Medio Ambiente Vistazo aéreo sobre Villa revela que se están perdiendo grandes extensiones de pantanos.
Humedales en Seco (VER)
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Autoridades responsables se lavan las manos y juegan al gran bonetón. |
En la capital del higo, Chilca, el piloto sube a la avioneta y se prepara para despegar. Destino: los pantanos de Villa. Giran las hélices con estridencia y se inicia la elevación. En lo alto, sobra niebla y faltan casacas. Cuando aparece una garza sobrevolando metros abajo, comienza a relucir el espectáculo visual de los humedales, que llama a desempacar las cámaras.
Flora y fauna no faltan, sobre todo con alas. Sin embargo, una sostenida franja seca se extiende en toda la frontera entre el espejo de agua principal y el Country Club de Villa. Descendiendo un poco, se notan áreas áridas, palmeras muertas y desmonte. En algunos puntos, aquellos montículos de ladrillos, basura y tierra se han asentado sobre zona húmeda. Es detectable la absorción y alteración del flujo hídrico natural del pantano.
Este delito ambiental se comete dentro del Área Natural Protegida (ANP) y las autoridades que administran y protegen los pantanos, Prohvilla y el Servicio de Parques de Lima (Serpar), no resuelven el problema (CARETAS 1942).
La Gavilla de Villa
Dicha franja se halla en ese estado deplorable debido al ilegal proceder de César Juan Alberto Cuglievan Landázuri, quien en 2000 inscribió 118,095.25 m2 de los humedales en Registros Públicos, Desde entonces se procedió a llenarlos de desmonte para secar la zona pantanosa y proceder a la urbanización del sitio. Pese a que no ha logrado el segundo objetivo, el primero se cumple a velocidad de crucero.
«La franja forma parte del ANP», indica Arnold Millet, experto en asuntos ambientales. «Así mediante artificios legales se haya sustentado una propiedad privada dentro del área, la Ordenanza Nº 184 te dice que, por más que sea tuya, tienes que mantener la naturalidad del terreno».
Pero el problema también salpica a Prohvilla y Serpar. Por el lado de la primera, el director técnico, Franco Fernández, no cumple con su labor, cuenta con antecedentes por delitos contra el medio ambiente y afirma que los pantanos son su propiedad privada (CARETAS 1966 y 1967).
La mencionada ordenanza estipula, para la Zona de Protección Paisajista de Borde, que se debe establecer un retiro de edificación de 50 metros en la zona colindante al Country Club de Villa, además de «prohibir el arrojo de desmonte dentro de esta unidad» (Subcapítulo V. Art. 18). Aun si la franja en cuestión no fuese área natural, tampoco se le podría permitir el arrojo de desmonte ni la construcción de la caseta.
Alfonso Guevara, director de asesoría legal de Serpar, deslinda responsabilidades. Pero el enjuague de manos no resulta muy convincente: «Serpar ya no administra esa área», informa. «Quien tiene todo y maneja todo es Prohvilla. Nosotros hacemos coordinaciones con ellos y les damos apoyo en cuestiones legales».
Millet discrepa asombrado: «Prohvilla administra el área de influencia y Serpar administra la parte de adentro del lindero», especifica. Serpar conforma el Consejo Directivo de los pantanos junto al Inrena, el Instituto Metropolitano de Planificación y las municipalidades de Chorrillos, Surco, Villa El Salvador, San Juan de Miraflores y Lima (quien designó al cuestionado Fernández en su puesto).
«Bienvenido al Desierto de Villa. Otrora pantanoso resguardo de garzas, cormoranes y muchas aves más, hoy se extiende como un árido paraje, cobijo de cactus y lagartijas», podría afirmar un guía en un futuro cercano.
El gran conflicto es que podríamos perder Villa, considerada desde 1997 como Humedal de Importancia Internacional o Sitio Ramsar. Los pantanos se están secando y las falencias para revertir la pérdida son enormes. Es urgente reaccionar cuanto antes, frenar el desastre y recuperar las características del área natural. (Thor Morante)