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Opinión Venezuela:

Cuando el Silencio Conspira Contra La Democracia

Chávez no sólo admira a Bolívar: se cree su semejante.

La democracia política sólo podrá enraizarse en América Latina cuando esté acompañada de la democracia económica y social. Estas tres, si aterrizan en el campo de las acciones concretas al nivel micro, realmente pueden lograr crecimientos económicos sostenidos, y eliminar los altos niveles de pobreza, desigualdad y exclusión que enfrenta nuestra región.

El ruido de las calles y la impaciencia de los estómagos latinoamericanos exigen que, más allá del “chorreo” del crecimiento, nuestras democracias entreguen resultados tangibles para todos (con empleo digno, salud y educación de calidad, etc.), comenzando con esos 110 millones de mujeres y hombres atrapados por el hambre que hoy mismo tratan de sobrevivir con menos de un dólar al día. Esto es necesario decirlo en voz alta.

Hay evidencias que muestran con claridad que, para producir estos resultados, hay que trabajar simultáneamente en el fortalecimiento de las instituciones democráticas independientes, en el respeto de los derechos humanos, en la rendición de cuentas y con una libertad de expresión y de prensa impecable.

Cuando se acalla una voz, todos enmudecemos. Cuando se mutila el pensamiento crítico, todos perdemos. Y cuando se cierra un espacio de expresión, todos terminamos encerrados en las mazmorras de las dictaduras. Algo de eso está ocurriendo en esa Venezuela que queremos y reconocemos como parte intrínseca de la gran patria latinoamericana. Allí el autoritarismo populista nos quiere convertir en ciudadanos del silencio.

Hoy la conciencia democrática de América está más vigilante que nunca. Y si acaso sea necesario volver a las calles con firmeza para impedir el triunfo de quienes buscan imponer el silencio, lo haremos todos juntos, reuniendo voces de todas las sangres y colores.

Tenemos que estar alertas. Cuando se prohíbe la palabra en alguno de nuestros países, el silencio puede contagiarse a otros territorios, tentando a aquellos líderes que se entretienen con los halagos e ilusiones de estadísticas pasajeras.

Hoy, los ciudadanos libres de la Venezuela hermana están precisamente en las calles, enfrentando a las fuerzas represivas, y son los estudiantes los que enarbolan las banderas de la libertad con coraje y generosidad.

El presidente Hugo Chávez se ha convertido en una figura desestabilizadora en nuestro continente, que silencia a los que piensan diferente y sólo vive para escuchar su propia voz, ver multiplicada su propia imagen. Ignora que en nuestros tiempos la verdadera revolución consiste en escuchar la voz del otro, no en acallarla con medidas de fuerza.

El enemigo común de toda la gran patria latinoamericana es la pobreza, la desigualdad, la exclusión, y no el pensamiento disidente. El hambre no se combate cercenando ideas. El desempleo no desaparecerá amordazando a los que piensan distinto. No hay pan sin libertad, ni patria sin democracia.

En defensa de la democracia

El cierre de RCTV no puede dejarnos indiferentes. Tampoco las amenazas de cerrar a otros medios que formulan opiniones distintas. Los que hemos luchado para conquistar la democracia o aquellos que nos hemos jugado en defensa de los derechos humanos, no podemos callar. Los que enfrentamos al autoritarismo estamos otra vez de pie, convocando la solidaridad continental.

Doy testimonio personal que para recuperar la democracia es indispensable el apoyo solidario y sin ambigüedades de las naciones democráticas y de los propios medios de comunicación del mundo.

Por eso, debemos exigir a todas las fuerzas democráticas latinoamericanas que enarbolen la bandera de la libertad y defiendan la Carta Democrática Interamericana, que en su artículo 4˚ demanda a los estados miembros del continente “el respeto por los derechos sociales, y la libertad de expresión y de prensa”.

Las decisiones internas de cada país merecen rigurosa consideración, pero la democracia no tiene fronteras, así como los derechos humanos y la libertad de expresión no tienen color. Lo digo con claridad: aquí no hay espacio para la ambigüedad frente a un atropello contra la libertad de expresión, sea en Venezuela o en cualquier otro lugar de la región.

Los latinoamericanos esperan que sus jefes de Estado, sus parlamentos, sus fuerzas políticas, la sociedad civil y las propias organizaciones gremiales se pronuncien claramente contra la agresión a RCTV. Y es que el silencio o la ambigüedad pueden caer en la complicidad.

Al compartir estas convicciones, lo hago como ciudadano de América Latina. Con ellas no ofendo ni insulto a nadie. Más aún, siempre seré respetuoso de aquellas opiniones distintas a las mías, pero jamás estaré de acuerdo con quienes prefieren el silencio en lugar de la palabra.

Aquellos que amamos la libertad siempre estaremos listos para impulsar cualquier jornada en apoyo del pueblo venezolano. (Alejandro Toledo PhD* Ex Presidente del Perú)

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*Actualmente reside en Palo Alto, California, al lado de la Universidad de Stanford, y reitera en esta colaboración la actitud abiertamente contestataria que asumió cada vez que se encontró con Hugo Chávez en eventos internacionales.


 


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