Actualidad Las contradicciones de la cabeza colectiva nacional.
¿En qué Confían los Peruanos?
Titulándola ‘A propósito de las Fiestas Patrias’,el Instituto de Opinión Pública de la Universidad Católica realizó una encuesta entre 1,200 adultos en 66 distritos de 14 provincias urbanas pertenecientes a 13 regiones del país.
Sumada a la realizada por la Universidad de Lima poco antes sólo en la Capital Metropolitana, ayuda a “escanear” el cerebro y la mentalidad de los peruanos.
En el caso de la Católica se encuentran estos registros:
–El 92% se siente “muy orgulloso” u “orgulloso” de ser peruano.
–A su vez, fieles a la letra del vals, 68% se declara “feliz” y “muy feliz”, con Lima encabezando la dicha (75%) y sólo la región Centro del país aguando la fiesta con un 55% de poca o ninguna felicidad manifiesta.
–Ahora bien, esta es una muestra de entrevistados bien “cabeceada” políticamente, ya que el 59% se considera “mestizo” y el 17% “quechua”, identificándose como “blancos” sólo 7%, y “negro/mulato/zambos” 3%. Aimaras se confiesan apenas 1%, menos que el 2% “amazónico”.
–Por otro lado, cuando se pregunta por el “plato de comida más representativo del Perú”, el 65% dice que es el cebiche, pero la música más típica está encabezada por “huayno/huaylash”.
Hasta allí vamos equilibradamente bien en términos de “orgullo de ser peruano y soy feliz”, y en ello coincide la muestra de la Universidad de Lima.
Después vienen ciertas contradicciones que para ciertos especialistas en estudios de opinión pública están más cerca de la realidad íntima que las respuestas convencionales a preguntas exigentes.
Por ejemplo:
–El 80% de los encuestados cree que “la mayoría de los (otros) peruanos” son “poco felices” o infelices. En el Centro la visión sombría del estado de ánimo de sus connacionales se acentúa al 90%.
–Y cuando la Católica pregunta por el “peruano vivo actualmente que más admira”, Mario Vargas Llosa encabeza la lista con 15%, pero un 43% dice no admirar a ninguno o no se le ocurre nadie. Esa falta de aprecio por sus coetáneos llega al 60% en el Centro.
–Esta pregunta también interesa a psicólogos, psiquiatras y antropólogos: “¿A qué personaje de la historia peruana usted admira más?”
Las preferencias espontáneas están bien divididas pero vale la pena llamar la atención de ciertos detalles:
–Seis de los aludidos, encabezados por Grau, son mártires que se inmolaron por la Patria o la independencia, y merecen el mayor respeto, pero el único que sobrevivió sin rendirse y luchando como un león, Andrés Avelino Cáceres, recibe el mínimo reconocimiento. Sólo en el Centro se recuerda algo más al protagonista de la campaña de La Breña.
–Por otro lado, casi un cuarto de los entrevistados (23%) dicen no respetar a un solo prócer histórico o no recordar a alguno.
–Finalmente, tanto la Católica pidió señalar la mayor “virtud o cualidad positiva que tenemos los peruanos”, y como en el caso del estudio de la Universidad de Lima, los peruanos creemos que los peruanos somos “trabajadores”, y aquí la característica encabeza la lista con 15%.
–Pero cuando se trata de enumerar defectos, los peruanos entrevistados creen que los otros peruanos son “conformista/pasivos”, “ociosos”, “mentirosos”, “ladrones”, “impuntuales”, “egoístas/poco unidos”, “manipulables”, “corruptos”, “vivos”, “pesimistas”, “irresponsables”, “borrachos”, “envidiosos” y un 18% menciona otras taras aun más lapidarias.
¿Cómo explicar estas contradicciones en la cabeza colectiva nacional?
¿Cómo definir la desconfianza esencial que orienta tantas actitudes y evasivas?
El psicoanalista Max Hernández, Secretario Técnico del Acuerdo Nacional, lo tiene muy claro:
“Después de tantas mecidas y malos tratos a lo largo de la historia” la desconfianza es explicable, dice, y dificulta las negociaciones. “Como dijo Karl Marx, añade, ‘todo lo sólido se disuelve en el aire y todos los objetos están preñados de sus contrarios’”.
Hernández considera que el peruano es un sobreviviente de conflictos que han generado un lenguaje bélico con palabras como “tregua” y “medidas de fuerza”.
Para él el Pacto Social propuesto por el Presidente el 28 es una iniciativa que debe perseguirse con energía y a la vez imaginación y ponderación. Debutar con un debate sobre el salario mínimo es comenzar por un camino pedregoso.
Pero el tema de cómo dividir mejor los beneficios del desarrollo y el auge es sin duda lo fundamental. Ya durante el régimen de Valentín Paniagua se buscó un “pacto por el empleo digno”.
No hay que desanimarse, piensa Hernández, por los desconfiados vericuetos de la mentalidad nacional.
“El maestro Carlos Alberto Seguín, cuyo centenario celebramos precisamente ahora, señalaba que la etimología de la palabra ‘encuentro’ surge de ‘en contra’.
Por otro lado, reciprocidad en las culturas tradicionales no quiere decir simetría si no la consolidación de compromisos recíprocos”.