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Internacional Un Foro sobre el Pasado y el Futuro de la Democracia.

Cómo Despegó Estados Unidos (VER)

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Ahora esto sucede en Estados Unidos todo el tiempo. Te subes a un taxi y reconoces un grueso acento extranjero. Ya no parece haber taxistas norteamericanos. Mi esposa, Daphne, preguntó al chofer por su origen.

–Palestino –dijo.

Viajábamos camino a Lima de Williamsburg al aeropuerto de Richmond, Virginia, y el recorrido tomaría una hora a través de un espléndido y continuo bosque.

–¿Ustedes leen la Biblia, la Tora o el Corán? –preguntó.

–No todos los días. ¿Y usted?

–Miren, yo estoy aquí porque me dejaron sin país. En esos tres libros no existe el concepto de Israel como nación. Fue inventado a mediados del siglo XIX, y los Estados Unidos con el Reino Unido lo apoyan para asegurarse el petróleo del Medio Oriente.

Y así siguió en su letanía de quejas conocidas y críticas recias durante buena parte del recorrido, mientras nosotros lo escuchábamos sin animarnos a ingresar en una franja de Gaza polémica.

Al llegar el taxista comentó:

–Estuvieron en el foro ese sobre la democracia, ¿no es cierto? Pura cháchara.

–No crea. Fue muy interesante –objeté.

–Nada, nada, pura habladuría.

Cuando sacábamos las maletas le dije que era periodista, que me gustaría incluir su punto de vista en mi artículo y si le importaba darme su nombre.

En el recibo lo apuntó con una sonrisa:

–Ahmed.

Es un nombre relativamente común y también el de Faruk Ali Ahmed, un yemenita detenido en Guantánamo.

Camino al mostrador consideré dos posibilidades: nuestro “Ahmed” es un ejemplo de la libertad de expresión que existe en Estados Unidos o, dos, es un recluta de Homeland Security, el Departamento de Seguridad Nacional creado desde el ataque terrorista del 9/11, y estaba midiendo nuestros reflejos.

Los periodistas conjugamos la paranoia profesionalmente. A la jueza Carolina Lizárraga, que también había asistido al Foro y estaba hospedada como nosotros en el Williamsburg Lodge, le dije que me extrañaba la aparente falta de seguridad dada la importancia de varios de los asistentes, entre ellos, el nuevo Secretario de Defensa, Robert Gates, cuyo último puesto público había sido el de director de la CIA.

También le comenté que mi pequeño radio receptor, con el que escucho las noticias al amanecer, sólo captaba débilmente una que otra emisora de música.

Carolina opinó que en el Lodge había más seguridad encubierta de la que uno notaba y lo de la radio podría deberse a un dispositivo que usan en Piedras Gordas, por ejemplo, para interferir las señales radiales.

También me llamó la atención el pase que nos dieron para entrar al gimnasio de la Universidad William and Mary, donde se realizó un diálogo sobre ‘El futuro de la democracia. Por qué importa’. En el dorso decía:

“No se permiten banderolas, pitos, coolers y armas en el recinto durante este evento”.

La Madre de todos los Foros

Ahora bien, ese Foro sobre el Futuro de la Democracia al que atendimos la semana pasada en Williamsburg seis peruanos *, entre 90 delegados extranjeros y 300 nacionales, fue, como hubiera dicho Saddam Hussein, la madre de todos los foros.

Marcaba el final de un programa de 18 meses para conmemorar la llegada hace 400 años de ingleses a Norteamérica, es decir, 13 años antes del arribo de los puritanos en el ‘Mayflower’ a Massachusetts.

En 1607 una empresa londinense de inversiones de riesgo llamada Virginia Co. había enviado a 144 hombres y niños en tres veleros para establecer un puesto comercial, no una colonia, en esa ignota comarca norteña de un continente al que los españoles llegaran con más de un siglo de anticipación.

Tocaron tierra en un punto de la bahía de Chesapeake –nombre por cierto indígena– que bautizaron como Jamestown, y tuvieron un encuentro inicialmente cordial con naturales cuyo grado de desarrollo se semejaba al de nuestras etnias amazónicas. Entre ellos estaba Pocahontas, de 10 años.

El asentamiento casi desaparece al poco tiempo gracias a una hambruna que mató a dos tercios de los europeos, y a la decepción de no encontrar oro y plata, como Francisco Pizarro.

El primer despacho marítimo de Jamestown a Inglaterra fue simplemente de madera, algo meritorio entonces porque en las islas británicas no quedaba virtualmente un solo árbol –como ahora sucede en ciertas zonas del Brasil– dada la demanda de combustible en esos preámbulos de la revolución industrial.

