Actualidad Tras el fallo histórico, Fujimori llegó a Lima con chaleco antibalas y visiblemente demacrado.
Registro Exclusivo: El Retorno Y Sus Efectos (VER)
 |
Sábado 22, 5.12 p.m. Fujimori es recibido en la DIROES. |
–¿Alguna duda, ingeniero?
–¿Me van a enmarrocar?
El director de la Policía, general David Rodríguez Segeu, notó desencajado a Alberto Fujimori.
–No, eso no ocurrirá –lo tranquilizó.
Era el mediodía del sábado 23. El ex presidente y el general se encontraron en la Base Aérea 10 de Santiago de Chile. Poco antes un helicóptero de la Policía chilena recogió al extraditable de la hacienda Chicureo. En la base aguardaba un avión Antonov 227 de la Policía Nacional del Perú. Fujimori llevaba dos maletas de mano. Antes de abordar preguntó si su guitarra acústica había sido embarcada. La respuesta fue positiva.
Poco conocida es la afición musical de Fujimori. Según su hija Keiko Sofía, la guitarra le sirve para acompañarse en las tonadas que más le gustan: las baladas de la década del setenta.
El Antonov hizo dos escalas técnicas para abastecerse de combustible: una en Antofagasta y la otra en el aeropuerto FAP ‘Carlos Ciriani’ de Tacna.
En Antofagasta entró al baño. Los precavidos oficiales peruanos notaron un gran ventanal abierto. En Tacna se cargó un balón de oxígeno de buen tamaño. Según fuentes informadas, el ex presidente consumió casi dos de los pequeños en el primer trayecto. Su condición de hipertenso ya se manifestaba.
Durante el vuelo, Fujimori preguntó qué tipo de acceso tendría la prensa. Se evitaría su “exposición”, le informaron. Poco antes de aterrizar en la Base Aérea de Las Palmas, a las 4:38 p.m., le dieron un chaleco antibalas para que se lo pusiera bajo su abrigo negro. La Dirección de Inteligencia de la Policía (Dirin) recibió informaciones sobre un presunto plan de Sendero Luminoso para asesinar a Fujimori. Por eso le redoblaron la seguridad.
Fue descartado el plan para llevarlo por tierra a la Dirección de Operaciones Especiales (Diroes) en Ate-Vitarte, debido al previsible pandemonio que ocasionaría, y se echó mano a un helicóptero ruso M-17 en el que llegó a las 5:12 de la tarde.
El perímetro del cuartel de la Diroes fue rodeado por francotiradores y efectivos de la Unidad de Servicios Especiales (USE).
Entonces llegó a su lugar de reclusión y fueron captadas las fotos publicadas en las páginas precedentes.
El lugar común de la imagen que vale más de mil palabras vuelve a cargarse de valor. A su salida de Santiago, Fujimori se hizo filmar y fotografiar en medio de una despedida sentida pero sin dramas. Besó en la mejilla a una pequeña vecina que lo acompañó hasta la salida, abrazó a su hija Sachi Marcela y sonrió con sus maletas a la entrada de la casa.
Trascendió que porciones del viaje también habrían sido filmadas. Así lo hizo hace casi dos años en el vuelo de Tokio a Santiago y las imágenes fueron después repartidas a la prensa. El mensaje a sus partidarios luego de conocer la decisión de la segunda sala de la Corte Suprema de Chile, que lo extraditó al Perú por siete de los doce cuadernillos enviados por el Estado peruano, fue otro ejemplo de su obsesión por transmitir la impresión de manejar las situaciones más difíciles con el pulso de un samurai. Fue la marca registrada que también pretendió capitalizar en su frustrada, e inverosímil, candidatura al Parlamento japonés.
Las fotos de la presente edición fueron registradas cuando no esperaba cámaras y su gesto contrito lo dice todo.
Ya en la Diroes, Fujimori fue recibido por el ministro del Interior, Luis Alva Castro, al que agradeció las condiciones asépticas del viaje. También se sometió a un primer chequeo médico por parte del jefe del Instituto de Medicina Legal (IML), Luis Bromley. Se descartaron problemas neurológicos, cardiovasculares, respiratorios y urinarios. El ex Presidente alegó que estaba bien y no tenía molestias.
Esa misma tarde, a eso de las cinco y cuarenta, el fiscal provincial de turno Fidel Castro Chirinos le tomó las generales de ley.
–Señor Fujimori, ¿cómo lo ha tratado la Policía?
–Muy bien, no tengo quejas.
El fiscal le preguntó si sus derechos habían sido respetados y contestó que “todo bien, hasta ahora”. Castro Chirinos le pidió abrir sus dos maletines. Contenían ropa, objetos de uso personal, tabletas de diazepán, gaseovet y de vitamina C y un libro: “Fujimori vuelve (autor Alberto Fujimori)”, según el acta fiscal.
–La guitarra se queda conmigo, pero la filmadora se la pueden entregar a mi abogado –pidió.
Los primeros procedimientos oficiales culminaron a las 8:30 p.m., cuando el jefe de la Oficina de INTERPOL-Lima, coronel PNP Arturo Barraza, entregó oficialmente al detenido al jefe de Requisitorias, coronel Jesús Alpaca. Recién entonces Fujimori recibió la visita de su hija Keiko. Cenaron pollo a la brasa, papas fritas e Inca Kola light.
Esa noche, Fujimori no pudo conciliar el sueño. Se levantó varias veces de la cama y dio vueltas como sonámbulo por el comedor contiguo a su habitación. Sus medicinas fueron requisadas porque, tal como lo describió el presidente del INPE, Gustavo Carrión Zavala, no es permitida la automedicación. Santiago Fujimori contó a CARETAS que para el martes 25 ya se había asignado una enfermera que le “dosificaba” los medicamentos.
