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Política El país se calienta y las bases piden chamba. En conmemoración de fundación aprista primaron pifias y pedido de elecciones en Alfonso Ugarte.

Se Salió el Río (VER)

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Lunes 6 en el Aula Magna. Secretario general Mauricio Mulder no pudo terminar su discurso por la rechifla. También asistieron Jorge del Castillo y Nidia Vílchez. Entre los asistentes estaba Carlos Arana, entrevistado en las páginas siguientes.

El accidentado aniversario aprista alertó de nuevo sobre las tensas relaciones entre el gobierno y sus bases. La presión por acceder a más puestos públicos se hizo evidente. Un personaje simbólico en esa encrucijada es Carlos Arana, movilizador de la campaña vinculado a Agustín Mantilla que luego ha sido retirado de dos puestos públicos en medio de, para él, injustificados escándalos.


‘Yo Soy Parte del Gobierno’

Controvertido Carlos Arana responde sobre sus vínculos con Agustín Mantilla y el frente interno oficialista.

Carlos Arana se presenta como un “piletólogo”. Entre muchas otras ha construido las piletas de las plazas de armas de Barranco, Pueblo Libre, Carmen de la Legua, Barranca y, cómo no, Trujillo. Llega a un café del damero de Pizarro con un ligero retraso y su firme apretón de manos promete de saque una charla sin tensiones.

Se podía esperar otra historia. Esta revista fue el primer medio que dio a conocer la existencia de una serie de empresas de las cuales Arana era socio y su conexión con los hermanos Agustín y Jorge Luis Mantilla (CARETAS 1778). Uno de los enigmas pendientes en el partido de gobierno es el uso de los más de US$ 6 millones que Agustín, ex ministro del Interior y ex congresista, tuvo en cuentas del extranjero.

El otro lado de Arana se dejó ver en las últimas dos campañas presidenciales. Fue el principal organizador en Lima de las actividades proselitistas del actual presidente Alan García. Los miembros del comando central solían reconocer sus habilidades y esa labor fue premiada con el despacho del viceministerio de Vivienda apenas iniciado el gobierno.

Los procesos administrativos que sus empresas tenían abiertos en Consucode truncaron, a los dos días, su paso por ese cargo. “Lo más fácil en ese momento era dar un paso al costado”, recuerda. “Yo soy parte del gobierno. Claro, ahora todo el mundo dice fo. Pero he sido parte de una lucha permanente para que esto se haga una realidad. Hoy la mofa en términos políticos es decir: eres el viceministro que duraste 48 horas. Es un estigma. Eso es lo que me destruye personalmente”.

Más recientemente fue escogido para dirigir el programa Agua Para Todos, también del sector Vivienda, y volvió a ser desbancado en medio de señalamientos debido a los mencionados procesos administrativos y las agresiones sufridas por periodistas en un local de campaña (“todos me reconocen como enemigo de la bufalería. He sido primer puesto en la universidad. Puedes ir a averiguar. No soy un matón”). Arana se presentó a la entrevista con copias de las resoluciones exculpatorias del Consucode y la Fiscalía, la última firmada el 8 de marzo.

La semana pasada se dejó ver en un evento al que asistió el Presidente y de nuevo la prensa se alborotó. Tanto García como Jorge del Castillo salieron a defenderlo.

A estas alturas, Arana es ciertamente un militante golpeado. Su conocimiento tanto de la cúpula como de la base y sus respuestas sobre Mantilla, García, Mauricio Mulder y Jorge del Castillo, ayudan a entender el enojo de las bases retratado en las páginas precedentes y el particular momento aprista: en el poder y al mismo tiempo fuera de él.

–Tiene que aceptar que uno de los grandes misterios del APRA es saber qué pasó con el dinero de Mantilla.
–Una sola de mis empresas estaba ligada a Mantilla, que es Horizonte. ¿Y cuándo la formo? Cuando Mantilla era el secretario general del APRA y el congresista más votado del partido. Era considerado casi un dios. Era el héroe. Lo habíamos sacado de la prisión de Montesinos. Yo era el secretario de organización del partido. No era cualquier cosa. Era el número dos. Y él me dice para ir al Congreso de asesor. Pero eso no iba conmigo, no soy un hombre de oficina. Me dedico a la construcción. Le propuse, si quieres hacemos una empresa. Habla con mi hermano, me dijo, porque soy un hombre público. Vivimos a cuatro cuadras. ¿Te imaginas el honor para mí de tener una empresa con Mantilla en ese momento? No me molesta la vinculación con él. Y nunca la he negado porque habría que ser muy estúpido. Es notorio.

