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Medio Ambiente Animales rescatados del Mercado Santa Anita buscan calor de hogar. Perros, gatos y hasta un chivo están en lista de espera.

El Arca de Santa Anita

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Fabiana Portal, Corinne Schirmer y Vanesa Torres rodeadas de cinco perros que Corinne recogió de la calle. Además, Schirmer vive con seis gatos, también callejeros.

Los ojazos de la gatita Kía son más efectivos que los palos, las piedras y los niños-escudo. Kía, junto a un gran número de gatos y perros abandonados por los ex comerciantes del Mercado Santa Anita, ya consiguió techo propio. Pero otros, muchos más, siguen a la espera. Sus armas para conseguirlo son suaves melenas, calientes ronroneos de panza y lamidas a discreción.

Vida de Perros

El desalojo de los comerciantes del mercado fue un drama social de semanas (ver Caretas 1977 y 1978). Primero fueron amedrentados con helicópteros, huaynos a todo volumen, y cortes de agua y luz eléctrica. Luego, para cuando los escuadrones de la policía femenina y los 2 mil ‘Robocops’ de bakelita –policías de la Unidad de Servicios Especiales– entraron al mercado, los comerciantes ya habían resuelto abandonar el local. Los animales, tanto las mascotas como los de corral, quedaron sueltos o abandonados a su suerte en medio del caos generalizado y a lo largo de un terreno de 82 hectáreas. Para cuando el portatropas tumbó la puerta principal del cerco del mercado, el desalojo había terminado y muchos animales yacían muertos (por falta de agua y alimento). Los miembros de UPA (Unidos Por Los Animales) fueron testigos de ello, pues entraron desde el segundo día del desalojo. Llevaron agua y alimento para patos, perros, conejos, gallos, gallinas, gansos, una llama y un caballo. Según Corinne Schirmer, miembro de UPA y gerente de la Cámara de Comercio Suiza en el Perú, pudieron contar cerca de 200 animales sólo entre los perros y gatos del lugar. Ella, junto a la periodista Fabiana Portal y la arquitecta Vanesa Torres (también de UPA), intentaron multiplicarse para atender a todos los cuadrúpedos.


 


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