Internacional Retiro de licencia de televisora venezolana con más de medio siglo enciende la mecha de protestas estudiantiles e internacionales contra Hugo Chávez.
Venezuela : El Palazo de Miraflores (VER)
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Caracas, martes 29. Manifestante devuelve una bomba de gas lacrimógeno en marcha a favor de la libertad de expresión. |
Hugo Chávez cruzó el charco. El cierre de Radio Caracas Televisión significa un inevitable punto de inflexión que termina de esfumar los argumentos de quienes lo describen como demócrata de nuevo cuño y ganador imbatible de diez elecciones. En Venezuela muchos sí se dieron cuenta. Su decisión de no renovar la licencia de RCTV tras 53 años en el aire encendió una serie de protestas que dejaron chicos los “cacerolazos” de antaño.
La chispa se encendió en la ciudad de Valencia. Los estudiantes de la Universidad de Carabobo demostraron no tener un pelo de tontos y se enfrentaron a la Policía. Las cifras oficiales arrojaron cuatro heridos de bala.
Pero el reguero corrió más rápido que la lengua de Chávez. El lunes 28 y el martes 29 las calles de Caracas fueron tomadas por miles de universitarios. Las manifestaciones, en un principio pacíficas, fueron disueltas a punta de gases lacrimógenos y perdigones.
Un total de 107 menores fueron detenidos por las protestas.
El frente interno hizo eco. El vicepresidente de la Conferencia Episcopal Venezolana, monseñor Roberto Luckert, calificó el cierre de RCTV como “el más grave error político” de Chávez.
El organismo empresarial, FEDECAMARAS, condenó la “desproporción de poder” en el país y personajes de la endeble oposición, como el gobernador del Zulia y ex candidato presidencial Manuel Rosales, advirtieron que el gobierno buscaba satanizar como golpista la protesta.
Afuera cayó palo desde todas partes. La Unión Europea y organismos como el Instituto Internacional de la Prensa manifestaron su desacuerdo.
La Vergüenza de Venevisión
Entre los mandatarios en ejercicio, el más explícito fue el costarricense Óscar Arias. “Cada vez que se cierra un medio de comunicación es una herida mortal para cualquier sistema democrático, es una pequeña dosis de democracia que se le resta a la sociedad”, declaró interceptado por periodistas. Chávez respondió amenazándolo con cerrar una planta procesadora de aluminio, propiedad del Estado venezolano, que emplea a 400 personas en Costa Rica.
Lula da Silva volvió a quedar descolocado frente a su aliado. Para él, la revocatoria de la licencia “es un problema de la legislación de Venezuela”. Ante tanta tibieza, dos ex mandatarios brasileños, Fernando Henrique Cardoso y José Sarney fueron sumamente severos.
La chilena Michelle Bachelet, de visita en Finlandia, declaró que su país “observa esta situación esperando el resultado del análisis que la Corte Interamericana definirá con todos los datos a la vista”. Calificó la libertad de expresión como “regla de oro”.
En un principio el presidente Alan García fue demasiado cauto.
Pero luego dijo que le “duele que se cierre un medio” y que esperaba que el cierre de RCTV no se convirtiera en una muestra de política de Estado.
Aunque se precisa de más energía para condenar el atropello de Chávez, el gobierno no estaba dispuesto a llevar la discusión al terreno bilateral. Desde el Ejecutivo consideran preferible que se pronuncien los organismos de la sociedad civil y, de ser posible, el Congreso. Así ocurrió en Chile, donde el Parlamento condenó la decisión de Chávez y la consideró “fascista”. En Lima la parlamentaria de Unidad Nacional, Lourdes Alcorta, presentó una moción al respecto. Según el diario La República, la presidenta del Legislativo Mercedes Cabanillas consideró inadecuado votarla en el pleno. Torre Tagle, empero, hubiera celebrado en silencio.
El drama del zarpazo chavista contra RCTV se ve matizado vergonzosamente por la actitud de Venevisión, estación del grupo Cisneros, conglomerado familiar que constituye la primera fortuna de Venezuela y la segunda de Latinoamérica, según Forbes. El grupo acaba de anunciar una nueva inversión de US$ 200 millones en la cervecera Backus del Perú.
El hecho es que actualmente la programación de Venevisión se concentra casi totalmente en el entretenimiento y su único noticiario lo transmite a las 12 de la noche, evadiendo temas políticos y enfatizando los policiales.
Más aún, Cisneros es ahora dueño de Direct TV en Latinoamérica y allí le ha dado un canal al gobierno chavista. Se llama Telesur y se dedica a difundir las peroratas de Simón Gorila y sus encuentros con Fidel Castro, Néstor Kirchner o cualquier otra figura que se le ponga a tiro.
La componenda con los grandazos refleja una situación que, en palabras del especialista Marcelino Bisbal, “no tiene precedentes en la historia política del país. En Latinoamérica ningún gobierno había tenido tanto interés en el asunto de medios ni concentró tal cantidad de unidades de comunicación en sus manos” (El Universal, 28 de mayo).
Mientras tanto, el programa Aló Presidente ha pasado ser diario, durar hora y media y a tener que ser tragado en varias cadenas hasta con las arepas. Chávez controla 10 de los 12 canales TV/VHF y ya amenazó a Globovisión, el ahora solitario canal opositor de señal abierta. La revisión de las licencias de radio también está en la mira.
