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Testimonio Una noche con ‘Fiapo’, el otro protagonista de la escapada paulista.

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Alexander Da Silva ’Fiapo’, el moreno que jugó broma al congresista José Vega con CARETAS 1966. “Me voy a Lima”, prometió.

Aunque la visita todavía no está incluida en paquete turístico alguno, por estos días peruano que recala en Sao Paulo, peruano que quiere visitar "A Morena do Brasil", o melhor restaurante bar – show do mundo según autobombo, y escenario de la ya célebre escapada nocturna de los congresistas José Vega, Javier Velásquez Quesquén y Carlos Torres Caro durante una visita oficial al Parlatino en diciembre del año pasado (CARETAS 1966).

El tema devino en escandalote por obra y gracia de los propios legisladores, atascados en contradicciones bastante elaboradas para la situación. Al final, el pleno suspendió un mes a Torres Caro por su tendencia de paparazzi, y los absueltos Vega y Velásquez Quesquén volvieron a sus habituales y particulares declaraciones políticas en el Hall de los Pasos Perdidos.

Sin embargo, faltaba aún la versión de un implicado importante en los sucesos: el moreno que Vega utilizó de inusual silla carnavalera.
"A Morena…" queda en la Rue Rui Barbosa, a unas cuadras de la transitada Avenida Paulista. Como CARETAS 1967 consignó, se trata de un local exclusivo que presenta shows de samba, capoeira y lambada. El cover es de US$ 55.00 con derecho a un buffet de comida típica y al show. No US$ 5.00 como sostuvo el parlamentario Vega. Las bebidas alcohólicas no están incluidas.

El personaje es inconfundible. Hace su ingreso por la puerta de emergencia del local, tranquilo, saludando a cocineros y mozos. Sin mayores presentaciones, uno lo aborda con la portada de la revista. Se llama Alexander Da Silva, ‘Fiapo’ y todo lo ve risa. Más aún cuando se le enseñan las fotos donde sujeta al primer vicepresidente del Congreso.

¿Se acuerda de este señor? "Sí, con certeza", ríe. "Fue amable y pidió mi teléfono". ¿Cómo? "No, es una broma", se apura en aclarar el administrador del local, Rosivaldo Batista, algo nervioso. "Es parte del show jugarle bromas a los invitados, pero no es con mala intención. Acá vienen a pasar un buen momento y eso se les da", añade.

Fiapo no para de hablar con los periodistas peruanos que lo entrevistamos con atención de causas más trascendentes. Apenas balbucea español entre risa y broma. ¿Y habían tomado un poco los congresistas? "Un poquinho", y vuelve a reír. El administrador asiente, resignado. ¿Qué le pareció el congresista? "Buena gente, lo extraño". Basta, suficiente. Fiapo tiene que prepararse para el espectáculo, pero antes anuncia su inminente viaje al Perú para ser entrevistado por un programa dominical. Mejor que empiece el show.

Algún coleguita, con aparente ingenuidad, catalogó el show "como para traer a la familia". En realidad es un sólido espectáculo para adultos que intenta recrear los diferentes bailes y danzas del Brasil.

Las garotas participantes son de campeonato y fundirían el termostato de una refrigeradora. Al final, luego de la capoeira, el maculelé, la samba y la lambada, llega el carnaval con el público macerado en caipirinha. Ahí es donde ‘Fiapo’ entra en acción y, junto a una bailarina, le juega la broma de la silla a algún varón desprevenido. Por lo general, el más alegre de la mesa más movida.

Mientras Torres Caro explora los beneficios de estar alejado de la Av. Abancay y en el Congreso no se descarta la recomendación de prohibir cámaras en viajes oficiales, en Sao Paulo ‘Fiapo’ repite la broma de la silla todas las noches. Y siempre hay alguien que cae sentado. (Carlos Hidalgo)


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