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Cultural En silencio partió Marcel Marceu, pero toma la posta uno de sus más aplicados alumnos: el peruano César Aedo.

La Antorcha Invisible

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Marcel Marceau
“El mimo más importante de todos los tiempos”, aquí caracterizado como el entrañable Bip, su más famoso personaje.

EL 22 de setiembre desapareció Marcel Marceau, pero nos dejó un hijo putativo: su alumno peruano César Edgardo Aedo Vásquez. CARETAS lo entrevistó por primera vez en Ginebra, hace casi 22 años. En ese entonces César daba la hora nada menos que en el país de los relojes –es el único peruano que ha actuado en el circo nacional suizo KNIE en sus 200 años de prestigio internacional–. El 1 de marzo pasado César volvió a dar la hora, literalmente, en Lima, esta vez encaramado en el reloj de la Catedral, haciendo repicar doce campanazos sincronizados con la Marina de Guerra del Perú en el marco de la Campaña Nacional por el Respeto y la Puntualidad. Al día siguiente nos reunimos él y yo en un fraterno abrazo y tratamos de colmar en un par de horas la brecha de tantísimos años después de la primera entrevista. Sí, se casó a los 31 con Lisa Jorgensen, estadounidense de origen noruego, graduada en ciencias políticas, a quien conoció en París. Sí, tiene tres hijos: los dos menores siguen sus huellas histriónicas; el mayor, de 16 y una estatura de 1.80 que enana a sus padres, se inclina más bien por la administración, como la mamá, presidenta de la empresa familiar, el Circo Etno. Sí, los dueños del KNIE han ido a ver su espectáculo y le presagian un futuro tipo Grock, payaso helvético que creó un circo de renombre a principios del siglo XX.

Coqueto, César calla su edad actual, pero confiesa que es “algo” mayor que su mujer. Tampoco nos quiere decir cómo hace para mantener esa frondosa cabellera negra negrísima. Dice que otras señoras le han preguntado si es peluca y si la podían tocar. A mí también me hubiera gustado pero no quiero ser una más del montón.

Después del KNIE, César se fue a Estados Unidos, donde vivió 19 años. En 1997, con sus 27 años de experiencia a cuestas, ideó El vuelo del cóndor y lo presentó en el SeaWorld de Orlando, Florida, contratando para ello a contorsionistas asiáticas, trapecistas rusos y ucranianos y un “cóndor” canadiense que se jaló del Cirque du Soleil. El tema base es la leyenda de los hermanos Ayar. Obra de teatro, circo, magia, acrobacia, danza, música, mímica y demás ensueños, fue creada, dirigida, producida y animada por César, y en seis años convocó en EE.UU. a 9 millones de espectadores. En el Perú, “sólo” 41,000, cuando lo repuso a fines del año pasado. Los hijos, la madre y casi todos los ministros de Alan lo han visto.

Resulta que César es de esos peruanos testarudos, de los que siempre vuelven. Con tanto éxito fuera, ¿para qué? “Al día siguiente de llegar leí que 77% de los jóvenes, si tenían la oportunidad de salirse del país, se iban, y yo estaba con toda la furia de regresar y quedarme. No perdí la esperanza de que yo tenía muchas cosas para dar al Perú. Y ésa es la razón de mi lucha, de mi locura... 21 años después que me entrevistaste estoy regresando al país con mi familia, mi dinero, mi experiencia... todo”.

Entre todo lo que está haciendo César está la carpa “tensoestructurada”, de 38 m de diámetro, con capacidad para 1,200 espectadores, diseñada por un arquitecto “profesionalazo”, traída de México e instalada en el Jockey Plaza.

Todo en César es un sí positivo. Con razón Alan lo convidó a Palacio en febrero para conversar una hora y cuarenta minutos. Había escuchado comentarios sobre El vuelo del cóndor de su familia y ministros. “Me preguntó, por ejemplo, en cuánto tiempo puedo yo crear un nuevo espectáculo. A qué se debe que haya vuelto, pudiendo quedarme en el extranjero. Entendió que estaba yo buscando la profesionalidad, no manosear nuestra cultura de mala manera. Me preguntó cómo podría el Estado apoyar esta empresa mía, la de proyectar en el Circo Etno espectáculos de corte peruano. Hablamos también de un espectáculo durante la reunión de la APEC en Lima en noviembre de 2008. Quedamos en que nos íbamos a reunir otra vez para ver en qué forma podríamos encaminar esto dentro de la temática del Ministerio de Educación y con Promperú”.

César Aedo ha regresado al Perú, a quedarse. Tras puros triunfos allende, ahora sí es profeta en su tierra. “¡Si hasta un Presidente de la República me invita para conocer mis proyecciones como artista...!” Sí, César, esta vez viniste, viste y venciste. Lo que es Marcel Marceau, debe estar regocijándose cada vez que “escuche” a uno de sus alumnos dilectos. (Escribe: Esther Romero San Martín, Corresponsal en Ginebra.)


 


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