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Cultural Yuyachkani celebra 25 años de su montaje “Los Músicos Ambulantes”. Sus actores cuentan las lecciones de la máscara.

Máscaras de Plata

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Los actores tras “Los Músicos Ambulantes”: Teresa Ralli, Augusto Casafranca, Deborah y Ana Correa. Luego de 25 años, su música continúa.

Cuatro yuyas dan vida con cuerpo y voz a la tierna y divertida fábula animal de entendimiento, respeto y unión en la diferencia, que es “Los Músicos Ambulantes”. Su mensaje para este Perú es tan necesario y válido ahora como al inicio, hace veinticinco años. Hoy celebran su largo recorrido musical por pueblos y ciudades, dentro y fuera de las fronteras nacionales, se sacan la máscara por un momento y se presentan.

Augusto Casafranca, Burro serrano, iniciador del periplo: “Nos acostamos con un país y amanecemos con otro. Sin embargo, los problemas fundamentales –discriminación, pobreza, intolerancia– aún están desatendidos. Yo diría que la pobreza de los burros, para hablarte como tal, sigue siendo un gravísimo problema que atraviesa neurálgicamente a los ciudadanos de este país, que convivimos soñando con el éxito que tienen Los Músicos Ambulantes para integrarse y respetarse”.

Teresa Ralli, Perro chusco del norte, el más joven, travieso y achorado: “Me enseñó a reír; a desarrollar ternura y juego. Hace veinticinco años, en nuestra historia, los personajes se trataban con afecto en el escenario. Pero la realidad era más chocante. Ahora, el orgullo de los sectores migrantes ha crecido, pero sigue siendo una utopía que los diferentes rostros de este país podamos dialogar en armonía”.

Ana Correa, Gallina de raza negra que huye de su corral: “Estos personajes nos han permitido el riesgo en otros montajes, nos han acompañado en cada proceso de investigación. Creo que la obra ha perdurado a causa del lado más interesante que tiene la globalización, que pone en valor las diferentes identidades. Por supuesto, por marketing; pero es evidencia de que la identidad se goza más. Hemos ganado espacios y por eso seguimos aquí”.

Finalmente, Deborah Correa, Gata selvática del verde Lamas, el último animal en unirse a la orquesta: “Como actriz, me ha enseñado mucho: a manejar la media máscara, los instrumentos. Cuando empezamos, era difícil encontrar gente de la selva en Lima. Diez años después viajamos a Lamas. Yo sentí la emoción de la gente al verse representada. Para mí fue como encontrar a mis iguales: cientos de Gatas caminando por las calles...”.
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Los actores se despiden y pierden en el camerino. Aparecerán más tarde en el escenario, ya no como Augusto, Teresa, Ana y Deborah, sino como cuatro empeñosos animales que con charanguito, cajón, guitarra y quena, invitan a seguirlos en una marcha difícil. En la que, sin embargo, nunca ha faltado esperanza. Y menos música (R. Vaisman).


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