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Internacional Elección con suspenso en un país que sigue siendo signo de libertad.

El Modelo de París

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Sarkozy promete una transformación social, pero es parte del actual gobierno.

Francia es, desde hace dos siglos, inspiración política para el Perú y lugar de exilio para muchos peruanos, desde los hermanos Francisco y Ventura Calderón hasta Julio Ramón Ribeyro y Mario Vargas Llosa, pasando por César Vallejo. El propio presidente Alan García vivió diez años en París y es amigo de François Hollande, esposo de Ségolène Royal y secretario general del Partido Socialista. Por si fuera poco, Nicolas Sarkozy tiene parientes en el Perú: es casado con Cecilia Ciganer-Albéniz, hermana de Iván Ciganer-Albéniz, presidente de la Cámara de Comercio Franco-Peruana en Lima y directivo de Telefónica.

El domingo 22 de abril toda Francia estaba iluminada por un sol radiante adecuado para la movilización civil del voto en la primera vuelta de las elecciones presidenciales. El 84,8% de la población francesa tenía que decidir cuál iba a ser la suerte de una de las naciones más antiguas de Europa, sin poder olvidar que en las últimas elecciones se había producido algo totalmente inesperado: un candidato de extrema derecha que pasaba a la segunda vuelta, Jean-Marie Le Pen.

Por eso, es importante decir que el gran perdedor en estas elecciones es el líder del Frente Nacional, que sólo alcanzó 11% de los votos, mientras que en las elecciones del 2002 había obtenido el récord de 16,86%, casi lo mismo que el candidato de izquierda, Lionel Jospin, 16,18%, y que el 19,88% del candidato del partido republicano, Jacques Chirac. Esta vez muchos se sintieron aliviados cuando, a las ocho de la noche, los canales de televisión, que han hecho una cobertura fenomenal del candidato de la Unión por un Movimiento Popular (UMP), Nicolas Sarkozy, lo anunciaban como ganador con casi seis puntos de diferencia frente a su adversaria de izquierda: 30,5% contra 25,7% de la socialista Ségolène Royal.

De lo que todos parecen contentos es de que se haya vuelto a la bipolaridad izquierda-derecha. François Bayrou, del partido de centro Unión para la Democracia Francesa (UDF), fue eliminado, al no quedar clasificado para la segunda vuelta. Bayrou es una alternativa independiente, neoliberal, con ribetes nacionalistas y proteccionistas que se ha situado en medio de las dos fuerzas mayores.

El voto por Sarkozy es un voto de miedo, y un país que enarbola el nacionalismo fuera de períodos de conflicto es un país que tiene miedo, como lo explica Claude Allegret en un artículo del diario Liberation del 13 de abril. Ségolène Royal ha logrado una votación importante, la misma que François Mitterrand en 1981, pero la izquierda en general, sobre todo la extrema izquierda, no ha salido bien parada.

¿Cuáles son las reglas del juego en una economía de mercado globalizada? En el discurso de Nicolas Sarkozy, la carta principal es la inmigración (a empezar por crear un nuevo ministerio), la seguridad, el empleo y la salud, y ni una sola palabra sobre la educación. En el partido de Ségolène Royal la propuesta es la educación (apoyo escolar gratuito para evitar la deserción y el fracaso estudiantil), la salud (mantener la seguridad social para todos), y el pacto europeo, del cual Sarkozy no dice ni una sola palabra para no desanimar a sus electores más conservadores que votaron contra la Carta europea. Pero, sobre todo, Royal opone la garantía de las libertades individuales frente al poder, como la permanencia de una idea de civilización en un estado de derecho.

François Bayrou, más allá de una propuesta neoliberal, con un cierto olor a Francia tradicional no logra diferencias sustanciales con Sarkozy, si no es por cierto carisma. De ahí que constantemente se mencione un debate de ideas. Por ejemplo es impresionante cómo la mayoría de personas no establece una relación evidente entre Nicolas Sarkozy y el gobierno actual. Es decir, cuando anuncia una sociedad de transformación, ¿a qué transformaciones se refiere si forma parte del gobierno y se conocen los resultados?

Esta semana los dos candidatos han empezado la campaña para la segunda vuelta. François Bayrou, cortejado por ambos partidos, ha mantenido un silencio moroso y es casi seguro que no instigará a sus votantes a apoyar a ninguno de los dos candidatos porque ahora aspira a una existencia como partido y se vienen las legislativas.

De otra parte, es evidente la presión que se ejerce sobre Ségolène Royal a través de todos los medios de comunicación. El más mínimo error es contabilizado en su contra, y la claridad de sus ideas no brilla en medio de un ambiente de desconfianza en sus capacidades como mujer al mando de un país.

Sarkozy, por su parte, anuncia con franqueza medidas radicales contra la inmigración, convertir la tarjeta verde (gratuita) de la salud en tarjeta de crédito, utilizar tratamientos químicos contra los criminales o violadores (ver en el blog de Pierre Assouline el libro de Serge Portelli sobre la política penal de Sarkozy). En suma, un Estado policial que seduce al francés que se levanta temprano para ir a trabajar y le teme a la inseguridad (sobre esto, ayer Ségolène Royal ha aludido a la brutalidad como un recurso inútil).

Para el candidato ultraliberal, el capital define las reglas del juego y los individuos no son más que un medio, no un fin. Para la izquierda, el capital debe ser controlado para impedir que los individuos pierdan libertad y dignidad. (Desde París: Patricia de Souza *)

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* http://palincestos.blogspot.com


 


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