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Policiales Son jóvenes, dominan la tecnología y trabajan ad honorem. Son la Red Peruana Contra la Pornografía Infantil.

Los Cazapedófilos

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‘Los cazapedófilos’, los llamó la prensa chilena. Han trabajado al alimón con el FBI y la División de Delitos de Alta Tecnología (DIVIDAT).

Se puede cambiar de nombre, correo electrónico y rostro. Se puede modular la voz o simplemente suplantarla. Se puede mostrar la toma de una webcam inexistente. Se puede penetrar la PC de la víctima. Se puede borrar sus archivos. Se puede sembrar pornografía infantil. Se puede fabricar pornografía infantil a distancia, sólo con un clic. Pero también se puede detectar y denunciar. Eso hace la Red.

Dimitri Senmache, a sus 32 años, es el presidente. El Dr. Johan Guisse, a sus 29, el asesor jurídico. Ellos, junto a un puñado de espontáneos dirigen la Red Peruana Contra la Pornografía Infantil (RPCPI). La RPCPI, asociación sin fines de lucro, fines políticos o fines de mes. “Nos financiamos, aunque nuestras esposas no nos lo permitan”, sonríe Guisse, abogado. Él sabe que la promoción, posesión, fabricación o distribución de porno infantil merece una pena de entre 4 a 8 años, dependiendo de la edad de la víctima y la coyuntura del caso (Cf. el Código Penal).

La RPCPI capacita alumnos colegio a colegio. También a los padres, obligados a sortear dos brechas: la generacional y la tecnológica. El peligro puede estar en una cabina pública –una violación in situ– pero también en una laptop casera. También en el Hi5, popular red entre jóvenes y no tanto. “El Hi5 le facilita las cosas al pederasta: incluye datos, fotos, temas de conversación y películas favoritas, datos de amigos, etc. Es una guía para seducir”, argumenta Dimitri. “Es mejor que la RENIEC, y es público”. También existe un riesgo en los juegos en red. Su gratuidad implica dejar algún correo electrónico en alguna página. “Las empresas lucran con esos e-mails”, acota Guisse. En Perú, es de conocimiento público que en Galerías Wilson se venden bases de datos a S/. 5.


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