Cultural “Love”, o el amor según esculturas e instalaciones de Haroldo Higa.
Corazón Delator
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Higa, con obra hecha de espejos, cemento, cartón y hasta palitos de chupete. Inaugura el 29 en Vértice (Ernesto Placencia 350). |
TE amo. Tanto. Me haces feliz. No sé qué sientes tú. Quiero verte. Morderte. Nunca me dices nada. ¿Por qué siempre me pides tanto? Estemos los dos, solos. Me haces daño. Me quiero morir. Me voy a matar. No me amenaces. Pero te extraño tanto. Te necesito. Quiero estar contigo. Quiero que tú quieras estar conmigo. No te entiendo. ¿Por qué me haces esto? Me largo. No sabes lo que quieres. La verdad, creo que te odio. A veces te odio. Te odio. Te odio. ¡Te odio! No sé si puedo dejarte.
No es un amor sublime. No es limpio, puro, ni redime. Es contradictorio, porque condensa todas las virtudes y defectos del hombre. Y no cuenta una historia lineal, sino que sigue un ciclo: es siempre distinto, aunque siempre, también, es un poco lo mismo. Ese es el amor que inspira la reflexión que precedió y acompañó la construcción de la nueva obra de Haroldo Higa, que agrupa como “Love”. Así, en inglés: el toque pop y la estrategia del artista para distraer prejuicios y sobrentendidos.
Una disco ball gira, centelleante, sobre las cabezas de los bailarines. Pero al entrar a la sala, la bola gigante ya se habrá dejado caer, feliz; convirtiéndose, al tocar el suelo, en un colosal mosaico de espejos que forman un corazón, escultura de gran formato y pieza icónica de la muestra. Los episodios que le siguen son contados con generosidad de materiales, texturas, volúmenes y colores. Esto, porque para el artista, la coherencia no está en la reiteración de la forma o de la técnica, “sino en ahondar en el tema mostrando sus matices y desarrollándolos con todas las herramientas que se tenga a mano”, explica.
Con profusión, Higa recrea frenesí, incertidumbre, paz, furia, alegría y dolor. La historia que sube, baja, termina y vuelve a comenzar. Te odio, te odio, te odio, te odio. Te amo. (R. Vaisman)