Crudo, Crudo
¿Estamos ante el Waterloo de Simón Gorila? Lo ocurrido remite instintivamente a la toma de la televisión por parte del gobierno de Velasco (ver recuadro), pero probablemente sea más comparable con el posterior secuestro de los diarios.
Igualmente, la masiva protesta estudiantil trae a la memoria la resistencia organizada contra Fujimori. Pero para ello debió detonar el vídeo Kouri-Montesinos. Buena parte de la prensa ya había sido capturada y el canal de Baruch Ivcher fue tomado, vía golpe de estado accionarial, cuatro años antes.
Un influyente miembro del gobierno vaticina que el régimen de Chávez solo hará implosión con una crisis económica de por medio. Ello guarda relación directa con el precio del crudo, que representa más de la mitad de ingresos del Estado venezolano. En julio del año pasado el barril alcanzó el récord histórico de US$ 77.03. Según el Wall Street Journal, en el 2006 el gasto fiscal de Chávez aumentó en un desorbitado 43%, que incluye los programas sociales y el petróleo subsidiado para los países amigos. A pesar del caño petrolero, el gobierno continúa realizando emisiones de bonos de deuda. Las reservas acumuladas son de US$ 36 mil millones.
Con todo, a Chávez todavía le queda mucha gasolina. El presupuesto del 2007 se basa en un precio del crudo de US$ 29 y el promedio anual está alrededor de US$ 58.
La futurología política invita a especular sobre el momento en que el descenso del precio afectará la permanencia de Chávez en el poder.
El cálculo más puntual lo hizo el español José Ignacio Castillo del Instituto Juan de Mariana, que ha cruzado las variables de la caótica política de gasto chavista y las crisis por las que ha pasado anteriormente. Según él, “difícilmente resistiría en el poder” si el petróleo se mantiene en US$ 40 por más de un año y medio. Mientras eso no ocurra, solo el pulso de la calle podrá ser capaz de lograr que Chávez afloje su “remono” control remoto. (E.CH.)
La Noche con Velasco
General Juan Velasco disfrazó tomas de los canales a través de esquemas de propiedad social. |
La familia Delgado Parker no se asoció a gobierno militar y salió del país. |
Genaro Delgado Parker recuerda bien la toma de los canales de TV en el Perú por la dictadura del general Juan Velasco Alvarado.
“Fue el 9 de noviembre de 1971, el día de mi cumpleaños”, dice. “Camiones con tropas del ejército llegaron a todos los canales sin previo aviso, decreto o resolución, y asumieron el control”.
En esa época Canal 2 pertenecía a Juan Carlos Cavero de Radio Victoria, los canales 4 y 9 eran operados por Nicanor González (padre) y Antonio Humbert, de América Televisión, y en el 5 estaban los hermanos Delgado Parker de Panamericana. El 7 era del Estado y el 13 se dedicaba a transmisiones educativas.
Al día siguiente se publicó en El Peruano una Ley de Comunicaciones estableciendo que el 51% de las empresas televisivas pasaban a manos del Estado y el 25% de las radiales.
Por coincidencia, recuerda Delgado Parker, en esa fecha Fidel Castro pasaba por Lima, viajando desde Chile, y en el curso de la prolongada pascana que hizo en el aeropuerto Jorge Chávez amenizada con más de un pisco sour, Velasco le mostró muy orondo la ley en cuestión.
Esa noche el ministro de Transportes y Comunicaciones, el general EP Aníbal Meza Cuadra, se presentó en todas las pantallas y diales justificando la toma de medios tan dedicados a promover el consumismo reaccionario, la pornografía comercial y los principios extranjerizantes y antirrevolucionarios.
Poco después fueron citados al ministerio los afectados para realizar una sucesión de entrevistas individuales con el general.
“A mí me dijo muy cordialmente que lo sucedido era muy bueno para nosotros, pues nos habíamos hecho socios de un gobierno poderoso”, evoca Delgado Parker. “Podíamos seguir normalmente con toda la programación comercial, deportiva, etc. y lo único que se reservaba el Estado era el control noticioso y político”.
“Yo le agradecí el cambio de tono, pero manifesté que no creía que en lo personal sería un buen socio, que había decidido con mi familia dejar el país, que se podían quedar con nuestra parte y me fui”.
Genaro salió hacia Buenos Aires, su hermano Héctor residió durante años en Caracas y Manuel en Estados Unidos.
“Lo nuestro”, dice Genaro, “fue el preámbulo de la toma de los diarios en una fecha también vinculada a Castro: el 26 de julio de 1974. “La prensa”, asegura, “no hizo mayores espavientos en 1971 cuando el régimen se apoderó de la TV. Después corrió una suerte igual”.
O quizás fue peor. En el caso de América Televisión los hijos de los fundadores y socios como Mauricio Arbulú manejaron los canales con los militares, pero los Delgado Parker recién volvieron al caer Velasco, entusiasmados, según Genaro, por una frase que soltó el general Francisco Morales Bermúdez al asumir el poder. “Opinó públicamente que el más grande error cometido por el proceso militar había sido la toma de los medios de comunicación. Pero después no los devolvió en cinco años”.
Los Delgado Parker fueron viniendo al país y Genaro señala que colaboró con la Asamblea Constituyente en la elaboración del artículo 81 de la Constitución de 1979, que establece que la prensa, la radio y la TV no pueden ser monopolizadas por el Estado ni por particulares. Este criterio se ha repetido en la Constitución de 1993.
Lo curioso del caso de la toma de la TV peruana es que nunca se expropió formalmente, ni tampoco se pagó por su usufructo al devolverse.