Opinión
Punto Suspensivo
Cuando nací, un lejano 13 de Agosto por la madrugada en la ciudad Nicaragüense de Matagalpa, estaba, según me cuenta mi tía Lala, haciendo mucho frío. Desde entonces tengo un hondo cariño por el calor y, por alguna razón misteriosa, por el peligro. Fui combatiente de una guerra sangrienta y, como lo saben mis compañeros, jamás experimenté temor.
En las calles de Lima recuperé lo perdido y esa extraña cosquilla en medio de las piernas producidas por el miedo. No. No me asaltaron. Fue al cruzar la calle, en ese lugar donde unas rayas blancas indican zona de seguridad para los peatones. Nadie se detuvo. Más aún: ni siquiera me vieron. Si no hubiera retrocedido con las manos trémulas y un aguijón de terror en el trasero, sería ahora mismo hombre muerto.
Minutos después tres jovenzuelos pretendieron pasar de una vereda a otra y un taxi estuvo a punto de atropellarlos. Uno de los muchachos gritó un insulto impublicable y sabroso. El taxista no lo oyó. De haberlo escuchado se hubiera detenido para responder con energía en defensa de las virtudes de su mamá. Miré asombrado la ansiedad de los conductores, en el rostro, en el timón, en la puntualidad frustrada, en las ruedas y hasta en la linda rodilla cubierta por un horrible pantalón de dril azul.
Desde ese día decidí no caminar por las calles de Lima y mejor acercarme en carro a los más espectaculares jardines de América. Lima es una ciudad acariciante. A donde se envíe la mirada hay nidos de flores, los colores del arco iris están repartidos con igualitaria equidad. En días próximos volarán como mariposas con alas espectaculares las fuentes más altas del mundo, según me dijo el alcalde de Lima, el cual me invitó a conocerlas. Cada día me gusta más Lima, y para deleitarme con su gente y costas habitadas por limeños inmunes al frío y a la soledad, no saldré a caminar, ni siguiera protegido por un seguro de vida.
La comida del Perú es la más rica del planeta, y para saborearla llegaré a los restaurantes en mi modesto carro diplomático y me bajaré por el lado de la vereda... (Tomás Borge)
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(*) Único sobreviviente de los fundadores del Frente Sandinista de Liberación Nacional de Nicaragua y embajador de su país en el Perú.