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28/Jun/2007
 
 
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Chávez no es el pionero en aprovecharse del fútbol.

Dueños de la Pelota

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Nicolás Leoz, mandamás de la Confederación Sudamericana de Fútbol, junto a Chávez, presidente venezolano que autorizó la inversión de US$ 900 millones en la Copa.

El show del simio Hugo Chávez encuentra un nuevo escenario: la Copa América. Chávez, desde luego, no es un genio y no ha inventado nada. Los dictadores y el deporte rey juegan en pared desde los tiempos del cine mudo. Aquí un repaso.

Como el primer dictador peruano que tuvo mimos explícitos con las cámaras de televisión, Fujimori se colgó del fútbol, un deporte que gusta a tantos como para ser desaprovechado. El oportunismo se manifestó dos veces. Primero fue una amnistía que el ex presidente otorgó a Andrés “Balán” González, quien asistió a la Copa América del año 91, se peleó con el técnico Company, y fue marginado del equipo. Esa pelea habría privado al atacante, además, de un contrato con la U de Chile. Sin una versión clara del entuerto, “Balán” fue suspendido, pero Fujimori lo perdonó. Y fue por gusto, porque “Balán” siempre estuvo detrás de Maestri, Baroni, y hasta de Carty.

Luego por el 2000, el ex mandatario, pensando en una nueva reelección, se ilusionó con Maturana poniéndose el buzo nacional, pero nunca imaginó que el colombiano prefería el hipódromo.


Otros antecedentes patrios entre la mano dura presidencial y la ‘gordita’: Benavides, quien anuló las elecciones del 36 y también poseía un agudo sentido mediático, organizó un multitudinario recibimiento en Palacio a la selección de fútbol, así ésta se retiró de las Olimpiadas de Berlín. Los excesos del régimen y la crisis económica pasaron a un segundo plano. Algo parecido hizo el ‘Chino’ Velasco cuando celebró la clasificación a México 70, al igual que su sucesor, Francisco Morales Bermúdez, quien le arranchó la camiseta a Julio Meléndez por conseguir el boleto a Argentina 78.

A nivel internacional el asunto fue más bravo. Augusto Pinochet gestó el antishow, convirtiendo el Estadio Nacional de Chile en campo de concentración de prisioneros luego del golpe militar del 11 de septiembre de 1973. En ese entonces se jugaban las eliminatorias al Mundial del 74, y Chile se enfrentó a Rusia. El partido de ida, en Moscú, terminó 0 a 0. El partido de vuelta fue triunfo de los mapochinos por walk over, ya que los rusos se negaron a viajar a Chile ante las atrocidades perpetradas.

El Mundial de Italia 34 fue el juguete del fascista Mussolini, quien corrompió a los árbitros y prácticamente comandó la organización del evento. Cuando llegó la final ante Checoslovaquia, el Duce irrumpió en la concentración con sus guardaespaldas y se dirigió a los jugadores: “Italia debe ganar el mundial. Tómenlo como una orden. Buenas noches”. Los jugadores acataron como buenos soldados, y salvaron sus pellejos.

Como los dictadores tienen mucho de calco, Hitler procedía igual y, según el mito, amenazaba con asesinar a sus jugadores en caso que se rehusaran a seguir sus tácticas. Eso, sumado al alucine de sentirse como superhombres, permitió a la Alemania nazi coronarse en las Olimpiadas de 1936, que ellos mismos organizaron.

Finalmente, un último ejemplo en el que Perú fue el “lorna” de un dictador foráneo. En Argentina, el régimen militar de Videla estaba en el poder. En el 78 los gauchos fueron los anfitriones del Mundial, y para ellos era trascendental alzar la Copa. Sí, nuevamente el papelón de Quiroga, arquero albiceleste que adoptó la nacionalidad peruana y defendió la bicolor. Perú ya estaba eliminado. Para pasar a semifinales, Argentina tenía que vencer a los nuestros por una diferencia de 4 goles. Dicho y hecho: fue un 6-0 que se convirtió en un chiste que ya ni da risa. (JT)


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