Historia “Un Banco de EE.UU. buscó, sin éxito, cobrar millones por bono de mil dólares oro”.
Los Bonos Dreyfus
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Augusto Dreyfus: movió complicidades políticas en el Perú para estafar al país. |
Durante el segundo trimestre de 1975, recibí la llamada telefónica de un banquero de Nueva York y después una carta suya, donde me adjuntaba una copia fotostática de un bono de mil dólares, emitido por el gobierno peruano en 1875 con motivo de la deuda que cien años antes contrajo al buscar una solución financiera al problema que se le presentó con el famoso contrato Dreyfus, relativo a la exportación y venta en Europa del guano de las islas del litoral peruano. En forma confidencial, el banquero me informó que un cliente peruano, que nunca descubrí quién era, le había entregado el original del bono, solicitándole que actúe como titular del mismo y que trate de cobrarlo. Inicialmente me pareció una locura querer cobrar ese bono después de cien años de su emisión y tras estar largamente vencido, pero como tenía que darle alguna respuesta al banquero, decidí averiguar la historia del bono.
Resulta que entre 1840 y 1880, con el ‘descubrimiento’ y explotación de las extraordinarias propiedades del guano de las islas de Chincha –por aquel entonces se decía que “sin ser un santo, producía milagros”–, se comenzó a exportar grandes cantidades de guano, principalmente a Inglaterra, a través de la firma inglesa Gibbs, después por Grace & Co. y, finalmente, por la firma francesa Dreyfus y Hermanos. Esta última firma, formada en 1852, fue constituida por los hermanos Jerónimo, Isidoro y Próspero Dreyfus. Posteriormente se incorporó el hermano Augusto, que vivía en el Perú.
Entre 1847 y 1868 se exportaron 1’459,000 toneladas de guano. Las ventas se concretaban por medio de consignaciones. Se estima, sin embargo, que por falta de un adecuado control por parte de las aduanas, el volumen real exportado pasó los 7 millones de toneladas, valorizadas en 218 millones 600 mil soles, una fortuna sin precedentes para la época. Cuánto se pudo haber hecho con esos ingentes recursos. Sin embargo, los permanentes déficit fiscales, y las ambiciosas y apresuradas obras públicas, generaron gastos superiores a los ingresos.
El guano se convirtió en el principal soporte de la economía peruana, al llegar a representar más del 60% de los ingresos fiscales, en momentos en que las finanzas nacionales atravesaban momentos muy difíciles. Como suele ocurrir en estos casos de riqueza inesperada, donde erróneamente se piensa que los recursos son inagotables, el Gobierno peruano gastaba anticipadamente los ingresos por la venta del guano, obteniendo préstamos a cuenta de futuras exportaciones. Por otro lado, el gobierno se endeudó y gastó elevadas sumas de dinero en su guerra con Bolivia.
Se presentó un serio problema al descubrirse que la firma Gibbs compraba el guano en Perú a 15 dólares la tonelada para luego venderla en Inglaterra a 50 dólares. Esto obligó al gobierno a suscribir un contrato de exclusividad con la firma Dreyfus, quien a su vez se comprometió a otorgarle créditos a cuenta de futuras exportaciones, dedicando parte de los recursos económicos que generaban las exportaciones de guano al pago de la elevada deuda externa del Perú.
Aprovechando de la ‘bonanza’ que representaban estas exportaciones, el Gobierno peruano emprendió un ambicioso programa de construcción de ferrocarriles, en especial el de la Oroya (construido por el afamado ingeniero Enrique Meiggs), que lo llevó a endeudarse aún más, principalmente con Dreyfus, quien ya estaba pagando la deuda externa peruana anterior. Al producirse una crisis y un conflicto internacional, se saldó la deuda con Dreyfus con varias emisiones de bonos representados en dólares de oro.
El gobierno peruano de inicios de los 30 logró un acuerdo con la mayoría de sus acreedores externos y redimió o canjeó gran parte de su deuda pasada. Para dar por culminado su esfuerzo, el Ministerio de Hacienda de esa época colocó avisos en las principales capitales de Europa y en los Estados Unidos para rescatar todos los bonos Dreyfus aún sin redimir fijando plazo para la oferta. Se presentaron todos los tenedores de bonos, menos los propietarios de tres bonos de mil dólares cada uno.
Con todo lo descubierto hice un calculo actualizado del valor del bono en cuestión que, por tratarse de mil dólares en monedas de oro de 18 quilates, y por tener intereses acumulados por cien años, resultó valer 97 millones 500 mil dólares. Llegué a esa elevada cifra al considerar el valor actualizado de las monedas de oro. Hay que recordar que el valor de la onza oro de aquella época se ha multiplicado varias veces hasta llegar al valor presente de más de 320 dólares.
Enrique Chirinos Soto me concertó una reunión con el general Francisco Morales Bermúdez, entonces ministro de Economía y Finanzas. Durante la reunión, el ministro manifestó que efectivamente sabía que aún quedaban dos bonos pendientes de cancelación y expresó su deseo de redimirlos. Pero no estaba dispuesto a pagar el monto que yo había calculado y solicitó que hagamos una oferta firme, pero razonable.
En coordinación con el banco norteamericano, y ellos con su cliente anónimo, decidimos solicitar 25 millones de dólares para luego negociar hacia abajo. Estábamos bien avanzados en nuestras negociaciones, y muy cerca de un arreglo interesante, cuando sorpresivamente se produjo el levantamiento de Morales Bermúdez en Tacna, el 29 de agosto de ese año, y nunca más se pudo revivir el tema. Caso archivado en el basurero del olvido. Cosas de la vida. (Claude Ward)