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Actualidad Se afinaron todas las notas que faltaban para ratificar el TLC pero, en el área interna, el pacto social comenzaba a ser un parto.

La Zarzuela de Rangel (VER)

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Congresistas Allyson Schwartz, Lander Levin y Charles Rangel anunciaron que el TLC sería ratificado por el Congreso estadounidense entre finales de setiembre y principios de octubre.

La corbata michi de Charles Rangel ya amenazaba con salir de su cuadratura. Primero, en Washington, el influyente congresista demócrata le confesó a David Lemor, entonces representante del Ministerio de Comercio Exterior, sentirse “impresionado” con la ministra Susana Pinilla. La titular de Trabajo viajó a la capital estadounidense a mediados de julio último para convencer a los congresistas gringos de los avances peruanos en materia laboral.

Rangel, narra un miembro del Ejecutivo, le increpó en buena leche a Lemor por “abusivo”. A una ministra tan guapa no podía negarle la ratificación del TLC. Y eso que el terreno ya lo venía desbrozando Mercedes Aráoz, de Comercio Exterior.

Pero las armas secretas del gobierno de Alan García todavía aguardaban a Rangel en el palacio de Torre Tagle. Previamente a la celebración de una cena ofrecida por el canciller José Antonio García Belaunde, un combo de cajoneros animó el ambiente. Contagiada por el ritmo, la ministra María Zavala ensayó en su sitio un par de discretos quiebres de cadera. Rangel contemplaba el espectáculo al lado y, según atentos testigos, el futuro del Tratado quedó desde entonces totalmente asegurado.

“La ministra de Justicia hizo su primer queco”, se le oyó sentenciar al premier Jorge del Castillo desde el balcón de la cancillería.

El Veterano de Harlem

Empatías aparte, Alan García también debió hacer lo suyo. La tarde del mismo lunes 6 los congresistas Rangel, Lander Levin y Allyson Schwartz salieron de Palacio asegurando que entre finales de setiembre y principios de octubre el Parlamento de Estados Unidos aprobaría, finalmente, el TLC con el Perú.

Pareció surtir efecto la idea del “New Deal” o Nuevo Trato rescatada por García. El concepto de Roosevelt cayó como anillo al dedo al proyecto de TLC hacia dentro trabajado por Hernando de Soto y a la coyuntura de las enmiendas pro-empleados agregadas al tratado por los demócratas.

Rangel, un veteranísimo congresista de Harlem que cumple su período número 18, es el presidente de la Comisión de Medios y Arbitrios. Levin, en su duodécimo mandato, ha sido uno de los más duros opositores al TLC.

A la cena de Torre Tagle fueron invitados a solicitud de los visitantes los obispos peruanos Pedro Barreto, de Huancayo, y Daniel Turley, de Chulucanas, conocidos por su lucha contra la contaminación de la minería en Huancabamba y en el valle del Mantaro.

En diálogo con Levin, que los acompañó durante toda la velada, los religiosos propusieron medidas de protección a los pequeños agricultores frente a los “impactos negativos del TLC”. También expresaron las preocupaciones de la Iglesia por los derechos laborales y medioambientales, pues consideran que –pese a las recientes enmiendas– aún corren riesgo.

Si bien Levin guardó disciplinado silencio protocolar durante su visita, a Barreto y Turley les comentó que, respecto al TLC, “hay todavía mucho trabajo por realizar para asegurar el desarrollo integral de los pueblos”.

Dentro del Pacto

Más opuestos al TLC y menos impresionados con la ministra Pinilla se mostraron los dirigentes de la CGTP. Montaron un plantón frente a la sede de la Organización Internacional del Trabajo en contra de la ratificación del tratado y anunciaron su retiro del Pacto Social, aún no nato, debido a las expresiones de la ministra, que calificó de “traición a la patria” la posibilidad de que se enviaran comunicados al Capitolio para evitar la aprobación del TLC.

Del Castillo los invitó a reconsiderar la decisión, que calificó de “craso error”. Los sindicalistas participaron de la primera reunión del “grupo reflexivo” en torno a lo que será el Pacto Social (PS), realizada en la Presidencia del Consejo de Ministros el pasado viernes 3.

De allí se desprendió que Juan José Gorriti no observaba con mucho agrado la idea de que las organizaciones sindicales compartan la mesa con otros posibles interlocutores de los trabajadores. Recordó la crisis de representatividad, pero hizo una interesante analogía futbolera: “El Alianza Lima es el mejor club del mundo. Tiene quince millones de hinchas, ¿pero cuántos socios?”.

Se refería a la filosofía que mantiene vivas a las centrales sindicales: cada vez menos asociados (el 0.6% de la Población Económicamente Activa según estudio del Instituto Peruano de Economía), pero aún así, en ese orden de ideas, representan los intereses de todos los trabajadores del país.

“Queremos instancias fuertes”, continuó Gorriti. “¿Quiénes representan a los informales? Sería gravísimo (que el Pacto Social) lo firme Perico de los Palotes”.

Una de las presencias más interesantes en el grupo de reflexión fue la de la ex presidenta del Congreso, Mercedes Cabanillas, que, con Del Castillo, hicieron un alto a sus diferencias y firmaron su propia tregua implícita. Cabanillas insistió en “aterrizar” el PS con ideas como “crecimiento y equidad” y hacerlo vinculante.

Algo parecido describió el coordinador del PS, Víctor García Toma (“un pacto de gitanos, un pacto de sangre”).

Quedó claro que el PS será un capítulo del Acuerdo Nacional y no un nuevo ente. García Toma propuso una agenda de temas puntuales: fomento a la competitividad, capacitación por y para el trabajo, responsabilidad social, paz social, empleo digno, productividad y acceso progresivo a los derechos laborales. Una suerte de declaración de principios de una página estaría lista esta semana, y la próxima reunión del grupo de reflexión se acordó para el viernes 10 a las cuatro de la tarde.

Durante los últimos días varios analistas han cuestionado la utilidad del PS. La iniciativa es, al fin y al cabo, un nuevo intento del presidente García por cantar la agenda e imponer un tema que aglutine detrás a la sociedad.

De eso también se trata la política.

Pero el PS también puede funcionar, en la sensible materia laboral y productiva, como una forma de procesar la discusión en la mesa y no en la calle. Además, sus temas son demasiado específicos y calientes como para ser tratados en la solemnidad de la “asamblea general” del AN. Y lo bastante políticos como para ventilarse solamente en las alturas técnicas del Consejo del Trabajo.

Encuestas encargadas por el gobierno arrojan que la expectativa en torno al salario mínimo es innegable. Para el PS ya es difícil desligarse del tema y Del Castillo espera que la discusión se solucione, a más tardar, en dos semanas.

Enrique Cornejo, del Banco de la Nación, recomendó encontrar “dos o tres temas” que se conviertan en la bandera del Pacto Social. El especialista Fernando Cillóniz mencionó la urgencia de un “gol tempranero” para demostrar su viabilidad. Allí, y no en las abstracciones, encontrará su posible relevancia. (E.CH.)


 


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