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Justicia Trabajadora de su despacho denuncia por acoso sexual al Presidente de la Corte Superior de Lima. Entrevista Exclusiva.

‘Quería Que me Quite el Saco y le Muestre mi Cuerpo’ (VER)

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“Insistía en que no debía ver mal sus requerimientos porque con su gran experiencia de vida no tenía ninguna mala intención”.

“Le dije: ‘hoy todos se van a enterar de esto’. Me respondió: ‘Recuerda que detrás de tu puesto hay miles que desean estar ahí. Aparte, tú debes saber que por tu cargo de secretaria de asistenta tiene que haber un grado de intimidad’. Luego recojo el servicio y salgo del lugar. A los minutos me llama a su despacho y me dice para leer un documento. Me agarra por la cintura para sentarme encima de él. En eso suena el teléfono y empieza a meterse mis manos en la boca y las mordisqueaba”.

Susan Hidrogo es una joven estudiante de derecho que estuvo trabajando en los últimos meses como secretaria de la asistente del Presidente de la Corte Superior de Lima, Jovino Cabanillas. Según lo que narra, el acoso sexual al que se vio sometida por parte del magistrado llegó a tales límites que en los primeros días de este mes presentó una queja en la Oficina Distrital del Control de la Magistratura (ODICMA) y fue reubicada. En los últimos días la Oficina de Control de la Magistratura (OCMA) tomó las riendas de la investigación. El sábado 15, Cabanillas declaró al diario La República que “en la Corte trabajan más de 1,500 trabajadores y no recuerdo a esa joven en particular”. A CARETAS, en cambio, admitió que sí laboró para él. A continuación, el indignante testimonio de Hidrogo.

–¿Cómo llega al despacho del magistrado Cabanillas?
–Estaba cursando el decimosegundo ciclo en la Universidad Garcilaso de la Vega y el doctor era mi profesor de seminario de derecho procesal penal. Un día me llama y me dice, “Susan, ¿no quisieras trabajar conmigo?”. Le dije que estaba haciendo mis prácticas pre-profesionales, que eran remuneradas pero que no eran propiamente un trabajo.

–¿Tenía algún tipo de predilección con usted, como alumna?
–Tenía buenas notas y me dijo que estaba buscando a los mejores alumnos. Me atendió tres semanas después, a finales de junio, y me dijo que me podía dar trabajo no en ningún juzgado sino en su despacho. Y que lo pensara porque muchas personas quisieran trabajar en Presidencia, y que un abogado no necesariamente va a empezar en un juzgado, sino que puede empezar en algo administrativo.

–¿Comenzó a trabajar con él de inmediato?
–Me señaló que me quedara, pero yo regresé al día siguiente.

–¿Qué tipo de trabajo realizaba?
–Me dedicaba a contestar teléfonos, a hacer citas para llenar su agenda. Solo estaba en el despacho del doctor Cabanillas.

–¿Y le delegaba alguna otra labor distinta a la de una asistenta?
–Lo que me parecía raro es que yo le tenía que servir su almuerzo, calentarlo, servirle su desayuno, tanto a él como a Érika (Ayala) que era su asistente, también egresada de la Garcilaso y que viene trabajando con él desde hace unos tres años.

–¿Desde cuándo empiezan los problemas?
–Unos veinte días más tarde. Habré almorzado cuatro veces con el doctor y con Érika. Luego empecé a almorzar solo con el doctor. Él se alababa, hablaba de su carrera.

–¿Qué tipo de ambiente era?
–Era un cuarto privado, cerrado, al lado de la oficina. También me empezó a elogiar como alumna. Al cabo de dos días, ya no era un halago académico, sino respecto a mi físico. Me decía, “Susan, eres muy bonita”, “me complace que estés aquí, me animas el día”. Hubo un momento en que me harté y le dije que me incomodaban sus palabras. Luego ya no eran solo palabras, sino que también intentó tocarme la mano, y al reclamarle me decía que era un halago. Luego empezó a besar mi mano. Le pedí a Érika que no me dejara sola con el doctor Cabanillas.

–¿Y cuál fue su respuesta?
–Que siga almorzando con él y que no lo deje solo. Luego, al momento de saludarlo, quería que lo saludase con cuatro besos en la mejilla. Él agarraba mi rostro y lo besaba a la fuerza.

–¿Cómo reaccionó usted?
–En todo momento le manifestaba mi incomodidad y me mostraba tensa, pero al final él siempre lo hacía.

–¿Se lo comentó a alguien de la oficina?
–Se lo dije a Anthony, que era el auxiliar. Le pedí a Érika hablar fuera de la oficina y nunca accedió. Un día el doctor llega y me da un beso en la boca. Antes que yo pudiera reaccionar empezó a pedirme cosas del trabajo. No me dio oportunidad de responder. Luego le pedí cinco minutos. Pasaron cuatro, cinco horas, y recién a la hora de almuerzo pude hablarle. Le dije que no era la mujer que creía, que tenía estudios, valores y que era una chica de casa. No iba a permitirle besos en la boca para mantener un puesto. El doctor se hizo el malentendido y me trató de evadir. Luego me dijo que estaba equivocada, que me veía como una alumna. Me pidió disculpas. Pasaron dos, tres días y lo mismo. Empezó con las manos. Me pedía que lo abrazara.