–¿Cree que Mantilla sigue teniendo ascendencia dentro del partido?
–En las bases hay mucha gente que le consulta porque es un hombre bueno. Te instruye. Formó muchos cuadros en Pueblo Libre y tiene eso de ser un poco paternal. Ahora que nadie escucha a los compañeros creo que mucha gente lo va a buscar por eso.

–¿Y a dónde se fue el dinero de Mantilla?
–Puedo confirmar que Mantilla sigue siendo austero. Eso aumenta el misterio al que te refieres. Cuando entró de congresista acompañé a su hermano para comprarle una Nissan Patrol de US$ 14 mil que pagó a plazos a través de un crédito bancario. Eso es lo que sé. Mantilla es un “cachinero” empedernido y todos los libreros de Amazonas lo conocen.

–¿Entonces robó para la corona? Había que mantener una estructura partidaria.
–No lo creo. Los momentos más flacos del partido se dieron cuando Mercedes (Cabanillas) fue la secretaria general y yo el secretario de organización. Cuando Fujimori hace el golpe de estado el partido fue desnudado totalmente. Los partidos viven del gobierno o del Congreso. Y no había nada de las dos cosas. Decidimos no ir a la Constituyente a pesar de que algunos compañeros lloraban. Muchos decían que había que ir para mantener esa burocracia. Comenzamos a hacer el partido desde la nada.

–¿Y cómo sobrevivía el APRA?
–No lo saben ni mi esposa ni mis hijos porque se mueren. En el ’93 Sedapal me envía al retiro voluntario y la liquidación la puse en el APRA. El congresista César Zumaeta me pidió US$ 4,000 prestados para hacer un plenario nacional. Era terrible. Mercedes Cabanillas fue muy valiente y sacaba de aquí y de allá algunos apoyos.

–¿Desde cuándo conoce a García?
–Desde que era dirigente del APRA. Él nos formaba. Me acuerdo de una encerrona en la playa porque él no entraba en la cama de lo largo que era. Él, César Vásquez y Muchaipiña, que murió en un accidente, debatían de cosas que yo no entendía. En las noches tenía que leer para no ser el duro de la reunión. Al presidente García lo volví a ver en Colombia. Él me llamaba el joven Arana y a su retorno yo había engordado. Ahora eres el sólido Arana, me dijo. Tenemos mucha relación personal y le tengo mucha admiración.

–¿Antes trabajó en otras campañas?
–Claro. En la de Mercedes Cabanillas, en la de Abel Salinas y las dos del presidente. En la del ’85 fui secretario de Lima a nivel político.

–¿Por qué se queja de se ser reducido al papel de movilizador?
–Ser operador no es malo y me siento orgulloso. Pero tengo 44 años. Para hacer un mitin llaman a Arana. ¿Y por qué no para algo mayor? Los jóvenes que han emprendido su camino de repente lo pueden hacer mejor que yo. Las ideas son parte de nuestro olfato y hemos aprendido mucho a convivir con la campaña. Pero me molesta que (Carlos) Bruce piense que somos una portátil. El APRA no lo necesita porque es un partido de masas. Bruce no lo puede entender porque es parte de un grupo formado para ganar una elección. Para una jornada médica juntamos 500 soles que me sirven para atender mil personas. Lo seguimos haciendo cada 15 días. El organizador siempre está detrás. Entre bambalinas. Por eso nunca he sido congresista de la República y si me lanzara seguramente tendría más votos que todos ellos. Pero no puedes ser organizador y candidato porque si no tendrías todo el poder bajo la manga. Tienes que ser lo uno o lo otro.

