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Zozobra nerviosa por intuir cómo la selección peruana afrontará las eliminatorias al Mundial Sudáfrica 2010 se maximiza.

Hinchada de Luto

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El Mesías gaucho Messi se escabulle entre Galiquio y Acasiete en la goleada de Argentina a Perú por 4 a 0. Cuando hay fútbol, el floro desaparece automáticamente. Por eso en Perú se habla tanto.

Hincha de la pelota aunque sin sulfurarse con inútiles apasionamientos, el psicólogo Roberto Bretón comenta sobre una tara que atraviesa a gran parte de la población peruana: la de prestarle demasiada atención al fútbol, aunque eso se justifica medianamente porque el balompié es el deporte más importante del mundo. Una tara no menor.

Bretón, miembro de la Sociedad Peruana de Psicología, afirma: “El fútbol puede sacar lo peor de uno, pero también es un pretexto para hacer cumplir algo que uno siente o vive, y no sabe cómo hacerlo”. Lo peor de uno. Estrés, depresión o angustia, en el mejor de los casos. En los más trágicos: bulimia, tendencia autodestructiva o alta presión que termina en infartos.

¿Tanto así? En el Perú, quizá. El proceso del DT Uribe no es ningún proceso, sino el detonante por el cual los hinchas sueltan su rabia. En el extranjero, en cambio, investigaciones metodológicas aunque nunca definitivas arrojaron algunas luces sobre el asunto: durante el Mundial de Alemania 2006, especialistas de la Universidad de Loughborough, Inglaterra, monitorearon a los seguidores de la selección inglesa, y según los resultados el ritmo cardiaco entre los hinchas se elevó a entre 95 y 100 pulsaciones por minuto, comparadas con las 70 que se considera normales. Asimismo, en un estudio de 1998 se halló que la cantidad de ataques cardíacos aumentó en un 25% cuando Inglaterra perdió con Argentina por penales en el Mundial de 1998.

Aunque el psicólogo Bretón no se atreve a generalizar sobre el hincha peruano. ¿Cómo reflexionar sobre el absurdo, en un medio con tanta cobertura deportiva, así perdamos siempre? Señala Bretón: “Es imposible tipificar todas las conductas porque éstas son inarbacables. Aunque tampoco se puede negar que el fútbol refleja en algo a la sociedad: los hinchas son como un organismo que reacciona cuando la sociedad no ofrece alternativas de satisfacción, digamos opciones educativas, morales, éticas y hasta religiosas. Entonces el fútbol, que gusta a tanta gente, sirve de puente para canalizar las frustraciones”. Y es que –continúa el especialista– los orígenes humildes del deporte rey tienen mucho que ver. Así, en los estratos menos pudientes, el hincha se identifica con las hazañas, con lo que otra persona hizo y él no pudo hacer. Entonces, ante los fracasos, en la ilusión trizada aflora el resentimiento. Otros, en cambio, eligen el odio en lugar de la indiferencia, porque la falta de autoestima es tal que prefieren un estado de ánimo negativo que la nada. Gracias, Uribe.

Conclusión: el fútbol es un poderoso detonante de lo peor, aunque siempre hay factores individuales que van más allá de la obsesión por la pelota.

Diamante Bruto

Luego de la Copa América, a la selección peruana de fútbol le esperan las eliminatorias al Mundial Sudáfrica 2010, que empiezan en septiembre. Se viene un camino de terror, porque el viejo torneo continental sirvió para sacar una sola conclusión: con Julio César Uribe no ha habido ningún progreso. Hasta se podría aseverar que ni con Popovic, Maturana o Autuori se ha visto un partido tan desastroso como aquel Perú vs. Bolivia. Pero la retórica sibarita del “Diamante” calificó la campaña de la bicolor en la Copa como aceptable. La venidera zozobra nacional se proyecta como prolongada y brutal.

¿Es justo que lo deseos de 26 millones de peruano se depositen en el conformismo?

Perú está en el fondo junto a Ecuador, Colombia y Venezuela. Esa es la verdad. Chile, que perdió en los cuartos de final ante Brasil por 6-1, al menos llegó al arco contrario innumerables veces, cuando Perú no tuvo ninguna ocasión de gol en su caída ante Argentina por 4-0.

Por otra parte, Uruguay ya se destapó, y la ‘canasteada’ que recibió Paraguay ante México fue un hecho extraordinario condicionado por la temprana expulsión del portero Bobadilla. El típico ajuste peruano de ponderar si la selección alcanzará el quinto puesto de las eliminatorias sudamericanas, potenciará, nuevamente, el estrés de la afición.

No hay ninguna señal que garantice que Uribe arregle la volante del equipo. Porque de volver Solano, el título de “Salvador” puede cohibir al buen Ñol. Y mientras tanto, Farfán seguirá maldiciendo por dentro que él no es mediocampista. A veces, en la apuesta por la selección patria, provoca hacer la del escritor Fernando Vallejo: renunciar abiertamente a la nacionalidad de origen de uno. Con eso, al menos, no habrá dilucidaciones psicoanalíticas sobre un asunto que no debería tener el peso que muchos le dan. Pero el fútbol es el fútbol, y contra eso no se puede hacer nada. (J.Tsang)

Bombardero de Goma

Pizarro: el bipolar. Contratado por el Chelsea vía el visto bueno de Mourinho, pero por la selección peruana Pizarro sólo rescata al barra brava de cada aficionado. Sin categoría y sin temperamento salvo el partido contra Bolivia, en teoría un equipo peor que el combinado nacional. Habría que preguntar a los defensores de Claudio, si el ariete mojará alguna vez en una instancia decisiva. ¿Cómo Pizarro justifica su habitual altivez hacia los medios de comunicación? Pero a su favor, el fútbol siempre ofrece siempre una segunda oportunidad.


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