Arqueología Ruth Shady presenta nuevos hallazgos en Caral y descargo sobre polémica designación.
Caral da la Cara
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Los figurines permiten reconstruir la apariencia física de los antiguos habitantes de Caral. Las coronas de totora eran usadas por los administradores, explica Shady, flanqueada por uno de ellos. |
Las piernas cercenadas no son producto del peso de cinco mil años de antigüedad y varias toneladas de tierra. Las fracturas que presentan los 145 figurines recientemente hallados bajo las pirámides de Caral fueron deliberadamente infligidos. Para alivio de los caralinos de antaño, los sacrificios humanos no eran una práctica común y, en su lugar, se enterraban estatuillas representando dichas ofrendas a los dioses. Los hombres, con las piernas rotas, y las mujeres, con los brazos arrancados, según explica la arqueóloga Ruth Shady. Pero, por estos días, la directora del Proyecto Especial Caral-Supe no solo anda ocupada desenterrando objetos, sino también argumentos para contrarrestar las denuncias que algunos miembros del Colegio de Arqueólogos del Perú (Coarpe) vienen presentando en su contra.
El hallazgo reciente
Junto con peines, coronas de totora, collares de plumas, sandalias y demás objetos de uso personal, las estatuillas halladas permiten una mejor comprensión de la compleja estructura social de Caral. Las representaciones de mujeres de clase alta, ataviadas con mantillas, collares y aretes, han sido encontradas junto a representaciones de hombres desnudos. De esto, explica Shady, se concluye que la mujer pudo ocupar en Caral el máximo escalafón de la jerarquía religiosa, es decir, pudo llegar a ser una especie de papisa preincaica.