–¿El lado oscuro de esa parte exitosa de la campaña no es la dimensión clientelista que se le reprocha al APRA?
–Mauricio (Mulder) se amarga conmigo a veces porque lo critico un poco. El APRA ha tenido siempre una burocracia como la debe tener todo partido. Esa burocracia murió con Fujimori. Antes ibas a Alfonso Ugarte y encontrabas a Haya de la Torre, a Idiáquez y a Alan García. Y un montón de gente apéndice que atendía a los dirigentes de provincias que llegaban a Lima. Tenía muchas esperanzas en Mulder. Tenemos todavía esperanzas para reconstruir esa burocracia. Antes la secretaría de organización tenía 40 personas trabajando.

–¿Ahora cuántos hay?
–Serán 4 ó 5. Además, el aprista espera una directiva. Es mejor si le dicen lo que tiene que hacer desde arriba.

–¿Sigue siendo un partido tan vertical?
–Así es. A pesar de que hemos querido crear una democracia, es muy duro. Si no hay una directiva, no se hace. Vienen a buscar una directiva a Alfonso Ugarte y si no la encuentran van a ir a buscar a cualquiera que los reciba.

–¿El liderazgo del APRA es muy disperso?
–Diría que es muy emotivo y lo tiene García. El aprista lo sigue a él, fundamentalmente.

–Pero García está negando su relación con el partido.
–Definitivamente. Es más, la campaña del APRA se hizo por fuera del partido. El gran éxito de la última campaña fue que los “mítines mosquito” se hicieron en los mismos pueblos jóvenes. En la ladera de Chillón, en el pueblo Carmen Alto, en Huaycán o en Lomo de Corvina.

–Con gente no aprista.
–El pueblo no era aprista pero si le llevaban una propuesta concreta como el agua, el desagüe, la pista o el muro, y encima la jornada médica o le hacías la escalera, entrabas como cuchillo caliente en mantequilla.

–Hay mucha gente cercana a Mantilla que sí ha hecho la transición. ¿Usted carga solo la mochila?
–Creo que sí. Mi relación con Mantilla es la de haber sido secretario de organización cuando era secretario general y montar una empresa con su hermano. No fui su asesor. No trabajé en el ministerio con él. ¿Lo he visitado en la prisión? Sí, unas tres o cuatro veces. Me duele no haberlo visitado más. Por eso cargo la gran cruz. Los demás inclusive escupen.

–¿Quiénes son los demás?
–Hay un montón de gente. No solo los compañeros de la cúpula. Congresistas, ex viceministros de gobierno, funcionarios de alto nivel.

–¿No quiere dar nombres?
–Es que son N personas. Ministros, incluso. El día que visité en la prisión a Mantilla estaba Abel Salinas. Estaba (Luis) Bedoya y abrazó a Abel. Le dijo esa es la diferencia entre el PPC y ustedes. Aquí está toda la dirigencia nacional y con Mantilla, que ha hecho todo por los apristas, no hay nadie. A Mantilla lo visitaba la base. Pero los grandes líderes del partido no estaban. Tú veías al lado de Bedoya a todos. Ni hablar del fujimorismo. El APRA suelta mucho a su militancia. Te masacran y no te defienden como debe ser. Esa es la diferencia de Del Castillo con algunos elementos del APRA. Del Castillo ha defendido muy bien a su gente. Ha generado muchas lealtades.

–¿A las actuales facciones del APRA se le puede añadir la del mantillismo?
–Esa facción nunca podría existir porque él no la aceptó. Pero sí hay una generación intermedia con gente como Nidia Vílchez, Omar Quezada y Javier Barreda, que hemos trabajado bajo una concepción de política que él formó. Todos son muy cercanos al Presidente.

–¿Las apariciones de Mantilla son llamados de atención hechos por él mismo?
–El delito que cometió ya lo pagó y él es un hombre libre. A nosotros se nos cayó y Alan García debió haber sufrido bastante porque era de mucha cercanía con él. En el vídeo (de la reunión con los dirigentes de Pueblo Libre) todos eran nuestros enemigos políticos. Mi hermano es el actual secretario general de Pueblo Libre y ellos eran todos los que compitieron contra él.

–¿Cuál va a ser el próximo puesto que le van a dar?
–Estoy libre. Si me quieren llamar, allí estaré. (Enrique Chávez)


 


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