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Seguridad Otrora penal de máxima seguridad, hoy es símbolo del hacinamiento y descontrol en las cárceles. Gustavo Carrión, nuevo jefe del INPE, emprende cruzada para salir del colapso.

El Hotel Castro Castro

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Viernes 20. El nuevo jefe del INPE, general PNP (r) Gustavo Carrión, recorre los pabellones del penal Miguel Castro Castro y corrobora la deca dencia. “Esta cárcel es anormal. Fue construida como de máxima seguridad, pero de eso ya no tiene nada por el hacinamiento”, afirma.

Es hora del almuerzo en el penal Miguel Castro Castro. La prisión es un hervidero de internos hambrientos que se arremolinan en los pabellones aguardando un plato de comida. El hacinamiento salta a la vista en cada rincón de esta selva de cemento enclavada entre los cerros de San Juan de Lurigancho.

“Saquemos cuentas”, propone el nuevo presidente del Instituto Nacional Penitenciario (INPE), general PNP (r) Gustavo Carrión Zavala, mientras avanza por el pabellón de secuestradores, el 3-B. “Castro Castro tiene capacidad para 1,142 reos y, sin embargo, alberga a poco más de 2,215. Lo peor es que la concepción de este penal está totalmente errada. Fue construido como de máxima seguridad, pero de eso ahora no tiene absolutamente nada. Ya no se edifican en el mundo panópticos (un modelo de cárcel en la cual todo se puede vigilar desde un único punto) como este. Es una prisión anormal”.


 


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