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Sociedad Los avisos de servicios sexuales en medios de comunicación serán prohibidos. Dinámicas de un negocio amenazado y la oportunidad para un “Hugh Hefner Peruano”: los anuncios por SMS.

La Guerra de los Avisos Sexuales (VER)

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Los avisos de servicios sexuales en medios de comunicación están a punto de ser prohibidos. Un proyecto de ley al respecto, el 00293 del congresista aprista Daniel Robles, ha sido aprobado en primera votación el 4 de mayo último. Esto ha supuesto diversas reacciones. Las anunciantes, pragmáticas mujeres de negocios al fin y al cabo, ya están pensando en medios alternativos (¿avisos de “charapitas ardientes” por SMS?). Pero para una casa editora, aquella que publica diarios como El Trome y El Comercio que abundan en oferta publicitaria de esta índole, la anunciada abstención generó reacciones más inflamadas: entre ellas, un proyecto de comunicado en donde se aludía a derechos constitucionales, se citaba a la OIT, e inclusive se refería al “deber” de prestar servicios publicitarios a estas esforzadas emprendedoras. Una de las tantas aristas de los avisos en cuestión en su probable hipérbole, por no hablar de publicidad engañosa. ¿Quién certifica que la autoproclamada kinesióloga A-1 es tal? (¿y no D – 5?). Deben sobrar voluntarios amateurs, que de manera desinteresada estén dispuestos a la certificación de rigor. Mientras se reglamenta y/o decide el futuro de este proyecto legislativo, he aquí la dinámica de un negocio –además de curvo– redondo.

El sueño americano en versión posmoderna: Clara –llamémosla así– es una chica oxapampina de ojos claros, piel blanca y carnes generosas que vive en Los Olivos con su familia. Cuando cumple la mayoría de edad decide independizarse y busca algún lugar barato pero bien ubicado donde vivir. Encuentra un garaje en San Borja que viene con baño completo y un colchón en el suelo. Se instala y pone un vistoso anuncio en la revista ‘Cueros’, que le cuesta quinientos dólares.

Es una inversión rendidora. Al mes ya ha amoblado su garaje: tiene una cama king size, televisor a colores, refrigeradora y un pequeño juego de sala. A los tres meses ya el garaje le queda chico y se muda a un departamento en San Isidro, segundo piso (en el primero funciona un nido). Al año tiene departamento propio y ha subido su tarifa a cien dólares la hora. Al año y medio estrecha la relación con uno de sus clientes, un norteamericano. Se casan. Se van a vivir a Orlando, Florida. Actualmente Clara es un ama de casa perfectamente adaptada al american way of life, amante esposa y madre de dos niños.

La historia la recuerda Jorge Montoya, director de ‘Cueros’ y autoproclamado el “Hugh Hefner Peruano” (en confianza, “Pornoman”), como uno de los ejemplos más notorios que conoció de progreso trepidante en base a una modalidad de prostitución que ha ido creciendo progresivamente en el mercado del sexo en Lima: la de las call-girls, chicas con departamento propio, que trabajan independientemente, generalmente estudian carreras universitarias o técnicas y por eso mismo poseen un grado mayor de cultura general, y que además tienen tarifas accesibles. E ingresos espectaculares (ver cuadro).

“El ochenta por ciento de los anuncios que encuentras en la sección ‘Relax’ de El Comercio son de ese tipo de chica”, dice Montoya, con conocimiento de causa. En contraste, el veinte por ciento restante suele representar la cara más sórdida del negocio.

Víctimas de su propio cuerpo

Nótense los avisos que anuncian varios nombres, servicios de sauna, masajes, etc., y terminan con la frase “necesito señoritas”. También los que promocionan a una sola chica pero muestran varios números de celular o sólo servicios a domicilio. Según el libro El Cliente Pasa Desapercibido (Lima, 2004), publicado por Save The Children, aquí se puede identificar, a grandes rasgos, dos formas de explotación sexual. La primera es la de los “circuitos abiertos”, en la que operan agencias que ofrecen servicios delivery. El cliente llama y conversa con una mujer, supuestamente la que ha puesto su nombre en el anuncio, pero generalmente una administradora o “mami”. Esta tiene a su cargo un grupo de chicas que no están físicamente con ella. La “mami” ubica a la joven designada para hacer el servicio por medio del celular y le indica a dónde debe dirigirse. Los “circuitos cerrados” funcionan de manera similar, con la diferencia de que todas las chicas están recluidas en una habitación esperando a ser llamadas. Las agencias tienen apariencia de casas y pueden funcionar también como proveedoras de night clubs.

