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Música Batalla de los Gallos: el freestyle o el arte de vencer al otro con labia pura, improvisación y hip-hop mediante.

El Rap de la Jaula

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Noche del sábado 15 de setiembre, coliseo Tradición Sandia. Centenares de jóvenes seguidores del hip-hop acudieron a la fecha defini toria del Red Bull Batalla de los Gallos.

Yo-u, yo-u, ¿no respetas a Caretas?, improvisaba Limbo. Los ocho gallos estaban juntos bajo la sombrilla con un trago en la mano (whisky o ron, vasitos de plástico). Alrededor de quinientos, tal vez más, seiscientos cultores del hip-hop esperaban el inicio de las batallas y en la calle aún había cola de una cuadra. Faltaban minutos. Los jueces daban vueltas, las cámaras también, el Pésimo pedía spray verde limón para su graffiti y la llovizna jodía. Latas de Red Bull, omnipresentes. Limbo, D’Negro, Ficho, Mr. Pana, Django, Bithman, Drug y MC Bryan –seis limeños, un trujillano y un puneño– esperaban, conversaban, rapeaban un poquito, como para calentar, y miraban a las chicas. La paz que precede al combate. Se iban a abrazar fraternalmente antes de saltar a la jaula, donde ya todo iba a ser agresividad, multitud rugiente, diatriba ingeniosa pero también ataque feroz, rima acompasada, sazonada con su lisura y su alarde fálico, faltaba más. Para ser un buen improvisador, dijo Django, se necesitan tres cosas:

–Talento, huevos y ser rata.
Por algo llegó a la final el año pasado. Dieciocho años, La Victoria. Escribía poesía hasta que descubrió el rap, género mejor conocido por su mamá como la música del demonio. Victoriano también es Mr. Pana, veinte años, escuálido amante de la música afroperuana que está incursionando en la fusión –teclear “Mr. Pana” en YouTube–, no sólo de rap con charangos y zampoñas, sino “con cualquier sonido que haya en el mundo”.


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