Después el producto de exportación primordial fue el tabaco, y a sembrarlo se dedicaron con tanto ahínco que se olvidaron del panllevar. Así chocaron con la tribu Chickahominy mientras el hambre apretaba.

No habían llegado con caballos como los conquistadores al Perú, pero sus “palos de fuego” impusieron respeto a medida que la población nativa era diezmada por enfermedades importadas.

Eventualmente Pocahontas se casó con uno de los colonos. Viajó con él a Londres, fue presentada en la corte y antes de cumplir los 30 años murió, posiblemente de sarampión.

En Jamestown hay una estatua de Pocahontas con el aspecto de una Bo Derek de tres metros y también un óleo en el que parece una tarmeña en día de fiesta.

La maqueta del fuerte de Jamestown da una idea de lo modesto de esos inicios.

¿Cómo es que de allí surgió entonces el imperio norteamericano actual?

El Fenómeno

Para discutir este fenómeno con pelos, verrugas y señales se desarrolló el Foro, y para conmemorar el encuentro se realizó todo ese programa previo que incluyó una visita de la reina Isabel II a Jamestown.

–El ánimo ha sido conmemorativo y no de celebración –dijo uno de los organizadores norteamericanos–, porque en nuestra historia hay ciertas cosas que no debemos celebrar.

Se diría que esa actitud, y la capacidad que tiene la elite intelectual norteamericana de revisar su realidad con un criterio abierto y descarnado, es uno de los secretos del extraordinario dinamismo de esa sociedad.

Asistir a ese Foro fue un ejercicio de hiperventilación histórica comparativa y lo único que se lamenta es que la extradición de Alberto Fujimori no se hubiera concretado a tiempo como para anunciarla allí.

Después de todo, el evento era de tal categoría que como copresidentes honorarios figuraban tanto el actual presidente George W. Bush como el ex presidente Bill Clinton, la baronesa Margaret Thatcher y el ex primer ministro Tony Blair.

La presidenta del Foro en sí fue la Honorable Sandra Day O’Connor, ex vocal de la Corte Suprema. Cuando la saludé le dije que las mujeres están capturando el Poder Judicial en el Perú.

–Es que las mujeres cobramos menos por el mismo trabajo –me respondió de buen talante.

Le tomamos una foto con la jueza peruana Jimena Cayo.

O’Connor fue congresista republicana por Arizona hasta que Ronald Reagan la nominó para la Suprema. Su trayectoria, sin embargo, demostró que no era de derechas.

O’Connor citó en la inauguración del Foro una advertencia de Bernard Shaw:

“La democracia es un sistema que asegura que no se nos gobernará mejor de lo que merecemos”.

Alguien también añadió una frase de Reagan:

“La democracia no es un deporte de espectadores”.

Esa misma ceremonia fue bendecida en nombre del “Gran Espíritu” por un representante de la tribu Chickahominy.

No era pues cuestión de perderse en ilusiones fáciles. ¡Si no lo sabemos en Latinoamérica!

La Democracia Deliberativa

En el primer panel figuraron tres historiadores notables y allí se marcó la esencia del ejercicio. El tema:

‘Desarrollando la Estructura de una Democracia Deliberativa. El Debate de los Fundadores’.

El mediador fue Jim Lehrer, un periodista “patológicamente neutral”, según la revista The New Yorker, famoso por su programa ‘Newshour’, que manejó la discusión en base a preguntas y respuestas, y advirtió que “interrumpiendo es como me gano la vida”. Y de allí en adelante fue “¿qué piensas de esto, Joe?”, “¿y tú, Hunter?”, “¿estás de acuerdo, Gordon?”.

Ahora bien, el Joe al que se dirigía era el Dr. Joseph Ellis, el autor de ‘La esfinge americana’ entre muchos otros libros, y una suerte de Basadre especializado en el nacimiento de la república norteamericana.

En el Perú llamamos ahora con cierta sorna “padres de la Patria” a los congresistas. En Estados Unidos se llama con alguna unción “Padres Fundadores” a 10 ** de los personajes que en 1776 se reunieron en Filadelfia para plasmar la Declaración de la Independencia y en 1787 para formar, con algunas ausencias, la Convención Constituyente.

La Declaración de la Independencia se basó en un texto inspirado de Thomas Jefferson, y en setiembre de 1787, después de una década de debates dispersos, los Padres y otros 34 representantes redactaron en 100 días y adoptaron la breve Constitución de los Estados Unidos. Allí la figura tutelar fue James Madison.

