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Actualidad El TLC depende del “fraseo” exacto en acuerdo entre demócratas y republicanos.

Una Cuestión de Palabra (VER)

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Tras la reunión de una hora Bush agradeció “el asesoramiento” de García en temas de América del Sur. La guerra contra las drogas proclamada por AGP se puso sobre la mesa.

La promesa de George W. Bush se ratificó durante la visita a Washington de Alan García, pero el TLC con Estados Unidos depende de los términos que pongan de acuerdo a los sectores recalcitrantes de los demócratas y los republicanos. García adujo razones geopolíticas y de producción de drogas para obtener la luz verde.

“It’s the wording”, sentenció el congresista Alfredo Rangel luego de su encuentro con el presidente Alan García. “The wording, the wording”, remachó para que no quede ni una duda.

Es el fraseo.

Por algunos segundos, la insistencia del presidente del Comité de Medios y Arbitrios devolvió a los pasillos del Capitolio el eco de otra línea.

“It’s the economy, stupid!”.

La celebérrima muletilla de la campaña de Bill Clinton en 1992 –cuando derrotó a George Bush padre– proyectaba el mensaje de la manera más frontal posible.

Hoy también se trata de la Economía. Pero también de mucha política. Del fraseo anhelado por Rangel se debe conseguir un acuerdo entre demócratas y republicanos para ratificar el Tratado de Libre Comercio (TLC) firmado con el Perú.

Durante su visita de dos días a Washington AGP fue escoltado por el canciller, José Antonio García Belaunde, el embajador Felipe Ortiz de Zevallos y el representante del ministerio de Comercio Exterior en la capital norteamericana, David Lemor.

La agenda del presidente pareció tocar todas las esquinas. Además de verse con George W. Bush, conversó con el líder de la mayoría demócrata en el Senado, Harry Reid. También con el jefe de la minoría republicana en el Comité de Rangel, Jim Mc Crery. Con la poderosa Nancy Pelosi, presidenta de la cámara de representantes, charló el martes 24 durante 25 minutos.

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Pero fue otro encuentro el que definió la jornada. “Confío que el señor Rangel encontrará un punto común con la administración republicana, con el señor Bush, y que tengamos un texto que nos permita ir a la ratificación en el pleno”, declaró AGP.

El Vergel de Rangel

Siempre con la cabeza puesta en el mensaje escueto, los demócratas dieron a conocer hace algunos días su “Nueva Política Comercial para América”. Un folio bastó para prometer a los trabajadores gringos más oportunidades de entrenamiento laboral, beneficios de salud y pensionarios, e ingresos para amortiguar el maretazo de la globalización.

Pero, como lo apunta la columnista del Washington Post Marcela Sánchez, no es claro “que los demócratas se comprometan con el aspecto fundamental que beneficia a las naciones más pobres: acceso libre y justo al mercado de EE.UU. La propuesta demócrata tampoco menciona la posibilidad de acabar con las protecciones que los productores de EE.UU., particularmente los subsidios agrícolas multibillionarios tradicionalmente obtenidos en el Congreso con amplio apoyo demócrata. Tales subsidios ayudan a mantener una ventaja distorsionada para los productores norteamericanos mientras dañan a campesinos pobres en países en desarrollo”.

Para Sánchez, sin embargo, la iniciativa demócrata es interpretada por la mayoría de líderes latinoamericanos como un esfuerzo de buena fe que aplaque “la ansiedad popular” provocada por el libre comercio, “no con volverse cerrado y proteccionista, sino haciendo un esfuerzo para asegurarse que el comercio puede ser más justo y balanceado”.

Esa, termina la columnista, parece ser la posición equilibrada de Rangel, que ha declarado en varias ocasiones sobre una nueva fundación bipartidista en la política comercial.

Según un activo participante del viaje en Washington, el fraseo aludido por el congresista busca aquel balance entre las posiciones recalcitrantes de ambos extremos.

Para ratificar los TLC con Perú, Colombia y Panamá, la plataforma demócrata propone la adherencia de Estados Unidos a cinco convenios básicos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Los republicanos responden que en lugar de firmar nuevos compromisos aquellas promesas formuladas por los demócratas se deberían discutir en el equivalente del Consejo Nacional del Trabajo, con representantes del Estado, el sector privado y los empleados.

Entre un sector de republicanos la aprobación del TLC con el Perú es percibida, entonces, como una probable e indeseada modificación de las leyes laborales estadounidenses.

Pero hay también demócratas que ven en el Tratado amenazas en la puerta trasera. Jack Murtha solicitó modificar el documento bajo razones de seguridad nacional.

