doce metros empachada de helio que –salvo cuando David Gilmour le colocó testículos para la gira de
The Wall– siempre ha volado luciendo en su femenina piel rosa los mensajes que los espectadores de cada país se envían a sí mismos, como escupiendo al cielo. Quizás las rencillas de Roger Waters con Gilmour empezaron con dos inmensas criadillas rosadas. Devaneos afines suscita el comprobar que es el año del cerdo, que el mismo Roger Waters (Rogelio Aguas para los fans) toca su bajo frente a una pantalla de veinte metros, y que sin embargo esto sigue siendo Lima.
El único capaz de atravesar las ocho formas de discriminación –tribuna, stand up, intermedia, platea, preferencial, vip, supervip lateral y supervip central– es un hombre con manchas de sangre artificial en el cuerpo. Su misión es arriar a ‘Algie’ para que pueda ver a los 14 mil asistentes al concierto. Al sujeto que se quita el polo y se pinta el pecho color rosa. Al que entra en silla de ruedas, a tres asientos del que arrastra a sus cuatro hijos a supervip. A la congresista Gaby Pérez del Solar y al sujeto que maldecirá toda la noche por estar detrás de ella. A Pedro Suárez Vértiz, Julio Andrade y demás sacha músicos nativos. Y sobre todo a quienes entran gratis ennoviándose con un miembro de la lista. Cuál lista y quiénes la conforman son preguntas casi imposibles de responder.