Fotografía A 30 años del punk, libro y muestra “Rockers” homenajea el itinerario de vida del movimiento rockero. El new wave, el glam y las guitarras pesadas lo celebran.
Fotos, Drogas y Rock & Roll
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Pura actitud. El Duque Blanco, David Bowie, desafiando a la audiencia cual boxeador en el Madison Square Garden de Nueva York, año 1974. |
No hay una fecha exacta, pero se dice que este año se cumplen 30 años del punk. Un género que incendió el
establishment y que en su actitud anarquista se hermanó con el glam o la electrónica, pares musicales que resuenan aparentemente en otro polo aunque no menos iconoclastas. No por nada bandas punk como The Clash fueron mucho más que punk, y Brian Eno fue el estratega terrorista desde sus sintetizadores.
Recientemente, el fotógrafo Bob Gruen (Nueva York, 1946) reunió en una exposición y libro imágenes míticas de la cultura rock. La trayectoria de este compendio, coincidentemente, abarca aproximadamente tres décadas.
En Latinoamérica, hasta el momento, sólo Sao Paulo ha gozado de la muestra “Rockers”. Sólo Sao Paulo ha contemplado a Sid Vicious embarrándose con un hot-dog o a Joe Strummer deambulando solitario en las aceras neoyorquinas a tamaño gigante, porque el vitalismo del punk escondía una lágrima por el mundo corrompido.
Gruen no fue un fotógrafo que pidió permiso para entrar a la fiesta. Él era parte de la fiesta. Hasta subía a tocar la trompeta durante los recitales de The Clash. Así tuvo licencia para fotografiar a Keith Richards abrazando a Tina Turner, felices y borrachos. Así logró captar a Kiss revolcándose con una tropa de groupies, en los previos a la acción.
Y viajó con ellos por el mundo, además. Con Kiss en Bangkok y Tokio, devorando a Godzilla; con Turner –parapetada en tacos y lentejuelas– admirando la Torre Eiffel.
Aunque, inevitable, siempre volvía a Nueva York. Y del ojo de perito de Gruen proviene aquella foto icónica de un John Lennon sereno, protegiéndose de la luz con sus clásicas gafas y luciendo un polo sin mangas con tres palabras (New York City) que en su sencillez lo convierte en el mejor de los homenajes.
En Sao Paulo estuvo CARETAS para rendirse al lente de Gruen. O a sus imágenes, mejor dicho. Imágenes que por momentos parecen salirse del encuadre por su urgencia desarmante. Y para captarlas, el fotógrafo estuvo en el momento y lugar preciso, para perennizar un instante que de subestimada música adolescente, pasó a ser la más reclamada de las bandas sonoras. (JT)