Save the Children explica también el funcionamiento de una red de tráfico de menores, cuya arista pública sólo asoma en los avisos: “(La red) capta jóvenes en la selva y las traslada a la ciudad de Chiclayo, donde permanecen unos meses a cargo de personal que les enseña determinados modales para complacer a los clientes. Después son llevadas a Lima a exclusivos clubes nocturnos ubicados en zonas residenciales. Las menores y adolescentes viven dentro del local vigiladas por personal de seguridad encargado de evitar su huida y, sobre todo, que éstas divulguen el sistema operativo de la red. En estos clubes nocturnos también hay mujeres mayores cuyas edades no exceden los 28 años”. Existen instituciones como el Movimiento el Pozo (www.movimientoelpozo.org), que acogen y defiende a quienes sufren estos abusos.

Firme como un robles

La mayoría de anunciantes del rubro ‘relax’, sin embargo, cubre el perfil de la call-girl, por propia voluntad y sentido de cálculo. Los distritos en los que operan son, principalmente, San Isidro, Miraflores y Lince, y hay una gran presencia de argentinas y colombianas también. Los gastos de alquileres en estas zonas pueden parecer altos, pero la inversión se recupera rápidamente, más aún si el departamento es compartido. Otra forma de conseguir un espacio propio es el alquiler de habitaciones de hotel por días enteros (el costo en Lince es entre sesenta y cien soles). Las tarifas más altas pueden llegar a cien o ciento veinte dólares, y las más económicas bordean los cien soles. Siempre hay ganancia.

El mercado para este tipo de servicio sexual ha crecido tanto que hasta existe una Asociación Civil de Usuarios de Relax, que mantiene una página web (www.perutops.com) en la que los clientes intercambian datos acerca de chicas (ellos prefieren llamarlas “kines”, diminutivo de kinesiólogas), lugares, precios y calidades. Según su principal impulsor, el abogado y acérrimo Armando Flores, la página tiene a más de veinticinco mil usuarios inscritos. Los cuales han puesto el grito en el cielo luego de que el Congreso aprobara la iniciativa del congresista liberteño Daniel Robles para prohibir todo tipo de anuncios de servicios sexuales en medios de comunicación social, incluyendo Internet. “Con esto se podrá salvaguardar los derechos e integridad de los niños y adolescentes de nuestro país”, ha declarado el congresista Robles en varias ocasiones.

“Nosotras vivimos de esto… pero bueno pues, tendré que meterme a trabajar de bailarina en un night club”, dice Candy, improvisando una solución, porque acaba de enterarse de la prohibición. Ella estudia administración en una universidad particular y cobra doscientos soles por hora, cien soles la hora adicional.

–¿Pero no crees que en un night club es más fácil que alguien conocido te vea?
–Mmm… verdad.

Ahora sí se preocupa.

Carla, de 24 años, estudia cosmiatría en un instituto. En cuatro meses termina y entonces podrá dedicarse a hacer masajes profesionalmente. La carrera la ha pagado poniendo anuncios en páginas web como www.placeresdelperu.com, que cobra ciento cincuenta soles por tomarle siete fotos y colgarlas en su site durante un mes. Pero Carla paga doscientos para estar en la sección vip. “Si no puedo poner anuncios, entonces trabajaré con los clientes que ya tengo fijos. Aún me falta juntar para poder poner mi propio negocio de masajes, comprar la camilla, los materiales, todas esas cosas”. Ella todavía vive con su familia y trabaja como call-girl unos quince días al mes. En su casa nadie lo sabe.

Hecha la trampa

Cuando el proyecto apareció, en septiembre del 2006, a Jorge Montoya le cancelaron la versión televisiva de ‘Cueros’. Entonces empezó a elucubrar una manera de sacarle la vuelta. Ya la tiene.

Dentro de unos meses habilitará un servicio de SMS para que el lector silvestre pueda chatear por celular con las chicas que aparecen en su revista. Su empresa ganará por mensaje de texto recibido. “Luego el usuario y la chica pueden quedar en salir si quieren, eso ya es asunto de ellos”, dice Montoya, que confía en el éxito de su idea, “porque este país respira sexo, sólo que vivimos en una sociedad falsamente conservadora. Los primeros consumidores de sexo son los políticos y los alcaldes, luego vienen los empresarios, los empleados, gente de la tele, todo el mundo”. Menos el congresista Robles, presumiblemente.


 


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