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19/Abr/2007
 
 
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Economía El presidente violó normas y aumentó el sueldo a su amante.

Escándalo en el Banco Mundial

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Paul Wolfowitz confía en superar el temporal, pero hasta los ingleses piden su cabeza. Los funcionarios del Banco exigen su renuncia.

Cuando Paul Wolfowitz asumió sus funciones como presidente del Banco Mundial, nuestro colaborador Francisco Sagasti escribió un comentario sobre las perspectivas de su gestión (¿Quién le teme al lobo feroz?, CARETAS 1869).1 En esta nota actualiza sus observaciones.

La controvertida designación de un lobo neoconservador como presidente del Banco Mundial generó gran oposición y críticas. Su responsabilidad directa por la invasión de Irak y su obsesión con mantener la hegemonía norteamericana hicieron temer que trataría de transformar al Banco Mundial en un instrumento de la política exterior estadounidense. Evaluando su nombramiento, escribí hace dos años: “Wolfowitz tendrá que tomar una decisión sobre cómo quiere pasar a la historia. Si mantiene su lealtad a sus antiguos patrones y a sus ideas hegemónicas le hará mucho daño a la causa del desarrollo y dejará un legado nefasto de lobo envuelto en piel de cordero. Si se distancia de la administración Bush, supera sus ataduras ideológicas y hace uso de su capacidad de gestión y aprendizaje es probable que se convierta en un buen presidente del Banco Mundial; en este caso no habrá que temerle al feroz Wolfowitz.”


 


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