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10/May/2007
 
 
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Testimonio Del escándalo de Washington al caleta circuito local de acompañantes.

Habla una Madame

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En el Haití, Fátima espera y habla. “Me han apuntado tres veces con un arma”.

El nombre no importa. Grimanesa, evidentemente, no se llama Grimanesa. Tampoco Isabella o Fátima. Sus más de 5 teléfonos celulares responden a cualquiera de esos nombres. A cualquiera, en realidad. Es natural: Grimanesa quiere ser la mujer que encarne a todas, quiere representar la fantasía ad hoc, quiere complacer a todos y a ninguno. Desliza un cigarrillo por sus dedos y hace el ademán de encenderlo. Un caballero se pone de pie en un acto reflejo. Lo enciende y cumple su fantasía de notoriedad. También eso estaba previsto.

“Un café es un buen lugar de encuentro”, sugiere nuestra fuente. Otras añaden a la lista discotecas, pseudoagencias de modelos, y algunos institutos, saunas, tragamonedas y gimnasios (“bares con mallas”). Una fuente incluso recordó un chifa que incluye servicio de geishas. “Para aquellos que tienen el dinero y la disposición para divertirse, el contacto es lo de menos”, nos cuenta Jorge, un caserito de aquellos con dinero y disposición. “Ni siquiera tienen que buscarlo”.


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