Actualmente la Declaración de la Independencia es leída tres veces al día en el cabildo de Williamsburg y su facsímil se puede comprar en cualquier drugstore por US$ 3.95.

La Constitución sigue siendo la misma, convirtiéndose así en la más duradera de la historia. Pero ha registrado 27 enmiendas, algunas sustanciales; la última en 1992, ratificando una propuesta hecha 202 años atrás.

El sistema ha funcionado, señalan, porque la Constitución estableció un marco flexible y se concentró en principios básicos.

Después, sus primeras 10 enmiendas se refirieron a la Declaración de Derechos Ciudadanos (Bill of Rights).

Ellis también anota que, a diferencia de otras naciones, que nacieron de leyendas como la de Rómulo y Remo, el rey Arturo o, para tal caso, Manco Cápac y Mama Ocllo, los fundadores de Estados Unidos eran hombres de carne, hueso y no pocas discrepancias.

Y a diferencia de muchos de nuestros próceres, no había personajes omnímodos.

Algunos de ellos eran gobernadores de colonias que después se convirtieron en estados, y al principio estaban confederados en una forma suelta, como lo está la Unión Europea actualmente.

También fueron pragmáticamente imprecisos. Cuando George Washington llegó a la primera presidencia en 1789 bien pudo haber creído que el cargo era de por vida, casi como un rey.

Sin embargo, al finalizar su segundo periodo en 1797 fue reemplazado por John Quincy Adams, y desde entonces el cronograma no ha fallado: periodos de 4 años con la posibilidad de una reelección y punto.

Con ojos implacables, académicos como Ellis son, a su vez, irreverentes al señalar las contradicciones y pugnas de los Padres Fundadores, que en muchos casos se sucedieron en la presidencia (o en la vicepresidencia, ya que al principio ese puesto, aunque parezca hoy absurdo, era asignado al perdedor).

Las elecciones de 1800 entre el federalista (o actualmente demócrata) Adams y el republicano Jefferson fueron particularmente turbias, y le hubieran dado municiones a nuestro taxista palestino aunque ambos candidatos fueran de singular categoría: Adams era presidente de la Sociedad Científica de los Estados Unidos y Jefferson de la Sociedad Filosófica.

Jefferson, quizás la figura más renombrada del Olimpo norteamericano, contrató los servicios de un periodista de infame reputación para atacar a su rival y amigo Adams. Después ganó las elecciones en base a negociar entre bambalinas los votos colegiados de Nueva York.

La utopía republicana descentralista de Jefferson consistía en crear una arcadia pacífica sin un gobierno federal fuerte, sin fuerzas armadas sino milicias voluntarias, sin diplomacia y orientando sus relaciones internacionales exclusivamente por el comercio.

Como presidente, sin embargo, adquirió de Napoleón el territorio de Luisiana, un área más grande que el Perú, y convirtió a los Estados Unidos en uno de los países más extensos del mundo.

A su vez, Madison, aliado de Jefferson, debió sacrificar su idealismo republicano en la presidencia al declararle en 1812 la guerra a Gran Bretaña, por los constantes conflictos marítimos.

Varios de los Padres Fundadores seguían admirando a Gran Bretaña, país que con un tercio de la población de Francia era la primera potencia mundial.

Esas simpatías, sin embargo, no evitaron que las tropas inglesas llegaran hasta Washington y, dada la inexistencia de un verdadero ejército local, quemaran la Casa Blanca, el Congreso, su biblioteca y otros edificios públicos.

Después de ese episodio los federalistas cobraron fuerza pero su pugna con los republicanos tuvo un episodio singular el 4 de julio de 1826, al cumplirse el Cincuentenario de la Independencia.

Jefferson murió a los 83 años, en su mansión Monticello de Virginia, mientras se leía en Washington un último discurso suyo en el que decía que “el hombre nació sin montura en la espalda”. Adams falleció ese mismo día en Massachusetts preguntando: “¿Jefferson vive?”.

¿La Democracia está Resultando?

El Foro en Williamsburg siguió con otros temas como ‘¿Hemos preservado la fe de los Fundadores? ¿Está resultando?’

David Brooks, columnista del New York Times, exclamó:

–¡Qué preguntas! De Washington, Adams, Jefferson y Madison hemos pasado a Bush, Cheney y Alberto Gonzales (el recién renunciado fiscal de la nación que, de paso, estaba presente). Cuánto hemos caído, aunque seamos un imperio.