Resulta que la empresa Dubai Ports de los Emiratos Árabes adquirió el año pasado, con la aquiescencia del Ejecutivo, la concesión de seis grandes puertos en EE.UU. El escándalo subsiguiente y la oposición en el Congreso motivaron que Dubai Ports le venda la concesión al American International Group.

Ports es la misma empresa que ganó la administración por treinta años del Muelle Sur en el Callao (ver más en Mar de Fondo).

El congresista Murtha adujo que, si se ratifica el TLC, Dubai Ports gozará de los mismos derechos en Estados Unidos que sus pares peruanas, lo que incluye protección contra discriminación de propiedad portuaria. Según Murtha, los norteamericanos solo podrían sacar del camino a Dubai Ports citando razones de “seguridad esencial”, pero no queda claro si ello les obligaría a acudir a tribunales internacionales, posibilidad rechazada, o si podrían resolver el impasse en la esfera doméstica.

A propósito de la opinión extremista de Murtha sobre el TLC con el Perú, George A. Pieler ha escrito en la revista Forbes que “si le declaramos la guerra permanente al comercio internacional y los acuerdos de inversión, no solamente los inversionistas extranjeros serán golpeados, sino también la promesa de expansión de una economía global que erradique la pobreza”.

La Visión Peruana

Aquellas frases de Pieler coinciden con los documentos distribuidos entre los parlamentarios norteamericanos. CARETAS obtuvo una copia.

Los argumentos a favor del TLC presentados por el gobierno de Alan García se basan en:

-La economía abierta y estable, comprometida con la globalización.

- La solidez de las políticas macroeconómicas.

- El clima estable y favorable a las inversiones.

- El acceso preferencial a áreas regionales de libre comercio.

Las tendencias positivas se expresan en los motores de exportación. De los US$ 6,956 millones exportados en el 2001 se llegó a los US$ 23,427 del 2006. Si en el 2001 un total de 3,883 empresas eran exportadoras, cinco años más tarde aumentaban a 5,799.

La comparación de la balanza comercial es igualmente alentadora. En el 2001 el déficit era negativo (-US$ 387 millones) y el año pasado dejó un saldo a favor de US$ 8,172 millones.

Igualmente, en el 2006 el Perú alcanzó US$ 18.1 billones de exportaciones tradicionales y US$ 5.3 billones de las no tradicionales. Los números en el 2001 fueron US$ 4.7 billones y US$ 2.2 billones, respectivamente.

El crecimiento del PBI en el 2006 (7%) solo es superado regionalmente por Venezuela y Argentina. La inflación del 1% no tiene par en América del Sur.

El promedio de aranceles es 7%. En 1990 era 66%.

Los números ascendentes, sin embargo, no significan ni un rasguño para el mercado norteamericano frente al TLC recién negociado con Corea del Sur. Se espera que esa ratificación también salga con fórceps.

Según información del Banco Mundial y la Organización Mundial de Comercio, el Perú tiene el siguiente mapamundi de libre comercio:

- Acuerdos en vigencia: MERCOSUR y Comunidad Andina.

- Firmados y aún inactivos: EE.UU., Tailandia y Acuerdo de Complementación (ACE) con Chile.

- En proceso de negociación: Extensión del ACE con México.

- Negociaciones próximas a iniciarse: Unión Europea, China y Canadá.

- A futuro: Rusia, India, Sudáfrica, Australia y Nueva Zelanda.

El informe hace notar que:

“Más de 5,000 compañías americanas (una mayoría de PYMES) exportaron más de US$ 2.6 billones en productos al Perú en el 2006”.

“Más del 80% de exportaciones industriales y de consumo norteamericanas ingresarán libres de impuestos al Perú”.

“Si bien varios países en América Latina se encuentran adoptando una posición radical contra la política exterior y económica de Estados Unidos, Perú está en la primera línea de aquellas naciones que trabajan con EE.UU. en objetivos comunes de política exterior, mientras que implementan necesarias reformas económicas y sociales”.

A ello hay que sumar el control del factor cocalero, que se recuerda en los orígenes del TLC: el ATPA y el ATPDEA según sus siglas en inglés. El TLC hacia dentro, idea que defendió Hernando de Soto, recupera pertinencia (ver recuadro de agroexportación).

Finalmente se enumeran razones de política local:

“Reabrir el texto del capítulo laboral podría poner en peligro el acuerdo, ya que el nuevo Congreso peruano es mucho más diverso que el Congreso que lo ratificó el 28 de junio… Equivaldría a una caja de Pandora y generaría un debate nacional por el cual el Perú ya pasó una vez”.

A pesar de las cifras optimistas y del eslogan clintoniano, es notable que la ratificación del TLC no sea cuestión de Economía sino de palabras. (Enrique Chávez)


 


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