Fútbol Fútbol peruano entre jugadores renuentes a jugar en Cusco, vetos a la altura y una prensa de posturas imprecisas.
Indecisiones a la Redonda
 |
“Foquita” en el Llano Jefferson Farfán, responsable directo del primer triunfo ante Ecuador obtenido en España, firme en su posición: “Me afecta jugar en altura. He ido con Alianza al Cusco, y me da mareos”. |
Ante el vaivén anímico del periodismo deportivo local, el profesor universitario y comunicador social, Jaime Bailón, resume su análisis así: “Hay que considerar a la prensa deportiva como un eslabón más de la literatura fantástica peruana. Allí el ingenio es extremo, a veces asombroso y de alta calidad. Pocos países con tantas derrotas deportivas, como el Perú, cuentan con esta presencia desmesurada de medios dedicados a estas disciplinas, especialmente al fútbol”.
Lo que ocurrió en los últimos días y la probablemente tendencia de los hechos, tanto de la noticia misma o del imaginario periodístico: al cierre de la edición, Perú y Ecuador aún se preparaban para el segundo choque en tierras ibéricas, a disputarse en Barcelona. Lo más seguro es que el resultado del cotejo cambie por completo, nuevamente, el panorama de las redacciones. En los últimos días, los titulares de los diarios deportivos impresos y on line han evolucionado desde “Perú no Jugaría la Copa América” hasta “Pisao Pisao en España”, este último por la primera victoria de la nueva era Uribe. Como los adolescentes clasificarían, el fútbol es “todo”, aunque también puede ser nada y sirve para hablar de cualquier cosa. Días antes, la novela ocurrió en otro tópico. La FIFA intentó –y sigue intentado– prohibir la disputa de partidos internacionales en estadios por encima de los 2,500 metros sobre el nivel del mar. Medida discriminatoria, sin duda, porque igual de salvaje es jugar en un lugar por debajo de los 20 ºC, con temperatura de horno, o propenso a las batallas campales. Los chauvinismos saltaron, y lo extra deportivo se comió lo deportivo. El periodismo y la política se colgaron del coche, y el presidente Alan García puso lo suyo (“Es una decisión europeísta y etnocentrista”). Pocos hicieron, sin embargo, la pregunta que debería hacerse, teniendo en cuenta que, mínimo, se requiere de tres semanas para correr como un coyote cerca del cielo: ¿Qué es lo que más le conviene al Perú? Los propios jugadores les echan tierra a los alardes patriotas e, indirectamente, no se oponen –es un decir– al siniestro fascismo teledirigido desde Zurich: