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Edición 1982

28/Jun/2007
 
 
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Perú golea a Uruguay por 3-0 en la inauguración de la Copa América, y seduce. ¿Optimismo se desinflará ante Venezuela?

Embestida Copera

5 imágenes disponibles FOTOS 

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Centro preciso de Farfán y la cabeza del central Villalta no perdona. Aunque, es cierto, el guardavalla Carini pudo hacer algo más.

Cuando Juan Carlos Mariño aplica el fulbito en el gramado sin desatender el fútbol, engancha varias veces hasta que se tropieza con un rival y pierde la pelota, el volante no se queda allí cual Waldir Sáenz. Mariño se rehace, se barre, persigue al contrario como si éste fuera un ladrón que le acaba de robar, y lo traba o recupera el balón, con la suficiente ‘piconería’ de quien homenajea rudamente el “Fútbol Macho” de la Copa Perú, aunque el Perú-Uruguay se jugó en una Copa Continental. Es una señal auspiciosa, y 26 millones de peruanos esperan que sea una constante. Ilusionarse es fácil.

Y Mariño hace que lo difícil sea fácil. Desborda por el costado derecho del campo, saca el zapatazo como si estuviera en el Estadio Garcilaso de la Vega y no en el Estadio Metropolitano de Mérida, y manda la pelota al ángulo, por encima del brazo izquierdo del portero Fabián Carini. El 2 a 0. El primer tanto, un cabezazo del central Villalta. La diana que estampa la goleada, el 3 a 0: Guerrero la empuja al fondo luego de centro rasante de Andrés Mendoza, a quien al fin le sale una.

Salud por la goleada, pero Perú ha empezado con su típico entusiasmo con el que bautiza una competición. Lo que, triunfalismos aparte, es una pésima señal. En las competiciones siempre va de más a menos. Entonces la pregunta sensata debería ser: ¿Se sostendrá esto? La nómina del DT Uribe no da señales a largo plazo. Ha llevado tres arqueros, la falta de volantes creativos es ostensible, hay una sobrepoblación de delanteros, y en un esquema de 3-5-2, tan pendiente de los laterales, dejó de lado a Prado. Para el colmo, Vargas se lesionó. García y Farfán, delanteros de vocación, cuando cubren el medio campo parecen –parafraseando a la tenista Sharapova cuando se refiere a su desempeño en el polvo de ladrillo– vacas sobre hielo. Aunque por lo mismo, en algo que ya ni debería mencionarse porque es el “Coquito” del fútbol, no dejan de verticalizar cuando la pelota está en su poder, y eso es mejor que una poesía o juego bonito que va de oriente a occidente, sin llegar nunca al arco. Esa laguna contradictoria fue notoria cuando Mariño, volante nato, ingresó al campo, puso picardía y un fulbito corajudo pero funcional a un deporte de 11 contra 11.

Los vacíos están compensados, felizmente, por el despliegue físico de los seleccionados. Todos corren, marcan y meten. Hasta Pizarro, a quien hay que reconocer, más allá de su inamovible arrogancia hacia los medios de comunicación, que nunca ha sido un “pecho frío” cuando se ha puesto la franja patria. Bazalar, en cambio, pese a su pundonor y liderazgo, confirmó que el reloj biológico en esta profesión es cruel e irreversible. Por ello, en la entrega cardiaca y muscular, la defensa se lleva las loas. Acasiete, Villalta, Rodríguez y Galiquio como lateral derecho estuvieron impecables en los relevos y, como para alzar las cejas, limpios en las salidas. Vílchez sintonizó con ellos, no defraudó, y la intriga de cómo sería esa banda con Vargas se resolverá en las eliminatorias mundialistas, con un carrilero de incansable ida y vuelta, en lugar de un reemplazante ordenado más dado a la marca. Pero la elasticidad de esas cinturas y piernas trituradoras no tuvieron su hora de la verdad, enfrentadas a un Forlán huérfano en ataque, maldiciendo por dentro, quizá, que por amor de Dios algún compañero uruguayo le ponga un pase gol. Cuando un pericotero tipo Messi embista la defensa nacional, será otra cosa.

Porque por suerte, Perú tuvo al frente a un Uruguay que no hizo nada de lo que su ambición se propuso. El DT celeste Washington Tabárez apostó por un 4-3-3, y su afán ofensivo sólo concluyó en una atajada de mérito de Leao Butrón, el portero peruano, bloqueo que encima provino de un remate a media distancia, y no de una jugada hilvanada. Imposible imaginar, luego de ver a este equipo trotón, cansino, símil de una selección europea de segunda, que de esas tierras surgiera un Enzo Francescoli que fue la inspiración de Zinedine Zidane, o un Pablo Bengoechea: ambos cerebrales y elegantes, que hacían que cada jugada sea al mismo tiempo un lujo y un aporte. El extraordinario talento del “Chino” Recoba atiende con insistencia lesiones, cuando la tradición del fútbol charrúa no merece que un Estoyanoff lo suplante en una emergencia. En el fondo, Perú y Uruguay padecen el mismo problema, el mismo impasse mundial: la escasez de creativos que inventen y hagan honor a su nombre. (José Tsang)

Perú vs. Uruguay - 1er. gol


Perú vs. Uruguay - 2do. gol


Perú vs. Uruguay - 3er. gol



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