Testimonio En el día de la madre, este 13 de mayo, un homenaje a las mamás de profesiones arriesgadas. El amor también es coraje.
La Garra Materna
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Jackeline, once años trabajando en Yanacocha. El caterpillar que maneja pesa alrededor de 250 toneladas. |
Tan grande como un edificio de seis pisos es la herramienta de trabajo de Jackeline Olivos Cruz, un caterpillar de 16 metros (ella mide 1 m 68, la mitad de una llanta). Con su moderno camión transporta rocas con oro diseminadas en Yanacocha a 2 300 metros de altura. Tarea que se hace más difícil cuando hay neblina y lluvia. “Tomate”, apodo que le han puesto en la mina, pues se sonroja cada vez que la molestan, dice que al principio los hombres la fastidiaban pues pensaban que era una tarea demasiado ruda para una mujer. “Ahora me ven como uno más”. Con turnos de 12 horas por 4 días, Jackeline es madre de dos hijos. En sus días de descanso se dedica por completo a ellos, los lleva al colegio y aprovecha cada minuto a su alrededor. A pesar de estar con ellos cuatro días, está convencida de que si la familia está unida, los niños confían más en sí mismos.
Mamás en la Cancha
“Mamá, deja la tele prendida para verte”, dice Nakhaara (4) cada vez que su madre Doris Doria, árbitro FIFA en Futsal y asistente en Primera División, sale a las canchas. “Cuando me ve en la tele grita, y de pequeña aún más porque veía cualquier árbitro y pensaba que era yo”. Doris confiesa que tiene dos madres, la biológica y la de la cancha. Los insultos son para su madre sustituta. “Ya estoy acostumbrada a las mentadas de madre y no me afectan, sólo queda aguantártelas”. El machismo continúa: para muchos jugadores las mujeres y el fútbol son como el agua y el aceite, pues nunca van a entender el deporte. “Hay jugadores que todo el tiempo te están fastidiando, te recuerdan que la cocina es el lugar donde debes estar”. Nakhaara, sabiamente, los ignora.