Fotografía A siete años de la muerte del fotógrafo Daniel Pajuelo, se dona su archivo a TAFOS/ PUCP.
Archivo Pajuelo
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Pulp Fiction Cholo I, Lima, 1996. Tiempos violentos que su lente capturaba. |
Quería estudiar arquitectura. Entró a Economía en la Universidad Garcilaso de la Vega porque también le gustaba... No, no: porque no quiso volver a postular a la Ricardo Palma. Igual, no terminó. (¿Dejó los estudios a punto de terminar la carrera o, por el contrario, le faltaban varios ciclos por delante?)
Entró a trabajar en el Ministerio de Salud, en Comas. Ahí empezó a tomar fotografías. No fue ahí, sino cuando se fue, luego de cinco años de trabajo de campo y apenas un mes de oficina, que no soportó. (Se metió al Centro de la Fotografía, precisa Esperanza Gambirazio). Ahí le hablaron del Taller de Fotografía Social, TAFOS: se iba al Agustino, no ganaba plata por eso.
Pero estábamos yendo en orden. Usted lo prefiere, ¿no? Mi hijo Daniel también estudió Periodismo, en la Bausate y Mesa. Trabajó en El Comercio, El Mundo y otros medios. (Don Daniel Isaías Pajuelo busca unas placas de reconocimiento, para mostrarlas). Y tuvo dos hijos, primero, y una niña que tiene una mamá distinta. Aquí hay fotos de ellos...
Ni siquiera había pasado un año desde que descubrieron el tumor en su cabeza, y ya había muerto. Cuando estaba mal tenía tanto miedo por sus fotos, que no dejaba que la enfermera entrara a su cuarto. Fueron meses. ¿Te acuerdas cuántos? No, pero tres antes de morir, perdió la vista. Era irreversible...
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Daniel Pajuelo se sumó a la experiencia de TAFOS en 1986 y de ahí sus imágenes del Agustino. Trabajó en diversos medios y en 1998, luego de ser seleccionado por la Fundación World Press Photo, inició su último proyecto en el Cerro El Pino. Es referente principal de la fotografía de los convulsos e imprevistos ochentas. En sus imágenes no había distancia ni condescendencia. Sí cólera, picardía o ternura. También risa.
Murió el 14 de setiembre del 2000, a los treinta y siete años.
Se cumplen siete años de su muerte y sus hijos, los gemelos Renato Daniel y Daniel Teo, cumplen dieciocho en noviembre. La pequeña, Daniela Jazmín, con doce, ya no lo es tanto.
Sus padres, Daniel y Esperanza Pajuelo, han donado más de cinco mil negativos que tenían guardados. Ahora forman parte del archivo TAFOS/ PUCP, que ya contaba con buena parte de su trabajo. Todo será bien mantenido. Están tranquilos.
Las fechas y los datos se confunden. Se dijo tal cosa o no se dijo. Esto se vivió o se pensó tanto que se da por hecho. No importa. Si no puede hacerse nada frente a la vida, el recuerdo sí que es de uno. A fin de cuentas, se puede recordar como dé la gana.
Daniel Pajuelo se aseguró, sin saberlo, que cada uno de sus días puedan volver a ser vividos. Ahí están, en sus imágenes (R. Vaisman).