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19/Jul/2007
 
 
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Pérdida 1944 - 2007: Otra de las tantas muertes ocasionadas por ola de protestas.

Nazario Turpo

Leyendo las hojas de coca, 2002. Vivía en Ocongate, a 7 horas de la ciudad de Cusco.

El lunes 12 a las diez de la noche, el ómnibus de la empresa Lundayani Express se encontró de pronto con piedras y palos que una protesta del SUTEP había dejado regados en la carretera de Cusco a Puno. Por esquivarlos, se estrelló contra las barandas de concreto del puente Ausangate. Catorce pasajeros murieron.

A uno de ellos lo unía un lazo espiritual y ancestral con esa tierra. Como altomisayoq (sacerdote andino) de Ausangate, Nazario Turpo Condori hacía pagos a la Tierra, curaba enfermedades, se anticipaba a los fenómenos naturales. Convocaba a los Apus, los espíritus de los cerros.

Líder espiritual y continuador de una tradición legendaria –que heredó y aprendió de su padre, importante maestro–, se hizo conocido fuera de su tierra en el 2001, cuando dirigió la ceremonia de agradecimiento a la Pachamama en la toma de mando del Presidente Toledo, en Machu Picchu. Ese mismo año, se le hizo director de la Sala Quechua del Museo Indio Americano, en Washington.

Llevaba la vida que su condición le imponía, viajando constantemente, ayudando, a través de sus Apus, con tanta necesidad cotidiana que el poder de los hombres no puede (o no quiere) arreglar. Su muerte se lleva la voz que subía por los cerros, pidiendo por el pueblo. En estos convulsos tiempos, los mismos que ocasionaron su partida, ella hará falta.


 


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