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Personajes Superjuez pesca pirañas en Iquitos y afirma que Fujimori será juzgado –en Perú o en Chile– por delitos contra los derechos humanos.

La Aventura Amazónica del Juez Garzón (VER)

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Baltasar Garzón y pequeño amigo local ajeno a cualquier responsabilidad judicial.

El andaluz Baltasar Garzón sabe de depredadores y carnívoros. Hace ya casi diez años propició la detención de Augusto Pinochet durante 503 días en Londres. Ahora, en Iquitos tras varias conferencias en Lima en torno a la lucha contra el crimen organizado, el narcotráfico y el terrorismo, se relaja pescando en el río Napo. Nada menos que pirañas. No se separa de su Ipod, que contiene una selección de ópera, Sabina, Serrat y bulerías. Está leyendo “Cometas en el Cielo” del afgano Khaled Hosseini. El famoso juez de 52 años se declara hincha acérrimo del Barcelona, lo que le complica un tanto la vida viviendo en Madrid hace 20 años. No es tan grave teniendo en cuenta que a lo largo de su carrera judicial se enfrentó a los grupos terroristas ETA y GAL, y logró extraditar de México a España al torturador argentino Ricardo Cavallo, quien entre sus víctimas incluía españoles.

–¿Que reflexión hace de la detención de Augusto Pinochet en Londres que dictó el 16 de octubre de 1998?
–La detención de Augusto Pinochet, al margen de quien fuera quien propició la detención, supuso un hito importante en la lucha contra la impunidad y por los derechos humanos. Fue la primera vez que se visualizó internacionalmente el tema mediante una detención. Y nada más y nada menos que la del dictador chileno. Eso concitó primero muchas críticas por parte del propio Chile y de otros países, pero también una sensibilización impresionante en la sociedad civil, en los organismos de derechos humanos, en los propios jueces y fiscales, en los estudiosos del derecho, en los organismos internacionales. A partir de ahí se generó todo un movimiento. Fue un punto de inflexión que contribuyó a que en el mundo en general se tomara conciencia sobre el hecho de que la impunidad no es admisible hoy día y que no es un mecanismo aceptable en los países democráticos.

–¿Considera que la muerte de Pinochet mostró una vez más la división de la sociedad chilena?
–Es un proceso que puede suceder en cualquier sociedad, y de hecho sucede. En España hace 70 años que terminó la guerra civil y todavía hoy en determinados puntos se encuentran sensibilidades muy opuestas. Es muy difícil superar los traumas históricos, sobre todo si tienen una escenificación cruenta a través de una guerra o de una represión dilatada. Lo que se escenificó con la muerte de Pinochet en Chile, fíjate que yo no creo que sea una división sino fue la escenificación final de lo que había sido la división. Allí estaban los nostálgicos, los que creían en el mundo que había diseñado Augusto Pinochet, pero además sabían perfectamente que no es posible continuarlo. Porque viven en democracia y no creo que ninguno de ellos, por más recalcitrantes que sean, deseen volver a un régimen de falta de libertades, y si es así pues tienen las de perder. Porque afortunadamente la gran mayoría de chilenos ha optado por la democracia y por el fortalecimiento de las instituciones.

–¿Considera que se le pudo juzgar a Pinochet en vida?
–Creo no fue todo lo deseable la muerte de Pinochet para muchos, porque al final no respondió ante un tribunal con todas las garantías como debería de haberlo hecho.

–Como observador desde 1998 de la justicia chilena, ¿cree que el fallo del juez Orlando Álvarez respecto a la extradición de Fujimori es un rezago de la época de la dictadura?
–Sí, conozco de cerca la justicia chilena, pero yo no me atrevería a decir tanto. Creo que la interpretación de Álvarez es errónea. Creo que en una extradición no puede entrar el juez que debe de decir sí o no, a valorar los elementos de fondo. Eso les corresponde a los tribunales que tienen que juzgar. Por tanto, si esa ha sido la decisión ha sido errónea y deberá ser corregida por la Corte Suprema.

–¿Pero qué pasaría si se confirma el fallo de Álvarez en la máxima instancia judicial chilena?
–Sería un precedente muy negativo y nos haría retroceder muchísimo en la credibilidad de la justicia internacional. Si por la razón que fuera no se concede desde luego ese juicio oral y público en Perú, pues debe de hacerse en Chile, porque son delitos de persecución internacional. No se pueden quedar impunes esos delitos así pasen los años.

–¿Observa que hay una contradicción en el fallo de Álvarez con la jurisdicción universal para juzgar los delitos de violaciones a los derechos humanos que se inició con el caso Pinochet?
–No veo que haya argumento para que se niegue la extradición, siempre el derecho es interpretable y esas interpretaciones a veces llevan a resoluciones contradictorias, pero para eso está la Corte Suprema, porque a mí no se me alcanza que eso vaya a producirse.
–¿Qué opina del argumento de los fujimoristas de que la mano dura para acabar con el terrorismo y traer la paz social, justifica la violación de derechos humanos?
–Es exactamente lo contrario. Aducir que se deja de perseguir o de investigar y generar zonas libres de derechos humanos, porque con ello se trae la paz, da lugar a una paz falsa. Porque antes o después el problema se vuelve a reproducir y esas heridas que no fueron correctamente limpiadas o suturadas, producen pus, producen degeneración, una gangrena que afecta a otras instituciones, y esa impunidad genera corrupción, genera desconfianza en las instituciones y en definitiva un perjuicio grave para el estado de derecho.

–¿Qué impresión le produjo conocer a Montesinos en el 2002, cuando realizaba en Lima las pesquisas sobre supuestos sobornos a los funcionarios del BBVA?
–Ninguna en especial. Es un personaje del que ya creo que está dicho casi todo. Le respeto en su presunción de inocencia de aquello en lo que todavía no ha sido juzgado, y creo que lo que está sucediendo es que está respondiendo ante los tribunales de su país por aquellos delitos que con abuso manifiesto de su poder cometió en contra de los peruanos. La visión de un sujeto que yo tenga así no es tan relevante, lo importante es que se produzca la investigación y la condena tras un juicio justo.

–¿Se rectifica de lo que dijo de Montesinos en su libro “Un mundo sin miedo” y que causó que Montesinos le establezca una querella por 20 millones de dólares, y que atentó contra el “equilibrio continental”?
–Lo que está dicho en el libro, está publicado, y no hay marcha atrás. Luego contesté a las preguntas de la justicia peruana cuando a través de una comisión rogatoria así se solicitó, y ahí está. Es decir, él me hizo esos comentarios en ese momento, después de la declaración judicial, de modo informal. Los puse y los compartí con mis colegas que en ese momento estábamos, los anoté en mi agenda, y después consideré que era de interés general.

Aquel comentario, no sé si baladronada o realidad, eso lo tendrá que decidir él o quien haya investigado esos hechos.

–¿Cómo lleva el tema de ser considerado como un símbolo entre los jueces y la fama que eso trae?
–A mí me gusta que me reconozcan por el trabajo que desarrollo. Lo de juez mediático no depende de mí, pero en cualquier caso si tomas decisiones en temas muy polémicos siempre vas a estar en el ojo de la atención pública. En ese sentido creo que los jueces debemos tener nombres y apellidos y que la gente debe conocer quién administra justicia y quién decide sobre su futuro, su libertad y sus bienes. (Fotos y textos Paola Ugaz)


 


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