El domingo recibió la primera visita de Carrión Zavala. Según la versión del INPE, Fujimori se mostró a gusto con el ambiente de 190 metros cuadrados que será su prisión por tres semanas. Sin embargo, pidió ser examinado porque dijo que le dolía la garganta. Un segundo examen médico arrojó “hipertensión arterial controlada, bronquitis y dispepsia (acidez)”. Se le recomendó una dieta moderada, pero esa noche el ‘Chino’ y sus familiares cenaron chifa, wantán frito incluido.
Fujimori se viene adaptando a su peculiar reclusorio. No tiene televisión ni radio, pero por las mañanas lee. Doce policías en tres turnos lo custodian directamente. El ambiente –que pertenece a la Jefatura del Estado Mayor de la Diroes– está rodeado por dos anillos de seguridad con 50 efectivos. Un tercer anillo, de 45 policías, completa la vigilancia. En puntos estratégicos del cuartel aguardan francotiradores prestos a intervenir en situaciones límite.
Los dos primeros días, no se asomó al patio de 100 metros cuadrados al lado de su habitación. De nuevo, en la versión del INPE, manifestó sentir frío. Santiago Fujimori sostiene en cambio que le advirtieron que su “ámbito” se limitaría a la habitación.
Ese desencuentro, sumado al de las medicinas y las quejas por el régimen de visitas, motivó la denuncia penal de los fujimoristas contra Carrión. Poco se les podría cuestionar, a pesar de ello, a las características del lugar.
La respuesta del INPE fue inmediata: Fujimori podría recibir la visita de cuatro familiares directos dos veces a la semana y por cuatro horas. Deberá estudiar y trabajar cuatro horas al día como mínimo porque, de lo contrario, su derecho a las visitas se verá restringido. Ya cuenta con códigos penales en el ambiente. No se precisó si los congresistas de su bancada pueden ingresar a la hora que se les ocurra o si estarán sujetos a un régimen de visita especial. El congresista Fujimori se ha quejado por no ser considerado en la categoría de “familiar directo”, al parecer reservada solo para los hijos.
La noche del martes, Keiko y seis parlamentarios lo visitaron. Esa misma mañana se había animado a salir unos minutos. Mostró su interés en ejercitarse cada mañana con caminatas y estiramientos musculares. A uno de sus custodios le comentó que era una lástima que la Diroes no cuente con un campo de golf para matar el rato. Pasado el impacto inicial parece haber recuperado su peculiar sentido del humor.
En el ambiente del Congreso, por el contrario, las bromas escaseaban. Al inevitable drama humano del extraditado se añadía el del nuevo balance político.
Las duras palabras de Keiko Sofía del lunes 25, en las que acusó al presidente Alan García de haber “destrozado” el país, no auguraban más buenas migas con el oficialismo.
Aquietando las aguas, según Santiago Fujimori la buena relación entre la bancada de 15 fujimoristas y el gobierno no tendría por qué cambiar.
El martes 25, en la comisión de Fiscalización se libró un primer e inesperado asalto. Se discutía la aprobación de un cuestionable proyecto de Ley, enviado por el Poder Ejecutivo, para suspender por 60 días las facultades de control previo y simultáneo de la Contraloría General de la República en las localidades del sur afectadas por el terremoto (CARETAS 1991).
El proyecto había sido devuelto por el Congreso al Ejecutivo, pero éste insistió y lo envió de nuevo. Renzo Reggiardo cuestionó duramente la presentación de Javier Velásquez Quesquén, quien sustentó la norma, y a pesar del poco afecto que el fujimorismo profesa por el contralor general Genaro Matute, Reggiardo consideró que la aprobación de la norma podría dar origen a más irregularidades, como la denuncia del Seguro Integral de Salud.
Reggiardo votó junto a congresistas nacionalistas y upepistas por el archivamiento definitivo de la norma. Sólo Mauricio Mulder y Velásquez Quesquén votaron a favor. Al final Velásquez le dijo a Reggiardo que esto formaba parte de una represalia por el caso Fujimori. Le respondió: “el día de la interpelación a Luis Alva Castro vamos a dar una lección de compromiso político”.
La figura de abstenerse, en el caso de los fujimoristas, se iba perfilando (ver Mar de Fondo).
“Esto es solo una muestra del enfrentamiento que puede darse en otras comisiones”, dice una fuente de Alianza por el Futuro. “Nuestra estrategia es victimizar a Fujimori”, reconoce. “La del APRA es lo contrario. Y es evidente que este enfrentamiento se podría prolongar”.
Si el divorcio termina por concretarse, en el APRA apuntan a tender puentes con el ala de Aldo Estrada en UPP y con ciertos parlamentarios de Unidad Nacional.
No es moco de pavo. Durante la legislatura que presidió Mercedes Cabanillas el fujimorismo sirvió como soporte al APRA para contrarrestar la presión de votos de UPP y el PNP. Algunas leyes importantes conseguidas con ese auspicio: las addendas del TLC con los Estados Unidos, el programa de Sierra Exportadora y la ley de Carrera Pública Magisterial.
“Si se ponen duros”, reflexiona una alta fuente del gobierno, “solo conseguirán chocar. No se puede ceder al chantaje. Yo los combatí por corruptos en su momento y ahora no vamos a bajar los guantes”.
La histórica situación de un ex presidente enfrentado a los tribunales podría corregir el mapa político del país. De un lado se libra una efervescente puja por el poder. Del otro queda una guitarra, algunos libros y todo el tiempo del mundo para pensar.