Actualidad El pleito entre el premier y el ministro del Interior cerca a punto de ebullición.
Cruce de Espadas (VER)
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Ministro Alva Castro todavía no firma resolución que nombra como viceministro a Danilo Guevara. Otro punto de contingencia sigue siendo la forma de rescindir el contrato con Gildemeister. |
“¿Dónde está el jefe?”, pregunta Hernán Garrido Lecca que llega a la antesala como salido de la nada. Abre sin tocar la puerta del despacho del primer ministro. Luis Carranza ya está dentro, en mangas de camisa y con el celular en la oreja. En cuestión de minutos siguen José Antonio García Belaunde, Mercedes Aráoz, María Zavala, Carlos Vallejos, José Chang y el resto del gabinete. Verónica Zavala, encargada de pilotear la reforma del Estado, entra y sale de reuniones desde hace horas pues debe repartir pésames a los organismos próximos a fusionarse. La Presidencia del Consejo de Ministros parece su segundo despacho.
Son casi las dos de la tarde y comienza la procesión de bandejas con platos tapados.
La ausencia de Luis Alva Castro ese martes 13 se explicaría porque el ministro del Interior viajó a Tocache para contener las protestas cocaleras. Pero Alva Castro no ha pisado la PCM desde que se ciñó el fajín.
Su renuencia va a contrapelo de la rutina de los ministros, que sesionan con Del Castillo todos los martes en preparación del Consejo de ministros con el presidente Alan García los miércoles a las ocho de la mañana.
La tensión entre el premier y el titular del Interior es tanta que se podría cortar con cuchillo.
Mensaje a los Ministros
El último cruce de espadas, como lo llaman entre las paredes de la PCM, llegó a propósito de la ex ministra Pilar Mazzetti.
El viernes 9 en Trujillo, Alva Castro, su sucesor frente a la cartera, criticó a Mazzetti por no desterrar las mafias que ella misma denunció. Las duras palabras llegaron cuando la Comisión de Fiscalización del Congreso barajaba la posibilidad de acusarla constitucionalmente por el fiasco de la licitación de patrulleros. El anuncio del veredicto de la comisión, previsto para el martes 13, se pospuso para el viernes 16.
Del Castillo devolvió la flor: “Yo no tengo sino que recalcar mi respeto por ella y mi plena confianza en su honorabilidad. A una dama ni con el pétalo de una rosa”.
El lunes 12 Alva Castro parecía recular y negó que la procuraduría del ministerio fuera a tomar represalias contra la neuróloga.
Este nuevo pulseo guardaba, para el premier, un significado adicional. Con su respuesta envió un mensaje a los ministros independientes del gabinete: Aquí no se dejará caer a los cuadros que se compren el pleito de ingresar al equipo.
Al cierre de esta edición Alva Castro tampoco había firmado la resolución de nombramiento del viceministro Danilo Guevara, que sonó en el grupo de posibles reemplazantes de Mazzetti. Contar con el visto bueno de Del Castillo no parecía jugar a favor del general de la Policía retirado.
Subestimó al Premier
Las elucubraciones de la conspiración labran la imagen de un Alan García tocado por pulsiones autodestructivas, dispuesto a sembrarle a Del Castillo un caballo de Troya en la figura de Alva Castro. El contrapeso que le recuerde a su popular premier quién es el que manda.
Pero los hechos no parecen avalar la hipótesis del ministro bomba.
AGP y Del Castillo decidieron juntos el nombre del ex candidato presidencial. Algunos ministros recibieron la llamada del Presidente para saber su opinión sobre la posibilidad de escoger a Alva Castro. Y al lado de García estaba Del Castillo.
El primer ministro recibió con optimismo la designación del nuevo ministro y alabó su experiencia política, necesaria en un campo minado por la corrupción como el del Interior (CARETAS 1965).
Apenas siete días después de asumir Alva Castro filtró a la prensa su negativa a recibir los patrulleros y convocó a conferencia de prensa en la tarde del martes 7 para efectuar el anuncio. García le cerró el paso y se le adelantó por la mañana. Alva se vio obligado a cancelar su conferencia (CARETAS 1966). Esa misma noche Del Castillo le habría insinuado su renuncia a Alan García, que reaccionó temprano a la mañana siguiente con un espaldarazo al premier. En las alforjas traía la resolución del contrato, por mutuo acuerdo, con la empresa Gildemeister. La empresa devolvería los S/.11 millones adelantados por el Estado. Una semana más tarde CARETAS también confirmó que a esa cantidad se le sumarían los intereses.
García le atribuyó a Del Castillo el logro y su gabinete, con la excepción del ministro del Interior, batió palmas.
El análisis jurídico hecho por Alva Castro era válido. Gildemeister despidió a los dos responsables de la licitación y renegociar un contrato basado en aparente dolo podía traer graves consecuencias legales.
Lo enervante para Del Castillo fue interpretar que el copartidario quiso llevar agua para su molino y poner en cuestión su liderazgo al frente del Consejo de Ministros. El premier se sintió políticamente subestimado.
Aunque sea difícil volverlo a ver ensayando derechazos como el que le propinó a un transeúnte que lo insultó a la salida del Palacio de Justicia en 1992, Del Castillo no es manco.
El ministro del Interior también ha movido otras fichas. Al frente de la Comisión de Presupuesto impulsó la presentación del contralor Genaro Matute, que desplumó el shock de inversiones. Además, su negativa a aceptar el contrato con Gildemeister fue respaldada por Ricardo Salazar, el ex presidente de Consucode que pasó a la gerencia de la Contraloría. Salazar no tiene muchos amigos en la cúpula del Ejecutivo y fue mentado por Carlos Arana, el cuestionado director del programa Agua Para Todos, que lo acusó de chantajear al Presidente. Como era lógico, Salazar salió al frente para instar a García a confirmar esa versión.
En lo que parece convertirse en un patrón, Arana fue retirado de su puesto. Sus vínculos con Jorge Luis Mantilla fueron revelados por CARETAS y ya había durado apenas dos días como viceministro de Vivienda.
Orden, compañeros
La fraternidad aprista se caracteriza por sus complejas jerarquías. A Alva Castro no le debe hacer gracia subordinarse a quien lleva menos tiempo en el partido. De hecho, es sabido que él comenzaba a hacer valer su condición de ex candidato presidencial para tentar la presidencia del Congreso en relevo de Mercedes Cabanillas.
Un miembro del gobierno que le reconoce a Alva experiencia política y tecnocrática, también lo califica “en lo personal como un hombre hosco y huraño, muy amigo de sus amigos. Frente a la gente que no conoce sale mucho a la defensiva”. En términos del partido, compara la fuente, “Alva es el ghetto y Jorge la apertura”.
Y Alva llegó a ser el chico nuevo en un gabinete al que le costó ensamblarse. A algunos de sus miembros no les debió hacer gracia escuchar críticas tan duras contra Mazzetti.
Ahora se esperan nuevos y urgentes intentos de cordialidad que reanimen esta relación tan rápidamente erosionada. Primero se verá si Alva Castro accede a firmar la addenda en la que se resuelve por mutuo acuerdo el contrato con Gildemeister. El ministro del Interior se inclina por terminarlo de manera unilateral. Si el entendimiento no llega pronto, arderá Troya. Con o sin caballos. (Enrique Chávez)