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Cultural Fernando Cabieses presenta obra actualizada sobre medicina en el Antiguo Perú.

La Mirada Curativa

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El doctor Cabieses examinando una de las miles de imágenes que tiene del Perú en su oficina de la Universidad Científica del Sur.

Capítulo I, página 24. El Perú fue conquistado. Es verdad. Pero ¿fue realmente descubierto? La llegada de los españoles a las playas del Imperio Incaico, ¿fue realmente un aporte cultural, integrándolo dentro de la civilización occidental?

Pregunta clave. En pleno mercado de Surquillo, es sensato suponer que la señora pelirroja que se para detrás del fotógrafo para decir en voz alta ¡qué buenmozo el señor, cómo habrá sido de joven!, ignora que la respuesta es no (aunque podría sospecharlo). Tampoco que el señor buenmozo es Fernando Cabieses, eminencia de 87 años con sonrisa de niño, y que a partir de esa negativa ha construido toda su vida. Un tipo que arrastra los pies se le prende del brazo y le pregunta si hay algún remedio para la drogadicción. Tranquilamente, Fernando Cabieses responde que le parece que no y recibe como pago un beso en la frente.

“Uno de los pocos sabios vivientes de Latinoamérica”, fue la expresión que usaron los representantes de las universidades de Cuenca y Pontifica Universidad Católica de Ecuador cuando lo nombraron Amauta. Revísese sólo lo principal de su trayectoria: especialista en neurología, catedrático e investigador de la historia de la alimentación y la salud; egresado de ciencias biológicas y medicina de San Marcos, en su tesis para obtener el título de Médico Cirujano comprobó por primera vez que la tradición indígena de consumir coca no era narcodependiente, no producía ningún daño y favorecía el trabajo en la altura; miembro fundador y primer director del Museo de la Nación, de 1988 a 1990; responsable de investigaciones experimentales para comprender los sistemas de adaptación que facilitan el funcionamiento cardio-respiratorio durante el soroche; fundador del Instituto de Medicina Tradicional, que promovió el estudio de especies medicinales como la uña de gato, la maca, etc., y su procesamiento e industrialización; fundador y rector de la Universidad Científica del Sur (UCS), en la que actualmente ocupa el cargo de rector emérito, y la institución que está publicando su último libro, La Salud y los Dioses: La Medicina en el Antiguo Perú. Autor de una decena de títulos de singular importancia como La Trepanación del Cráneo en el Antiguo Perú (1960, en colaboración con Juan B. Lastres), La Coca: Dilema Trágico (1992), La Uña de Gato y su Entorno (1994), Cien Siglos de Pan: 10,000 Años de Alimentación en el Perú (1995), La Maca y la Puna (1997), etc. Ah, y amigo de Juan Pablo II.

La Otra Medicina

Capítulo V, página 187. Cuando Ticci-Wiracocha, el Creador del Universo, visitaba las montañas y los valles poco tiempo después de haber creado al hombre, le ordenó a su hijo mayor, Imay Maman, en cuyas manos había depositado el poder para hacer todas las cosas, ir sobre los Andes y las montañas de todo el mundo y dar nombre a todos los árboles y las plantas y las flores y las frutas, y determinar en qué estación del año deberían florecer y fructificar, y enseñarle al hombre cuáles eran las hierbas que tenían efecto curativo o venenoso. El otro hijo de Wiracocha se llamaba Tocapu, y se le ordenó hacer lo propio en los llanos y valles de la costa.

–Pizarro no descubrió ni la centésima parte del Perú –dice Fernando Cabieses en su oficina de la UCS. A pesar de su edad demuestra una vitalidad inagotable, la misma que explica por qué está escribiendo otros tres proyectos en paralelo–. El Perú es inacabable.

Como ejemplo, la medicina de los antiguos peruanos. Al dominio de la coca, la quinina, el chamico, el toé, el huarmi yoco, la guaraná, el sampedro, el ayahuasca, etc., siguen incursiones en maneras de enfrentar diversas patologías y la restitución del equilibrio, además de múltiples casos de intervenciones clínicas y quirúrgicas sobre zonas fracturadas y procedimientos para drenar, amputar, vendar o realizar incisiones, dentro de los cuales destacan las trepanaciones craneanas –a las que se dedica íntegramente el capítulo VIII– y aspectos periféricos aunque importantes como el uso de métodos anestésicos.

Revelaciones que cobran mayor dimensión teniendo en cuenta la etapa aún oscurantista por la que atravesaba la propia medicina europea cuando los españoles llegaron a América. Tal vez esa fue una de las razones por las que el descubrimiento del Perú no sucedió en ese entonces.

–En el título del libro está la sustancia: todo era dioses, la montaña, el rayo, el mar, el río, y todo dependía de ellos. Hasta que llegaron los españoles a decir que no era así. Uno de los libros que estoy escribiendo habla de ese conflicto, de cómo la cosmovisión europea afectó a la cosmovisión americana, de cómo de pronto Cristo se convirtió en el único dios. Es complicadísimo, ¡yo mismo no lo entiendo!

Ríe tras su propia exclamación, y agrega:

–Yo gozo escribiendo.

Uno sólo puede devolverle la sonrisa. (Giomar Silva)


 


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