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30/Ago/2007
 
 
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Cultural Ópera prima del escritor y cronista cultural Jeremías Gamboa llega cargada de historias intensamente delirantes.

El Viaje Prometido

En Punto de Fuga (Alfaguara, 2007), Gamboa presenta una serie de historias donde los personajes parecen estar siempre donde no les corresponde. La presentación será este 4 de setiembre a las 7 p.m. en el restaurante Patagonia (Bolívar 164, Miraflores), y los comentarios estarán a cargo de Jorge Eslava y Diego Otero. Aquí un extracto del cuento “Tierra Prometida”.

Vamos al Cono Norte –te dijo de pronto, después de unos minutos de silencio, cuando mirabas por enésima vez a la chica de la noche, abrazada de otra y con un vaso descartable de cerveza en la mano–. ¿Has ruqueado alguna vez?

El carro sube por una avenida que ya no conoces. Han dejado atrás la Plaza de Acho, Palacio de Gobierno, corren parejo al lado del río Rímac en una zona que no puedes determinar. La pista se ha estrechado y tú ves por la ventana barrios más apretados, escaleras empinadas que los trepan, puentes peatonales altísimos y grises que se elevan por encima de sus cabezas, paraderos oscuros en los que aún hay gente que espera la llegada de algo, posiblemente combis. Ahora el auto deja atrás camiones, buses interprovinciales.

–Los Olivos es el target –te dijo Bruno una vez que estacionaron en un grifo de Barranco a comprar los six pack de cerveza en lata–, la tierra prometida.

Le das un sorbo más a la cerveza y al ver más allá de las ventanas eres consciente de una nueva seguridad en ti, en él, en ambos. El carro de Bruno ha dejado de ser un estupendo carro, es un maldito BMW que se desplaza mudo, flotando, entre el paisaje gris que bordea ambos lados de la pista: los depósitos de buses, las fábricas de mayólicas, los mercados de frutas. Bruno conduce tranquilo, no se inmuta, hace redobles de batería sobre el timón y entonces tú le dices que te sorprende lo bien que conoce esta zona, pendejo, y él se ríe, se ríe y te dice que esta noche puede ser Virgilio y tú deberías ser un Dante a la altura de las circunstancias, loco. Eres Dante a la altura, piensas, después lo gritas, y te acabas de un sorbo muy largo lo que queda de chela en tu lata, sientes el frío de la bebida en la garganta, y abres otra inmediatamente porque el carro acelera y Bruno ha subido al tope el volumen del equipo y la batería de Headon ya arrancó, la cara de Bruno se ha superpuesto al rostro de Strummer cantando «Janie Jones» y tú te preparas para acompañarlo cuando entra el bajo, las voces de los coros, el alarido de Bruno y los dos mirándose al rostro como los locos que gritan y escuchan «Janie Jones» en la ambulancia de una película de Martin Scorsese que se pierde en Nueva York. Pero esto es Lima, piensas, esto es peor que cualquier infierno, gritas, esto es una puta maravilla.


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