domingo 17 de febrero de 2013
Usuarios
e-mail:
Contraseña:
¿Olvidó su contraseña?
InstruccionesHáganos su Página de InicioAgréguenos a sus Favoritos
 
 
 
Edición 1976

17/May/2007
 
 
Secciones
Acceso libre Nos Escriben ...VER
Acceso libre ActualidadVER
Acceso libre TestimonioVER
Sólo para usuarios suscritos Mar de Fondo
Acceso libre Ellos&EllasVER
Sólo para usuarios suscritos Bienes & Servicios
Sólo para usuarios suscritos Cultura
Acceso libre SaludVER
Sólo para usuarios suscritos Caretas TV
Sólo para usuarios suscritos El Misterio de la Poesía
Sólo para usuarios suscritos Quino
Acceso libre Salud y BienestarVER
Columnistas
Sólo para usuarios suscritos Raúl Vargas
Sólo para usuarios suscritos Gustavo Gorriti
Sólo para usuarios suscritos Augusto Elmore
Sólo para usuarios suscritos Jaime Bedoya
Sólo para usuarios suscritos Nicholas Asheshov
Sólo para usuarios suscritos Iván Thais
Sólo para usuarios suscritos José B. Adolph
Sólo para usuarios suscritos Cherman
Ediciones
anteriores


Última Edición: 2270
Otras Ediciones Anteriores
 
 

Inicio > Revista

Personajes El 26 de mayo se cumplen 100 años del nacimiento de John Wayne, el jinete que se casó con una peruana.

El Vaquero Centenario

5 imágenes disponibles FOTOS 

Ver galería

Wayne en 1963, en heterodoxo papel durante el rodaje de “El Fabuloso Mundo del Circo”.

No importa si hacía el mismo papel si lo que hacía estaba bien. Arquetipo del vaquero rudo, a John Wayne la pistola no lo soltó nunca. Pero le gustaba, se dejó encasillar así como a Buster Keaton –cuenta la mitología– lo obligaron a firmar un contrato según el cual el acróbata del cine mudo no podía sonreír jamás.

Con la pistola en la mano, Wayne no tenía que actuar. Bastaba con su talla de efigie y una recomendación de su sello: “Habla despacio, habla lento, y nunca hables mucho”. Rápidamente se convirtió en el héroe de las “coboyadas”. Disparaba en un oeste de una podredumbre sin coto y en los ciernes de su fundación descarnada, lo que encajaba con su hoja de vida.

El “Duque” emergió de la pobreza y fue un alumno normal encaminado a destacar como jugador de fútbol profesional, pero una lesión lo marginó. Por su tamaño, sería reclutado para fungir de extra en diversos westerns. Hace amistades varias hasta que el director Raoul Walsh le da su primer protagónico en “La Gran Jornada” (1930). Wayne aprende a cabalgar.

El filme no fue el éxito esperado, pero a partir de aquí nace la leyenda. Fue Walsh quien dio a Marion Morrison el nombre artístico de John Wayne, que a su vez era pirateado de Anthony Wayne, general de la Guerra de la Independencia de los Estados Unidos.

En 1939, con “La Diligencia” de John Ford, Wayne no pide permiso para insertarse en el inconsciente colectivo. A veces lograba deslizarse de su imagen petrificada en el séptimo arte (por ejemplo, se cuela en el traje de un centurión en “La Historia Más Grande Jamás Contada”), pero esto nunca fue para Wayne una prioridad. Era lo que mejor sabía hacer y se entregó a los numerosos “Ríos” dirigidos por Howard Hawks. Hollywood lo distinguiría en 1969 por “Temple de Acero” de Henry Hathaway, en el que interpreta a un sheriff tuerto y renegón.

Uno puede seguir siendo el mismo, aunque el tiempo pase y no entiende de estas cosas. El John Wayne crepuscular y agónico asoma cuando el western empieza con el recuento de sus postrimerías. El “Duque” gana en matices y desencanto ante el mundo, aunque él no se dé cuenta. El errante de tristeza incurable que ya no puede imponer su autoridad a los indios con la destreza de antaño es evidente en “Más Corazón Que Odio” de Ford, o en “El Pistolero” de Don Siegel, en su último rol para el cine en 1976. Tres años después, en un 11 de junio, fallecería de cáncer al estómago.

Wayne, el Latino

Nacido en la tierra de los crossovers, los EE.UU., Wayne buscaría su propio crossover. La cultura latina se apoderó de su atención. Wayne dirigió un único filme (“El Àlamo”), donde el español no le molestaba para nada. En su epitafio figuran estas palabras sin traducción: “Feo, Fuerte y Formal”. En las lides del corazón, las latinas eran el objeto del deseo. La piurana Pilar Pallete fue una de ellas (pertenecen al grupo Josephine Saénz, hija de un cónsul panameño, y la mexicana Esperanza Baur). Son varias las versiones de cómo se conocieron Wayne y Pilar, quien en los ’50 estaba casada con Dick Weldy, entonces ejecutivo de Panagra. Weldy los habría presentado, otros dicen que se conocieron en Tingo María durante el rodaje de “Sabotaje en la Selva” –al que Wayne iba para husmear y divertirse–, e incluso cuentan que el romance cobró fuerza en una jarana conducida por Chabuca Granda. Lo único concreto es que Pilar fue la tercera esposa del “Duque”, y la más prolongada de todas. Ambos tuvieron 4 cuatro hijos: Aissa, John Ethan, Matthew y Marisa. En 1984 la oriunda de Piura se casaría con el magistrado Stephen Stewart. Actualmente vive en los EE.UU., sin ocurrírsele ni remotamente aprovecharse de la fama del célebre vaquero.


 


anterior

enviar

imprimir

siguiente
Búsqueda | Mensaje | Revista