Cultural El 6 de julio se cumplen 100 años del nacimiento de la mexicana, que hizo del dolor arte.
Frida Kahlo, Cuerpo y Alma
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The Frame, 1938. Se expuso en París, en 1939. Primera pieza mexicana del siglo XX adquirida por el Louvre. |
Frida Kahlo tenía ya cuarenta y seis años, y había pintado por más de veinte, cuando se realizó su primera exposición en su México natal, en 1953. Pero la delicada salud de la pintora parecía condenarla, una vez más: el día de la inauguración, los doctores le prohibieron levantarse de la cama. Kahlo, quien desde niña soportó sobre su cuerpo los más indescriptibles sufrimientos, no dejó que estos la retuvieran: mandó instalar su cama dentro de la galería; llegó anestesiada, en ambulancia, pero participó en el evento.
Semanas más tarde, y debido a los grandes dolores que le producía, hubo de amputársele la pierna derecha hasta la rodilla.
Sufrida Kahlo
Aunque ella solía decir que había nacido junto al nuevo México, en 1910 –año en que se inicia la revolución, luego de la dictadura de Porfirio Díaz–, Magdalena Carmen Frieda Kahlo Calderón nació el 6 de julio de 1907 en Coyoacán.
Los males físicos que la aquejarían toda la vida se iniciaron cuando tenía apenas seis años y enfermó de poliomielitis, quedando su pierna y pie derechos afectados. “Frida la Coja”, la llamaban.
Pero el accidente reconocido como una marca indeleble tanto en la biografía como en la obra de la artista ocurrió el 17 de setiembre de 1925, cuando tenía dieciocho años y el autobús en el que iba fue embestido por un tren. Sufrió una fractura triple de pelvis; una varilla de fierro la atravesó, destrozándola por dentro, malográndole la columna e impidiéndole ser madre. La pierna derecha, magullada por la polio, quedó gravemente herida; su pie, triturado por los restos del choque.
En los tres meses que pasó internada, Kahlo empezó a pintar con profusión. En lo sucesivo, ni la pintura ni las cicatrices la dejarían.
Es conocido su tormentoso matrimonio con el pintor mexicano Diego Rivera. Se casaron en 1929, cuando ella tenía veintidós y él veinti uno más. Juntos vivieron tres abortos, hartas infidelidades (que incluyeron la relación entre ella y Trotsky), depresiones, salidas y entradas del Partido Comunista, un divorcio en 1939 y una reconciliación un año después, cuando se volvieron a casar. Alguna vez ella dijo: “Sufrí dos graves accidentes en mi vida: uno en el cual un tranvía me arrolló y el segundo fue Diego”.
Su obra, a los cien
El centenario de Kahlo ha desencadenado una serie de celebraciones y otros tantos escándalos. Está “Kahlo. Viva la vida’, biografía escénica estrenada en México en el 2001, que ahora mismo anda de gira por España. Y el insospechado homenaje de la escritora croata Slavenka Drakulic, y su reciente novela, “Frida o Sobre el dolor”, en la que ficciona a partir de los últimos momentos de Kahlo.
Y mientras la experta en textiles, Marta Turok, anuncia para agosto la presentación del libro “El ropero de Frida”, en el que se introduce en las profundidades del clóset de la artista, las paredes del Palacio de Bellas Artes del D.F. albergan una polémica: la especialista Raquel Tibol ha señalado como falsas a dos de las trescientos cincuenta y cuatro piezas que conforman la colosal exhibición “Frida Kahlo: 1907-2007. Homenaje Nacional”. Esto ha sido amablemente descartado por la directiva del museo, que no va a descolgar nada.
“Pies para qué los quiero si tengo alas pa´ volar”
Luego de la amputación de su pierna, Frida Kahlo escribió en su diario la frase que titula este parte final; también otras sobre suicidio. Enfermó gravemente de una infección pulmonar. Aún así –y contraviniendo una vez más los consejos médicos– el 2 de julio de 1954 atendió a una protesta contra el derrocamiento por la CIA del presidente guatemalteco, Jacobo Arbenz Guzmán.
Murió once días más tarde, el 13 de julio. Acababa de cumplir cuarenta y siete años. Sus cenizas se encuentran hasta hoy en la “Casa Azul”, lugar donde nació y murió. Y pintó (R. Vaisman).
Frida, Según Ellos
Dos plásticos locales comentan obra de la mexicana. Fito Espinosa En Frida Kahlo, el límite entre la vida y la obra es una línea que se desvanece, un límite casi inexistente. Su trabajo fue una transformación permanente del dolor físico y emocional de su vida cotidiana, en el que se funde de una manera muy integrada el aspecto corporal y el subjetivo. La conciencia de la mujer con su cuerpo llevado a los límites extremos del sufrimiento, dieron por resultado una obra que me hizo conectarme con mis diferentes aspectos internos pero a la vez muy concretos; donde el cuerpo es el territorio en el que queda la huella de los acontecimientos.
Patricia Villanueva
La primera vez que vi una obra de Frida Kahlo quedé hipnotizada con la mirada fulminante que trasmitía aquel autorretrato rodeado de monos. Más allá de las opiniones que su obra y talento desatan en el público, está la manera “corajuda” que ella tenía de mostrar todas esas emociones y demonios que la perseguían, de una manera tan intensa.
Kahlo no tenía miedo alguno de usar su propia imagen repetitivamente para exorcizar –y de alguna manera compartir– todo lo que la torturaba. Tal vez es eso lo que siempre me llamó la atención: el uso de su imagen a través de los años y en diferentes contextos personales como método para conocerse, darse a comprender y aprender de sí misma.