–¿Cómo así?
–Me decía: “¿estoy guapo?”, ¿estoy presentable? Quería que le echara perfume y que lo bese a la hora de salir. Pero de eso se encargaba Érika, ella lo acicalaba. El doctor Cabanillas me pedía que saliera con él, que lo acompañe a las embajadas. Me decía que a la hora que salía me dejaba en mi casa. Me llamaba insistentemente para vernos los sábados o domingos. Para salir a almorzar y a tomar desayuno. Insistía en que no debía de ver mal sus requerimientos porque con su gran experiencia de vida no tenía ninguna mala intención.
–¿Qué cosas fuertes que le haya dicho recuerda más?
–Decía “qué bonitos muslos, qué bonitos pechos”, que eran iguales a los de la Justicia. Me pedía que me quite el saco y le muestre mi cuerpo. No lo hice. Luego me decía que nosotras las mujeres debíamos buscar personas con dinero porque de amor no se vive. Me decía, “cómo crees que yo, una persona felizmente casada, con 64 años, te voy a estar mirando de esa manera. Si para mí eres como una nieta”.

–¿Cuál fue el límite?
–El 27 de agosto le dije que ya no quería seguir en el trabajo. Al momento del almuerzo ya no almorzaba en realidad porque tenía que estar en guardia. Me obligaba a comer la comida de su plato, a sacar la comida con su cuchara, a beber del mismo vaso. En ese momento el doctor Cabanillas procedió a besarme, luego de eso se levantó, trató de forcejear mi cara, llenarme de besos en el cuello, en las orejas. Le decía “ya basta” y se reía. Le dije: “hoy todos se van a enterar de esto”. Me respondió: “Recuerda que detrás de tu puesto hay miles que desean estar ahí. Aparte, tú debes saber que por tu cargo de secretaria de asistenta tiene que haber un grado de intimidad”. Luego recojo el servicio y salgo del lugar. A los minutos me llama a su despacho y me dice para leer un documento. Me agarra por la cintura para sentarme encima de él. En eso suena el teléfono y empieza a meterse mis manos en la boca y las mordisqueaba. Después le dije a Anthony que me apoyara, me enfermaba el hecho de ver al doctor. Para ese entonces no podía ver a nadie de Presidencia. Luego fui a ver al jefe de personal de la Corte Superior, le expliqué las razones, y le dije que ya no iba a venir a trabajar más.

–¿Cómo reaccionó él?
–Me dijo que yo no podía seguir trabajando ahí. Pero el que ve contratación, despidos y quien tiene la última palabra es el doctor Cabanillas.

–¿Y qué pasó luego?
–Me recomendaron presentar mi queja en la ODICMA. Aproveché que el doctor Cabanillas salió a una reunión y puse mi queja con la doctora Elisa Gómez. Era la única forma de salir de ahí. Cuando volví el doctor ya estaba enterado. Ya le habían llevado el dato. Se mostró bastante distinto conmigo y no me llamó a almorzar. Al día siguiente hice la denuncia con la ampliatoria. Llegué a la oficina y el doctor me dice que estoy despedida. “Yo soy el presidente de la Corte Superior de Lima, y yo estoy al tanto de todas las personas que me quieren hacer daño. ¿Quieres saber por qué te estoy botando? Porque no rindes, porque has abandonado tu puesto. Aunque si lo piensas bien, Susan, puedes seguir en el cargo. Pero te tienes que comportar muy pero muy bien”. Se dejó entender. No acepté, le di las gracias y le dije que definitivamente había aprendido mucho de él. (enrique Chávez)

‘El Acoso Sexual es Frecuente’

Abogada Sarmiento denuncia otros graves casos en el Poder Judicial.


Patricia Sarmiento, abogada de CLADEM (Comité de América Latina y el Caribe Para la Defensa de los Derechos de la Mujer): “Hasta nosotros llegó el caso de Susan y nos contaron que no era la primera vez que este señor se veía inmiscuido en este tipo de actos. El acoso sexual e incluso las violaciones son muy frecuentes en ese ambiente pero no se suelen denunciar por el temor que existe a perder el trabajo y porque estas personas tienen un poder bastante grande. El Presidente de la Corte Superior de Lima determina a dónde van los magistrados y los trabajadores. Por ejemplo, está el caso de un vocal superior de Huaura, Justo Germán Flores Llerena, que violó a una psicóloga del INPE. Ha pasado más de un año y la OCMA todavía no resuelve el caso a pesar de que se pidió la destitución”.

Cabanillas Responde


Atribuye acusación a un
complot de varias cabezas.

Cabanillas culpa a elementos fujimoristas.


Para recoger su versión, CARETAS buscó a Jovino Cabanillas en su oficina de la Corte de Lima. Negó la acusación y la atribuyó a un complot contra él. Inicialmente, culpó al fujimorismo de las denuncias realizadas durante su gestión, afirmando que ante la posible extradición del prófugo, se intenta desprestigiar al sistema judicial peruano. Después señaló a la ODICMA como la entidad de donde salieron los volantes que dieron a conocer la investigación sobre el supuesto acoso, asegurando tener un informe de vigilancia donde se acusa a este órgano de control distrital “porque no les gustó que llevara la denuncia a la OCMA” presidida por la vocal suprema Elcira Vásquez y finalmente, mencionó que hay indicios que apuntan al suspendido vocal Ángel Romero, su predecesor, como el responsable de las denuncias, “pues el Consejo Nacional de la Magistratura estaría por votar a favor de él”. Afirmó conocer a la denunciante pues fue su profesor en la universidad donde dicta clases, aunque señaló que hay “terceras personas” (que no identificó) detrás de su denuncia. Ello contradice a lo señalado en el diario La República en su edición del martes 18. Entonces dijo no recordar a Susan Hidrogo. CARETAS contactó al periodista César Romero, autor de la nota, quien confirmó las declaraciones iniciales de Cabanillas. Romero agregó que horas después lo llamó el magistrado, quien dijo que, luego de conversar con su asistente Érika Ayala, había caído en cuenta de quién era Hidrogo. El diario Correo también publicó la noticia de la investigación en curso.


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