Joan Brown Campbell, de la Iglesia Discípulos de Cristo, expresó, a su vez, su preocupación por la degradación del debate político contemporáneo:

–Jefferson dijo que, de todos los derechos, el de la prensa es el fundamental, pero veamos: Lincoln hubiera sido un fracaso en la TV. No sólo por su aspecto sino por el lenguaje que usaba, que era ininteligible para las mayorías.

Brown Campbell consideró también que la educación pública de los Estados Unidos está traicionando a los Fundadores, aunque la independencia del Poder Judicial, piedra de toque de la Independencia, sigue siendo una roca. En Estados Unidos no se puede remover a un juez.

Ponerse Fuerte

Al volver a revisar el futuro de la democracia en un mundo convulsionado, Lawrence Eagelburger, ex Secretario de Estado de Bush padre, dijo que había que “ponerse fuerte” (get tough), porque “nos arrepentiremos hasta el fin de nuestros días si por allí estalla finalmente una bomba atómica”.

No explicó la naturaleza de la fuerza adicional que proponía desplegar.

En este panel estaba Ali Ansari, director del Instituto Iraní de la Universidad de St. Andrew’s, Escocia, quien no se dio por aludido.

Al tratarse el tema del ‘Terrorismo y Seguridad’ alguien repitió la frase “kill or capture” (matar o capturar).

Como peruanos tuvimos ocasión de mencionar que, si bien esa consigna podría haber repercutido en el Oeste de los cowboys, no funcionaba en el Medio Oriente. También dijimos que en el Perú se avanzó contra la violencia sediciosa cuando se entendió que mejor era el terrorista capturado que el muerto.

Nos faltó tiempo para añadir que aquí apresamos a nuestro Osama bin Laden con vida, lo que fue una gran cosa porque el “acuerdo de paz” que eventualmente firmó destruyó a Sendero por dentro.

Asignatura Final

De las asignaturas restantes (‘Protegiendo la libertad religiosa y los derechos de las minorías’, ‘Mercados Mundiales y Democracia’, etc.) las que llamaron mucho la atención fueron las advertencias finales y apocalípticas de Frank Tugwell al tratar ‘Democracia y desarrollo sustentable’.

Tugwell sabe de lo que habla. Es el presidente de Winrock International, una organización sin fines de lucro que se dedica a estudiar el medio ambiente y el desarrollo rural.

–Se viene una verdadera catástrofe –dijo Tugwell– si no cambiamos los paradigmas de nuestro desarrollo y consumismo.

Ya el mundo registra una grave degradación de la tierra cultivable.

Estamos en el tramo final de 10,000 años de agricultura.

Desde 1960 un tercio de la tierra agrícola de los Estados Unidos se ha perdido y el 60% de los ecosistemas del mundo han sido afectados.

Mientras tanto, la población crece. Según las Naciones Unidas, de 6,400 millones pasaremos a 8,000 millones en los próximos 25 años y habrá una persona por acre cultivable.

Para Tugwell la opción del combustible “verde” es insostenible y hay que buscar otras alternativas en la energía solar, la eólica y las hidroeléctricas pequeñas.

–Allí hay muchos recursos –dijo– pero es necesario actuar rápido.

Acentuar el control de la natalidad, emplazar reglamentos severos y estimular la investigación tecnológica se vuelve imperativo.

–El embargo petrolero de la OPEP de 1973 –consideró– fue positivo. Demostró que ante desafíos frontales las industrias pueden reaccionar.

¿Primero Democracia o el Desarrollo Económico?

Con esa nota la discusión sobre lo que viene primero, la democracia o el desarrollo económico, quedó algo relegada.

Para muchos de los extranjeros presentes en el Foro del Futuro de la Democracia, decir que el desarrollo económico viene primero significa condenar a países del otrora Tercer Mundo a la dictadura.

Significa, además, negar la espectacular experiencia estadounidense, una república esencialmente democrática que hasta la aparición del comunismo bolchevique como rival ideológico, fue la primera en reconocer a los regímenes surgidos de otras revoluciones, como la francesa y hasta la de Alexander Kerensky, que derribó al zarismo.

Pero si el mundo se va a acabar, ambas opciones se ahogarán en el escape de un taxi. (Enrique Zileri)

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*Junto con la Defensora del Pueblo Beatriz Merino viajaron el periodista Augusto Álvarez Rodrich, las juezas Jimena Cayo y Carolina Lizárraga, el constitucionalista José Luis Sardón y el suscrito.


**En orden alfabético, John Adams, Samuel Adams, Benjamín Franklin, Alexander Hamilton, Patrick Henry, Thomas Jefferson, James Madison, John Marshall, George Mason y George Washington.


 


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